•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Primera entrega

“¡Bruto, animal! ¡Ay Dios mío!”, gritó el presidente Anastasio Somoza García, de 60 años cumplidos, al recibir en su cuerpo el impacto de tres de las cuatro balas que le disparó el poeta Rigoberto López Pérez con su revólver Smith & Wesson calibre 38, cañón de 2 pulgadas de largo, pasadas las ocho de la noche del 21 de septiembre de 1956.

El autor de los disparos se apresuró a cometer el atentado cuando estuvo seguro de que los otros tres conspiradores habían fracasado en el plan de apagar los generadores de la planta eléctrica para dejar sin luz a la ciudad de León.

Transcurría la fiesta que los sindicatos somocistas de León le ofrecían a Somoza en La Casa del Obrero para celebrar que la convención del Partido Liberal Nacionalista (PLN), reunida en el Cine González, lo había nominado pocas horas antes como su candidato en las elecciones presidenciales del período 1957-1963.

El mandatario acababa de bailar con la novia del club un tango de Pérez Prado, y se encontraba revisando la edición del diario El Cronista con la noticia de la nominación, que servilmente le mostraba el director de la publicación, Rafael Corrales Rojas.

Mientras tanto, Rigoberto se acercaba peligrosamente bailando a la mesa donde, además de doña Salvadora Debayle de Somoza, se encontraba -entre otras personalidades- la poetisa Mariana Sansón de Argüello, que resultó herida en un pie.

Muy cerca de la mesa dejó de bailar, se agachó rodilla en tierra, y soltó los disparos contra la humanidad del tirano que gritó y se fue de lado, sin alcanzar llegar al suelo por la oportuna intervención de su ordenanza, teniente Nicolás Valle Salinas, que lo sostuvo vigorosamente por las axilas y lo mantuvo de pie.

También: Tacho Somoza y su poder

Rigoberto se puso de pie para ensayar un quinto disparo a la cabeza de su blanco, cuando fue derribado por el certero culatazo en la nuca que le propinó un guardia con su rifle garand, el cual le soltó el primer balazo de los 54 que en total habría de recibir como saldo de toda la noche, hasta que su cuerpo acribillado fue llevado al comando departamental para ser depositado en el piso, donde recibió de la soldadesca tantas o más patadas que los balazos del club. El paradero de su cadáver es todavía un misterio.

La ferocidad de Ocón

Somoza fue trasladado de urgencia al hospital San Vicente, mientras varios vehículos de la guardia andaban recogiendo en sus casas a los más notables médicos, anestesistas y cirujanos de León, quienes, al llegar al hospital, se encontraron al asistente personal del presidente, mayor Luis Ocón, peleando fieramente para que el paciente no fuera tocado ni examinado hasta que llegaran de Managua el director del Hospital Militar y sus médicos que usualmente atendían la salud del general.

La ferocidad de Ocón para tender un cerco que ni los médicos leoneses podían penetrar alrededor de su jefe, dio pie a la versión de que Somoza había quedado con una colostomía por una operación anterior, que no había querido corregir por su pavor a los quirófanos. Y que esa colostomía a la que solo Ocón daba mantenimiento, era algo así como un secreto de Estado. Anastasio Somoza al final de su vida / Cortesía: Nicolás López Maltez / END

Finalmente llegó la orden de Managua para permitir que los médicos leoneses actuaran contra el fuerte dolor que Somoza sentía en la parte baja de la espalda, hasta que llegaron los médicos del Hospital Militar que, junto a sus colegas de León, estabilizaron al paciente y lo trasladaron en helicóptero a Managua, donde llegó con las primeras luces del día 22.

Mientras tanto, la pesadilla ya había comenzado para miles de nicaragüenses, empezando por los asistentes a la fiesta, que –hombres y mujeres- amanecieron de pie en el parque central de la ciudad, rodeados por un cerco de alambre, mientras uno por uno iban siendo interrogados, tarea que concluyó hasta media mañana del nuevo día.

Después de Rigoberto, el segundo en ser reprimido fue el periodista Rafael Corrales Rojas, quien reconoció al “poeta López Pérez” en el cuerpo acribillado en el suelo del club, y con ese acto, selló también su amargo destino para los meses venideros. Nadie le creyó su versión de que no consideraba capaz al poeta de cometer un acto de esa naturaleza, ni pudo explicar contundentemente por qué lo ayudó a entrar en el club sin ser registrado.

Los Somoza en Nicaragua

Desde el ascenso de Anastasio Somoza García al poder real de Nicaragua tras el asesinato del patriota nacionalista Augusto C. Sandino en 1934, cabeza de una guerrilla, y mediante el derrocamiento en 1937 de su tío político, el presidente Juan Bautista Sacasa, hasta la derrota político-militar de su hijo Anastasio Somoza Debayle el 19 de julio de 1979 por un levantamiento nacional encabezado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), los apellidos Somoza García, Somoza Debayle y efímeramente Somoza Portocarrero, respaldados por su Guardia Nacional, constituyeron los símbolos de un poder dinástico y abrumador que utilizó la presión, el halago, la represión y cuanto medio estuvo a su alcance para imponerse sobre la clase política, y en fin, sobre toda la sociedad del país a lo largo y ancho de todos los territorios, gremios, oficios y clases sociales.

