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A los 14 años María Teresa Canizales dio a luz al primero de sus 18 hijos. Lo tuvo sola por miedo, recuerda ahora a sus 83 años. 

“No quería ir al hospital, pero aprendí de mi mamá a ser valiente”, dice Canizales, una partera de antaño y quien tiene en su hoja de vida el haber traído al mundo a unos 100 bebés. 

Antes de dar a luz a su primer bebé estaba pendiente de la luna: “Empecé a alistar las cosas, el fuego de leña donde uno calienta el agua para bañar al niño en cuanto nace, la tijera para cortar el ombligo y sobre todo mi tijera de lona con sábanas limpias”.

“Uno prepara todo, yo mantenía mi botellita de licor Santa Cecilia, el más fuerte, me echaba en los brazos, las manos y me echaba mis taconazos para agarrar fuerza, luego empezaba el trabajo de parto, la mujer puja sola. Uno solo está viendo nada más y cuando ya está cerca la cabeza del bebé empezaba a sobarle la barriga a la mujer y le daba un trago de guaro con miel y así rápido salía el niño”, añadió. 

A la última mujer a la que ayudó a parir fue a su nieta, de nombre Maryuri Canizales, de 33 años, quien tuvo a su hijo sin complicaciones en el interior de la casa de su abuela. Luego de esto el personal del Minsa en Diriamba, su ciudad  natal, la visitó a su casa. “Vinieron a preguntarme todo lo referente al parto,  me dijeron que tenía que recibir una charla para seguir parteando a las mujeres, pero les dije que estaba retirada porque estoy enferma de mi columna y ya no tengo fuerzas en las manos para recibir a un niño, así que ya no puedo seguir en esto”.    

En León todavía muchas mujeres son asistidas por parteras durante el embarazo y al momento del parto. 

En 2015 las autoridades de salud capacitaron a más de 45 parteras, pero según el registro oficial existen alrededor de 480 en el departamento, así como unas 250 consejeras en lactancia materna.

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María Mercado Núñez, 89 años, es una de las parteras que asiste a las embarazadas que acuden a su vivienda. Ella asistió a una capacitación del Minsa.

Mercado es originaria del barrio Sutiaba, en León, y tiene casi 50 años de dedicarse al oficio de partera. A los 25 años y de manera empírica, empezó a desempeñarse como auxiliar de enfermería en el consultorio privado del doctor Carlos Irigoyen, en Managua.

“A mis 30 años ya había adquirido muchos conocimientos, había asistido muchos partos en el consultorio, retorné a León y desde entonces comencé a brindar mis servicios de partera, tanto en mi casa como a domicilio. He atendido más de 1,000 partos”, dijo Mercado.

Asegura que en su barrio al menos 150 personas nacieron bajo su atención. “Ha sido una experiencia muy linda, ayudé a muchas mujeres a traer a sus hijos al mundo, incluso atendí varios partos de gemelos y al menos cinco partos complicados, fueron casos pésimos, los niños venían atravesados”, relató.

El prestigio que acumuló durante todos estos años es tan grande que a pesar de su edad aún acuden embarazadas en busca de atención. Su hija, Teresa del Socorro Martínez, de 62 años, también aprendió el oficio de partera y cuenta con credencial de las autoridades de salud porque ha asistido a distintos cursos de capacitación.

Menos atenciones

De acuerdo con Teresa del Socorro Martínez, en la actualidad las parteras atienden menos partos en comparación con hace 50 años.

“Las cosas han cambiado mucho, ahora hay centros de salud en muchas más comunidades, hay más médicos y la tradición familiar de acudir donde una partera ha disminuido, sobre todo en el área urbana, sin embargo muchas embarazadas del área rural son atendidas en Casas Maternas y luego paren en el hospital”, dijo.

De su mamá aprendió la mayoría de lo que sabe: inyectar, limpiar los instrumentos, atender al recién nacido, los cuidos postparto y la higiene.  -Juana Francisca Chavarría-

De acuerdo con Martínez, las parteras juegan un papel primordial en la atención primaria a las embarazadas.

“Han ocurrido partos repentinos en algunas viviendas y han acudido a nosotras para cortar el cordón umbilical del recién nacido”, contó.

En Sutiaba también está Rosa Bolaños, comerciante y partera. “Este año solo he atendido dos partos en la comunidad rural de Sutiaba, las embarazadas están acudiendo a los centros de salud y optan por parir en los hospitales, pero siempre se atienden casos de emergencia porque hay mujeres que se resisten a salir de sus viviendas y paren en sus casas”, señaló.

A Isabel Guzmán la conocí en Juigalpa como Chabelita. Ella dio a luz a sus ocho hijos con ayuda de una partera y tiene 44 años desempeñándose en este oficio.

“A veces las mujeres se me acobardan y yo les digo: no mi niña esto es así… Les doy un té de guanábana cuando tienen dolor para que el parto sea más rápido”, dijo.

Empezó en esta labor cuando trabajaba en la casa del ginecólogo Ulises Huete (q.e.p.d.), a los 24 años. “Trabajaba haciendo la limpieza, pero él (doctor Huete) me llamaba para que le ayudara a la hora del parto de alguna paciente, después me fue gustando”. 

El primer parto que asistió sola fue el de una sobrina suya que dio a luz a su primer hijo hace 44 años. “Me paguen o no me paguen yo las atiendo. A veces me dan C$300, pero esa es voluntad de cada quien”, relató.  

Cuando el bebé viene en una posición complicada ella misma las lleva al hospital. “Y cuando vienen más de dos niños no las atiendo porque son casos delicados”. 

