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La pintoresca cerámica de Mozonte tiene sus orígenes en la Revolución Sandinista. No obstante, el manejo del barro con fines artísticos y utilitarios se remonta a la época precolombina, tal como se muestra en las vasijas desenterradas en la zona que expresan la estética con que los indígenas confeccionaban sus productos, incluida las urnas funerarias. 

El barro sirvió —y aún continúa siendo útil— en la cocción de los alimentos o como recipiente para el almacenamiento de agua en los hogares. El comal sigue siendo preferido para el asado de las tortillas o la olla para la cocción de los frijoles. También se vende para adornos típicos en restaurantes y cafetines.

William Gómez es uno de los mozonteños considerado maestro de la cerámica, pues tuvo la dicha de ser alumno de Arturo Machado (q.e.p.d), un refinado ceramista de Honduras, que aún en el ambiente de guerra de la década de 1980 vino a este pueblo indígena para capacitar a unos cuantos jóvenes en la elaboración de cerámica esmaltada o vidriada, casi de la misma calidad de la cerámica importada desde China.

"Hubo cambio totalmente diferente, pues Machado nos enseñó las técnicas y la química del barro porque era un señor con mucho conocimiento de la cerámica, sobre todo la vidriada. Él llegó aquí por iniciativa de Martha Adriana Peralta Paguaga (q.e.p.d), quien era la responsable entonces del Instituto Nicaragüense de Seguridad y Bienestar Social que llamábamos Insbi”, recordó.

En Mozonte, en la llamada Casona de paredes altas de adobe y con techo cubierto de tejas de barro, se instaló la escuela ceramista en los años ochenta, la cual posteriormente adoptó el nombre de la Casa del Artesano.

“Allí fue la cuna de la nueva cerámica de Mozonte. De ahí surgieron los primeros ceramistas, jóvenes de Ocotal y Mozonte”, rememora Gómez.  Juan Domingo Cruz Landero

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Añade que la idea también era incorporar a un buen número de muchachas de entre 15 y 18 años de edad. “Machado trae una técnica nueva, todos íbamos a elaborar las piezas con un torno alfarero. Las mujeres no lograron manejar el torno porque en realidad el aprendizaje era bastante difícil. En total se formaron 14 jóvenes varones”, relató.

Mozonte junto los pueblos de Jalapa, Teotecacinte y Poteca, es de los pueblos de aborígenes más antiguos de Nueva Segovia. 

Para los mozonteños fue algo nuevo y asombroso cuando apreciaron las primeras piezas esmaltadas, las cuales eran llevadas a Managua para su comercialización. Parte de los jóvenes internacionalistas se sumaron con su cooperación y voluntariado, y así la escuela se equipó con hornos eléctricos.

El ceramista hondureño les enseñó también cómo utilizar los materiales existentes en la zona, como el caolín, feldespato y el sílice.

“A partir de 1985, el proyecto acogió a niños con problemas psicosociales y la Casona pasó a llamarse Centro de Capacitación y Producción de Cerámica Máximo López. Se atendían más a niños de Ocotal que no asistían a la escuela; entonces aquí se les daba alimentación y había un encargado de darle seguimiento escolar, y el barro se ocupó como una terapia ocupacional”, reseñó.

El resurgimiento

Durante el gobierno de Enrique Bolaños Geyer, el apoyo gubernamental retornó para los ceramistas de Mozonte y se mandó a levantar una infraestructura para que pusieran a funcionar sus talleres. “Allí nos ubicamos 6 artesanos, los más viejos que iniciamos la cerámica”, resume Gómez.

Reconoce que ahora entre los ceramistas hay mucha competencia, y debido a eso, se percibe un bajón en las ventas. 

El surgimiento de nuevos talleres ha sido producto de la nueva generación que ha absorbido el arte de los viejos maestros. 

Juan Domingo Ruiz Landero es uno de los nuevos ceramistas que cuenta con una numerosa producción de piezas con diferentes presentaciones y colores. Su taller se llama “Artesanía Indígena de Mozonte”. 

“Hace 12 años, comencé con un poquito de arcilla”, contó. El arte cerámico lo aprendió en el taller El Almendro, propiedad de Cástulo Rubén Calderón Tercero, otro de los maestros de la cerámica forjados en la escuela de los años ochenta. 

“Inicié con un molde de mariposa, después compré otros, también molde de la virgen de Guadalupe, y después me hice de un torno. Ahora es un taller familiar, donde trabajamos cuatro hermanos”, señaló.

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El arte de moldear el barro, es también una herencia generacional. Ruiz Landero recuerda que cuando niño ayudaba a su mamá a elaborar los comales y ollas, además, de acompañarle cuando iba a venderlas al mercado de Ocotal. 

Su hermana, Reyna Elizabeth Ruiz Landero mostró un comal y una olla, cuyos precios están entre los C$30 y C$50. “En la semana hacemos tres docenas de ollas y una docena de comales”, anotó. 

Por ahora, igual que todos los demás artesanos, están surtiendo sus inventarios para la temporada de fin de año, cuando se presentan los mayores volúmenes de venta, incluyendo la participación en una feria decembrina en Managua, para la cual han contado en años anteriores con el apoyo del Ministerio de la Economía Familiar.

Luis Alfredo Herrera López, 66 años, y su esposa Petrona Lira Padilla también trabajan la arcilla para elaborar los mismos productos utilitarios, conocida aquí como artesanía rústica, la cual salen a vender a los poblados vecinos, como Ocotal y Ciudad Antigua. 

Herencia cultural

William Gómez afirma que la cerámica actual que se elabora en Mozonte es un valor cultural de las familias de este municipio. “A mis hijos no les ha interesado, pero veo que en la mayoría de los demás talleres trabaja toda la familia: los hijos, la esposa, y creo que eso quedará como una herencia para las futuras generaciones”. Cada taller emplea un número promedio de tres personas, y entre todos, unas 75. 

 

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