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En la clase de Historia de Nicaragua, el investigador del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (Ihnca) de la Universidad Centroamericana (UCA), Juan Pablo Gómez, se ha encontrado con estudiantes que ubican a Augusto C. Sandino en el proceso de independencia que se celebra en estas fechas. 

Gómez considera que esas confusiones obedecen al modelo de enseñanza de la historia en Nicaragua. 

A su criterio, una de las grandes debilidades es que se concibe la enseñanza de la historia como una disciplina que estudia eventos del pasado sin reflexionar sobre las posibilidades y desafíos del futuro. Otra es que se relaciona íntimamente las nociones de historia con las de patria, sobre todo en estas efemérides.

“Cometemos el error de relacionar la historia con la historia patria y eso es problemático porque el modelo de utilidad que brinda la enseñanza de la historia patria se basa en una narrativa del pasado que consiste en perfilar las acciones de un conjunto de héroes, predominantemente hombres, que realizaron hechos que orientaron a la liberación de sus sociedades”, sostiene.

En septiembre es cuando más se evidencia cierto desconocimiento de la historia de parte de los estudiantes. Muchos confunden las fechas patrias con otros acontecimientos históricos ¿a qué cree que se debe?

Efectivamente cada mes de septiembre emerge nuevamente la pregunta alrededor de la enseñanza de la historia y el para qué de la misma. Cometemos el error de relacionar la historia con la historia patria y eso es problemático porque el modelo de utilidad que brinda la enseñanza de la historia patria se basa en una narrativa del pasado que consiste en perfilar las acciones de un conjunto de héroes, predominantemente hombres, que realizaron hechos que orientaron a la liberación de sus sociedades. Es un relato sumamente limitado, centrado en el protagonismo de unos hombres y que deja por fuera las acciones, la vida y el protagonismo de otros sectores de la sociedad como las mujeres y las clases bajas.

La inquietud por la historia en el mes de septiembre de cada año es sintomático de una sociedad que ve la historia anudada al concepto de patria. 

La idea de patria, en Centroamérica, implica una narrativa criolla y patriarcal que desdeña y excluye a las ciudadanías indígenas y afrodescendientes. Como te mencioné, este concepto de historia refuerza o trabaja al servicio de culturas políticas autoritarias, basadas en liderazgos masculinos y blancos. 

El anudamiento historia y patria invita a la transmisión de un pasado congelado, cerrado, monumentalizado. En contraposición a ello, el reto es pensar una historia abierta, preocupada por localizar procesos y problemáticas y por analizar la riqueza que las mismas contienen. Es la historia al servicio del futuro. 

¿Qué pasa cuando ese modelo excluyente de historia se traslada a la enseñanza de la misma?

Al reproducir ese relato excluyente en las futuras generaciones, los estudiantes lo que hacen es memorizar esos acontecimientos, naturalizar los modelos heroicos y convertimos a la historia en un ejercicio de repetición de acontecimientos que están congelados en el pasado.

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¿Qué debería ser lo correcto?

Se debe analizar el pasado para tratar de comprender por qué estamos como estamos. En ese sentido, tenemos una visión distinta pedagógicamente hablando: los estudiantes vienen a clases no a memorizar hechos sino a comprenderlos y comprenderse a sí mismos dentro de sus sociedades. 

Por ejemplo, ¿cómo explicamos que vivamos en el segundo país más pobre de América Latina?, ¿cómo explicamos que en la segunda década del siglo XXI sigamos siendo una sociedad profundamente autoritaria? La enseñanza de la historia juega un papel muy importante para poder comprender eso y para sensibilizar desde la historia escolar y universitaria sobre la sociedad de la que forman parte.

Pero la historia no solo permite una comprensión del presente, la preocupación de la historia tiene que ver con el futuro. Si vos te das cuenta, la narrativa de la historia que difunden los medios de comunicación en meses como este, está primordialmente orientada hacia el pasado: se muestra qué hicieron los héroes independentistas, quiénes fueron los que protegieron la soberanía del país, entre otras preguntas… Es clásico de los meses de septiembre hacer suplementos donde sale la gesta heroica de cada una de estas personas. 

¿Qué pasaría si tuviéramos una enseñanza de la historia orientada hacia el futuro?

Una historia orientada hacia el futuro tiene otra metodología. Por un lado, ve hacia el pasado analizando cuáles son los desafíos que tenemos como sociedad hacia el futuro; y por otro lado, interroga el pasado y trata de desnaturalizarlo. Retomando el ejemplo de los modelos heroicos, nos preguntaríamos cuáles son las condiciones por las cuales una sociedad necesita figuras heroicas. 

Se trataría de interrogar de otra manera al estudiante, no es decirle que vayan a buscar qué fue lo que hizo Andrés Castro o los demás, sino que se buscaría la respuesta a por qué razón se necesita un héroe y además por qué un hombre y a qué finalidades de poder responden esas figuras. Se cuestionaría también en qué medida la memorización de las figuras heroicas tiene alguna relación con los procesos de autoritarismo que todavía seguimos viviendo.