Con su aferramiento de 42 años al poder, los Somoza amasaron una de las fortunas familiares más grandes de América a través de usurpaciones y rapiñas con disfraces seudolegales, el uso de testaferros, y no pocas veces sofocaron sangrientamente las manifestaciones,  conspiraciones y alzamientos políticos y militares, que intentaron expulsarlos del mando.

54 balazos se contaron en el cadáver de Rigoberto López PérezEl apellido Somoza solamente tuvo un origen en Nicaragua, y quienes llevaron ese apellido desde tiempos coloniales, fueron descendientes del primero que llegó al país, o bien, de sus ramificaciones maritales o extramaritales a lo largo de tres siglos, pasando por un bandido que se llamó Bernabé Somoza, y que murió colgado en la plaza de Rivas en los años posteriores a la independencia.

El fundador de la estirpe Somoza en Nicaragua fue el capitán de lanceros de Su Majestad, Francisco Somoza (1620- 1705), natural de Galicia, España, quien entró a Centroamérica por la Capitanía General del Reino de Guatemala, de donde viajó a Nicaragua en funciones militares de su rango. Este hidalgo gallego decidió establecerse permanente en nuestro país y contrajo matrimonio con la señora Catalina de Rivera y Guzmán.

También: “Yo escribí sobre el malo de la película”

De esta unión nace Juan Manuel de Somoza y Rivera (1660-1740), el cual, con Catalina Sánchez, tuvo entre otros hijos a Casimiro Somoza Sánchez. De la unión de este último con María Clara Robelo nace Fernando Somoza Robelo, quien se casó con Juana Martínez, y fueron padres de Anastasio Somoza Martínez que, con Isabel Reyes, fueron padres de Anastasio Somoza Reyes.

Este último se casó en San Marcos, Carazo, con la señora Julia García Chavarría, quienes fueron los padres de Anastasio Somoza García, el astuto fundador de la dinastía gubernamental de Nicaragua, ya mencionada al comienzo de esta nota.

Lo demás es historia conocida por todos, y presenciada por algunos coetáneos sobrevivientes, de los que ya quedan muy pocos.  Anastasio Somoza García, enviado por sus padres a estudiar comercio en Filadelfia, Estados Unidos, aprende un fluido Inglés de “taxi driver” (taxista) y enamora furtivamente a una doncella nicaragüense que allá vivía, con la particularidad de que ella pertenecía a una de las familias más encumbradas de la sociedad de León de Nicaragua.

Esta era la señorita Salvadora Debayle Sacasa, cuyo padre, el médico leonés, hijo de franceses, Luis Henri Debayle Pallais, había introducido la anestesiología quirúrgica en Nicaragua -que la había aprendido en La Sorbona de París- y de doña Casimira Sacasa Sarria, hija de Roberto Sacasa, el último presidente de los 30 años de gobiernos conservadores de finales del siglo XIX en la historia de Nicaragua.

El viaje a León

Por supuesto que semejantes padres no iban a permitir una relación con el aventurero sanmarqueño que tenía apellido de bandolero, por muy amistoso y ocurrente que fuera, y se trajeron a la doncella de vuelta a León de Nicaragua, donde Somoza se apareció una mañana en la estación del tren con el pretexto de buscar la forma de estudiar en la universidad metropolitana.

Pero su propósito en realidad era seguir con el acoso a su Dulcinea, y para mientras, trabajaba leyendo medidores de luz y falsificando monedas con su carnal amigo Camilo González Cervantes, hasta que un buen día los dos cayeron presos, de lo cual existen antiguos registros policiales.

Tras ese incidente trascendió que algo más romántico había sucedido entre los novios, hasta que los Debayle-Sacasa accedieron a la unión matrimonial. De aquí nacieron Luis y Anastasio Somoza Debayle, lo mismo que su hermana Lilliam, que después sería esposa del sempiterno embajador de los Somoza en Estados Unidos, decano del cuerpo diplomático en Washington, y organizador de los más suculentos banquetes y comilonas de que se tenga memoria en la capital de la Unión Americana.

Luis y Anastasio, instigados por su madre doña Salvadora, sucedieron a su padre Somoza García tras el atentado del 21 de septiembre de 1956: el primero como presidente del Congreso, del que ya era senador, y el segundo como Jefe Director de la Guardia Nacional, de la cual su papá lo había hecho coronel, y poco después, el parlamento bicameral le dio el grado de general. Ambos, con el infortunado presidente René Schick en medio, se alternaron el poder formal del país.

Al joven coronel Somoza sus padres le habían aguado a finales de los años cuarenta un noviazgo con Berta Zambrana, de Niquinohomo, una de las mujeres más bellas que se han visto alguna vez en Nicaragua, que por más señas era tía de la actual candidata a la vicepresidencia Rosario Murillo Zambrana, y en cambio, lo presionaron a casarse con su prima-hermana Hope Portocarrero Debayle, nacida en Tampa, Florida, quien durante muchos años habló Castellano con acento gringo.

De este matrimonio entre primos nacieron Anastasio IV, o “El Chigüín”, coronel y jefe director de la temible Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) que asesinó a incontables combatientes populares y arrasó ciudades rebeldes durante la insurrección final antisomocista de los años 1977, 78 y 79, hasta el 19 de julio. Otros hijos de Somoza Debayle con su prima Hope fueron: Karla, Carolina, Julio, Néstor y Roberto Somoza Portocarrero.

Más: “Tacho aprovechó la catástrofe”

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus