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Edgard Hernández es uno de los cientos de nicaragüenses que vivieron el terror del ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York, ocurrido el 11 de septiembre, 2001. A 15 años de conmemorarse uno de los ataques más sangrientos ocurridos en contra de los Estados Unidos donde murieron casi 3,000 personas, todavía su gente no se recupera de las tenebrosas imágenes vistas ese día en que la nación norteamericana fue sacudida por los terroristas.

El chinandegano Hernández, quien se mudó desde Nicaragua a la Gran Manzana en 1988, tiene todavía bien fresca en su memoria; la caminata que tuvo que realizar para salvar su vida de los atentados terrorista. Recuerda, que salió de su casa a las 8 de la mañana para estar puntual en su centro de trabajo el cual abre sus puertas al público desde las 9 a.m. Ese día, tomo el tren subterráneo el número 7 para ser más exacto, para dirigirse al Consulado de Nicaragua donde ha laborado por más de 18 años. Una vez que llegó a su parada, en el centro de Manhattan donde se ubica el Consulado Nica y donde en esa misma zona se encontraban las Torres Gemelas, al salir de la estación, escuchó un impacto fuerte al cual no le puso mucha atención.

“Al escuchar ese impacto, no le puse mucha mente, porque generalmente Nueva York es una ciudad de mucho ruido”, recordó. Pero al transcurrir el tiempo, apuntó Hernández, empezó a escuchar muchos sonidos de sirenas y gente gritando, algo que le llamo la atención. Cuando llegó a su centro de trabajo, puso las noticias para saber lo que estaba ocurriendo.

Incomunicado

“Al enterarme de lo que ocurría, me comuniqué inmediatamente con el Cónsul (José Antonio Flores Lovo), para notificarle lo que estaba pasando, me orientó que inmediatamente evacuara el edificio y que me fuera para la casa. Cuando salgo a la calle veo mucha confusión en la gente. Los teléfonos no estaban funcionando, no tenía cómo comunicarme con mi familia, el transporte público estaba suspendido y la única opción era caminar”, relató.

Fue de esta manera que empezó a caminar hasta su casa desde la calle 41 ubicada al este de la ciudad hasta la 141 por el oeste, teniendo que cruzar todo Manhattan para llegar a su destino. Resaltó que la caminata no fue nada fácil, porque a su paso se encontró con todo tipo de desesperación. “Vi mucha mujeres comprando zapatos deportivos porque andaban en tacones y como no había en que trasladarse, la única opción era caminar. Las tiendas de zapatos se agotaron. Yo tuve que caminar más de 14 millas para llegar a la  casa. Salí a las 9 de la mañana del Consulado y llegué a la casa hasta las 1 de la tarde”.

“En mi zozobra iba pensando en mi sobrino quien trabajaba en las Torres Gemelas, pero gracias a Dios, cuando llegué a la casa, me dijeron que se había ido tarde para el trabajo porque tuvo que planchar una camisa, y cuando salía de la estación del metro el primer avión estaba impactando, el planchar la camisa le salvo la vida. En ese momento abracé a mi familia y me dieron ganas de llorar”, describió.

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Edgard Hernández, quedó con el trauma de ese temible día, que hasta el día de hoy, no se sube en un metro subterráneo en Nueva York, prefiera levantarse más temprano y tomar el autobús para llegar a su centro de trabajo.

Marlene González Castillo, otra nicaragüense y quien lleva viviendo 35 años en esta ciudad. Relató, que estaba haciendo los oficios cuando vio en la televisión la noticia que las Torres Gemelas habían sido impactadas por dos aviones comerciales. “A mí se me vinieron las lágrimas cuando vi que los dos edificios más importante de N.Y. se estaban cayendo, me llené de mucho temor porque mi esposo y mi hija se encontraban en Manhattan, pero gracias a Dios me pude comunicar con ellos y me confirmaron que se encontraban bien”, explicó.

Transformación

Recordó además que cuando ocurrió el ataque terrorista, la vida cambió por completo para la gente de Nueva York. “Mucha gente perdió sus trabajos, los salarios bajaron. La gente que le pagaban US$15 por hora le llegaron a pagar hasta US$10. Muchas empresas se mudaron del Estados y de igual forma, familias enteras. Nueva York después de esa tragedia se volvió un caos y dio un giro de 180 grados”, relató.

El leonés Alfredo Silva Beltrand, quien reside desde 1986 en Nueva York, estaba laborando para una tienda de suvenir en Queen Boulevard cuando ocurrieron los impactos de los aviones. “Esta es una de las arterias donde todas las personas que salen de Manhattan tiene que pasar por ahí. Cuando yo empecé a ver cómo pasaba la gente después de un tiempo que los aviones habían impactado, me di cuenta que el asunto era bien grave”, señaló.

Agregando que por el sector de Queen, algunos buses laboraron por un corto tiempo. Gracias a sus jefes que lo llevaron a una de las terminales de buses, pudo llegar a su casa.  “Mi mama me estaba visitado de Nicaragua, iba a llevarla a ver las Torres ese día porque era mi día libre, pero afortunadamente me llamaron para ir a trabajar y eso nos salvó la vida. Nadie se esperaba que ocurriera eso, nunca me imaginé ver la caída de esos enormes edificios”, puntualizó.

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