¿Cuáles son las principales debilidades de la enseñanza de la historia en el país?

Creo que si tenemos un sistema de educación en crisis, difícilmente tendremos una enseñanza de la historia exitosa. Una debilidad es la falta de profesionalización del ejercicio de la historia en el país. Además está el concepto que reproducimos de historia, también creo que otra debilidad es la relación tan íntima que existe entre historia y poder que hemos reproducido como sociedad. La enseñanza de la historia se ve como una herramienta política para legitimar ciertos gobiernos. 

Pero eso no es algo nuevo...

En absoluto. Desde los primeros libros de historia de Nicaragua del siglo XIX, como los de Tomás Ayón o José Dolores Gámez, estuvieron abocados a legitimar ciertas finalidades y narrativas de poder.

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¿Usted cree que la metodología de la enseñanza de la historia no es la correcta?

En la medida en que no cambiemos el concepto de historia que tenemos, la metodología seguirá reproduciendo esos problemas. En términos metodológicos quiero señalar que existe el reto de ver la historia más como proceso y menos como algo cronológico. 

Con el ejemplo de los héroes la metodología cronológica naturaliza a los modelos heroicos de sociedad. En cambio, la visión de proceso se pregunta cómo es posible que ciertas identidades heroicas emerjan en ciertos contextos y procesos políticos específicos. Cuando se interroga en torno a proceso se cuestiona la realidad social y no se mira como algo congelado sino como algo abierto y por lo tanto la historia siempre puede cambiar.

¿Existen diferencias entre las universidades y las escuelas en la forma de abordar la historia?

Los estudiantes en la universidad desarrollan una capacidad analítica mayor. Definitivamente se necesita construir una visión distinta. En la universidad se supone que los estudiantes tienen herramientas analíticas más complejas. La clase de historia en la universidad busca, por ejemplo, que los estudiantes que no vivieron la guerra, comprendan el silencio de sus padres, por qué no quieren hablar de ese pasado. Se pretende desarrollar ciertas habilidades analíticas para trabajar ese pasado y construir un futuro distinto. Ya vimos que en las escuelas se enseña la historia de una forma  memorística y más cronológica.

Como docente de la materia, ¿cuáles cree que son los temas en los que los estudiantes están más confundidos?

En la experiencia del Instituto hemos encontrado que los estudiantes no tienen una noción de temporalidad lo suficientemente consolidada, por eso hay algunos, por ejemplo, que lamentablemente confunden a Sandino con el proceso de independencia que se celebra en estos días. Incluso nos hemos encontrado con estudiantes que dicen que Daniel Ortega estuvo con Sandino en la montaña y otras situaciones similares. Son problemas muy básicos que nos indican el tipo de desafíos que tenemos sobre la enseñanza de la historia.

¿Y qué tanta responsabilidad tienen los estudiantes al respecto, prestan atención a la materia o solo la quieren aprobar y ya?

Algunos de los estudiantes se muestran más interesados cuando se dan cuenta que la historia tiene que ver con sus vidas y por qué sus padres se fueron a la guerra, por mencionarte un ejemplo. Pero el desinterés de los estudiantes y la poca preparación de los profesores no es responsabilidad solamente de ellos, sino de un sistema educativo y una sociedad que no ha valorado lo suficientemente la enseñanza de la historia y el rol que esta juega en la construcción de una ciudadanía crítica.

¿Cómo influye la preparación docente en la calidad de la enseñanza de la historia?

Influye de manera significativa y Josefina Vijil (investigadora asociada del Ihnca) lo ha apuntado: “No podemos mejorar la calidad de la enseñanza de la historia si no mejoramos la calidad de preparación de los docentes” y esto es válido tanto a nivel escolar como universitarios. Pero también es importante que los profesores utilicemos lo mejor posible las nuevas tecnologías para mejorar la calidad de la enseñanza de la historia.

¿Existe la suficiente y adecuada bibliografía en el país para enseñar historia?

Hay bibliografía pero siempre es mucho mejor tener más y actualizar la que se tiene. Cuanta mayor pluralidad de textos haya, más democrática será la enseñanza de la historia. 

¿Cree que se debería destinar más tiempo a las clases de historia en las escuelas y universidades?

¡Claro! Se podrían hacer mejoras aumentando las horas de clase pero también la cantidad de veces que se recibe la clase. También es fundamental en el caso de las universidades independientemente de la carrera, que lleven clases de historia.

Investigador

Juan Pablo Gómez
Doctor en Estudios Culturales y Literarios Latinoamericanos 

Investigador del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (Ihnca).
Coordinador docente de la maestría en Estudios Culturales del Ihnca.

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