Desde hace un año no ha atendido partos porque el Minsa se lo prohibió.

Una matrona    

A sus 104 años la reconocida partera Juana Agripina Arias, oriunda de la comunidad indígena de Veracruz, en Rivas, continúa atendiendo a embarazadas, pero ahora solo para ayudarles a saber el sexo del bebé. 

Sin salir de su cama, donde pasa la mayor parte del día, recordó varias anécdotas. 

“Te puedo asegurar que soy la matrona de muchos chavalos que ahora son padres y abuelos, pero se me perdió la cuenta”, dijo.

Aseguró que no conoció las  aulas de clase y que en su juventud se caracterizó por mantener una vida alejada de vicios. Estuvo  ligada a oficios relacionados con el campo, el comercio y a prestar el servicio como la  sobadora, curandera y partera.

“Gracias a Dios ninguna mujer se me complicó en los partos, ni sus criaturas”, comentó.

Para evitar complicaciones durante el parto les daba de beber un té compuesto por hojas de quelite, guanábana y canela.

Las plantas medicinales también eran su base fundamental para atender a niños y adultos que llegaban a su humilde casa de adobe y techo de paja en busca de curar diversos malestares.

“El oficio de partera lo aprendí chavala cuando servía de ayudante a otra matrona y me gustó. El ultimó parto lo atendí hace siete años  con una bisnieta que dio a luz a uno de mis tataranietos, pero todavía me buscan para que sobe y les diga a la panzonas qué va a tener”, precisó la anciana, quien perdió la vista.

En Rivas la mayoría de parteras ya no trabaja en ese oficio.  Juana Francisca  Chavarría, de 86 años, era ahijada de la directora del hospital  y cuando tenía 14 años llegaba a este centro asistencial a pegar botones  al área de  sastrería.

-María Mercado y Teresa Martínez-“Aprendí para ayudar a las mujeres de las comunidades lejanas de Tola porque en esos años no andaban detrás de las panzonas y todo mundo prefería tener sus hijos en casa”, recordó Chavarría.

A su edad aún continúa asistiendo partos en su casa ubicada en la comunidad Nancimi, del municipio de Tola.

“Aquí tenía camas listas para atender a las embarazadas. Unas pasaban hasta tres días. Atendí partos de gemelos, de sietemesinos, pero en los últimos años, la demanda de las parteras ha disminuido  porque ahora todo es el hospital”, relató.

Ana Dolores Mata de 60 años también es una reconocida partera de la comunidad indígena de Veracruz, en Rivas.

Las matronas rivenses aseguran que hasta perdieron la cuenta de los bebés que recibieron en sus brazos y recuerdan que utilizaban  plantas medicinales para aliviar los dolores o acelerar los nacimientos. Algunas han recibido cursos en el Minsa, institución que les recomienda remitir los partos de alto riesgo al hospital de Rivas. 

“Algunas mujeres preferían tener sus hijos en cuclillas sobre el suelo, otras en la cama y cuando se detecta los dolores previos al  parto se les recomienda caminar y bañarse. Lo más complicado de esto son los niños que vienen de pie o a los que se le enrolla el ombligo en el cuello”, explicó Mata.

En la comunidad de Río Grande, del municipio de Rivas, la partera Cándida Ponce, de 72 años, también dijo adiós a este oficio y  al igual que el resto se dedica a curar a niños que llegan con empacho, congestión u otras molestias. 

 “Algo que nos han enseñado es ver la posición en que viene el bebé  y si es de pie o sentado  nos recomiendan mandar a la mujer al hospital, e igual orientación  ocurre en casos de pacientes que presenten presión arterial alterada, e infección renal,  hemorragia”,  explicó Alida Espinoza,  del municipio de Buenos Aires.

Aumentarán la red comunitaria en Chinandega

Reinvención. Socorro Munguía, originaria de la comarca Guanacastal, en el municipio de Chichigalpa, tiene programado su quinto parto. Los primeros tres fueron asistidos por la partera de la comunidad, Rufina Chávez, quien le ayudó a centenares de mujeres de esa localidad.

“Esta vez Chávez me recomendó ir al hospital, porque en este embarazo tengo problemas de presión alta y anemia” dijo, mientras esperaba en la Casa Materna Refugio Belén, que recibe a mujeres que tienen complicaciones en sus partos y habitan en los 13 municipios del departamento.

El número de parteras fue creciendo por el relevo generacional. Jerónima Dávila Cruz tiene 33 años de trabajar para el Ministerio de Salud en Somotillo y manifiesta que en el norte de Chinandega las parteras tienen un rol de trabajo en las casas maternas.

En Somotillo hay 22 parteras, cuyo trabajo es muy importante porque ellas dan consejería, asisten el parto de las embarazadas del área rural y acompañan a quienes se les complica la labor, una vez que son remitidas al centro de salud o al hospital.

La doctora Cruz Cano, delegada del Silais de Chinandega, declaró que están por organizar una nueva capacitación de recursos para fortalecer la red comunitaria, compuesta por parteras, brigadistas y personal de salud.

“Actualmente el departamento de Chinandega cuenta con 357 parteras distribuidas en los 13 municipios, el objetivo del Ministerio de Salud es extender aún más la cobertura de parteras teniendo hasta la fecha capacitadas 61 parteras nuevas en este semestre en cuidados de la mujer durante el embarazo, parto y puerperio, cuidados del recién nacido, lactancia materna y estrategias de planificación familiar”, dijo la funcionaria.

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