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Carlos Adán Delgado Dávila es el primer campeón de taekwondo que ingresó al Salón de la Fama del deporte nicaragüense, luego de acumular una decena de medallas y reconocimientos en torneos nacionales e internacionales.

Delgado, de 45 años, es originario de León, y se retiró en 2003 por un desgarre muscular en la pantorrilla derecha, sin embargo jamás ha dejado de practicar taekwondo.

Desde ese año, transmite sus conocimientos a niños y jóvenes desde la escuela León Taekwondo que funciona en la Casa de Cultura Antenor Sandino Hernández, en León.

El pasado 18 de septiembre también fueron exaltados otros nueve atletas de distintas disciplinas, durante la XXII ceremonia del Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense, que fue dedicada al pelotero Denis Martínez.

“Me siento emocionado, es un reconocimiento inesperado porque en el momento que fui competidor, solo pensaba en ganar medallas y sacar en alto el nombre de Nicaragua, nunca pensé pertenecer al Salón de la Fama porque además es una instancia que comenzó en 2002. Me sorprendí cuando me solicitaron documentos, luego me confirmaron que llenaba los requisitos y que fui seleccionado para entrar”, relató.

“Me siento halagado, es una gran bendición de Dios”, agregó. Delgado Dávila es vicepresidente de la Federación Nicaragüense de Taekwondo y presidente departamental de dicha organización en León.Delgado Dávila el día que entró al Salón de la Fama

Su historia

A los 12 años se interesó en el karate, pero por falta de recursos económicos desertó y meses después con el apoyo de algunos amigos comenzó a practicar taekwondo.

Su progenitor Carlos Humberto Delgado Castillo, de 64 años, quien en su juventud practicó lucha libre y karate, además de boxeo, siempre le motivó.

Al ingresar a la carrera de biología en la UNAN-León, se integró al equipo de taekwondo y participó del Campeonato Nacional Interuniversitario.

“Fue una buena experiencia porque logré mi primera medalla de oro en la categoría de 80 kilogramos de peso y posteriormente fui escogido para formar parte de la Preselección Nacional de Taekwondo, que participaba en campeonatos nacionales e internacionales”, narró el deportista, quien se graduó como abogado.

En octubre de 1999, en el Campeonato Panamericano clasificatorio que se efectuó en Miami, Estados Unidos, obtuvo medalla de oro, lo que le permitió clasificar y representar un año después a Nicaragua en los Juegos Olímpicos de Sydney, Australia 2000. En estos, obtuvo el séptimo lugar, encima de Venezuela, Cuba e Irán.

“Me siento orgulloso de haber sido campeón nacional de taekwondo por 13 años consecutivos en la categoría de más de 80 kilogramos. Gané en siete ocasiones consecutivas medalla de oro en la Jornada Marlon Zelaya In Memoria, que es un Campeonato Centroamericano impulsado por la UNAN-Managua”, expresó.

Formando a jóvenes

Luego de 13 años de formar estudiantes en la disciplina de taekwondo, asegura que tiene una generación de alrededor de 30 cinturones negros y una decena de exalumnos que quizás no se dedican al deporte pero aprendieron de la exigencia que requiere esta disciplina deportiva.

Bayardo José Cerda Hernández es uno de sus exalumnos y quien además de haber coronado su carrera de odontología, ha logrado importantes reconocimientos deportivos, entre ellos medalla de bronce en Juegos Centroamericanos. 

Cerda, de 24 años, ingresó a la Escuela de Delgado Dávila a los 15 años.

“Además de un entrenador es un buen amigo, su reconocimiento en el Salón de la Fama me llena de mucha alegría, es uno de los pocos atletas que llegaron muy alto en un país con tan limitados recursos, es un reconocimiento que realmente se lo ganó con el sudor de la frente, esfuerzo y trabajo”, dijo Cerda.

Ricardo Guadamuz es el padre de Génesis Melisa Guadamuz, de 8 años, quien ingresó a los 4 años a la escuela León Taekwondo y es cinturón negro segundo Dan.

“Inculca entre sus alumnos la disciplina, el respeto, la puntualidad y el orden, además es muy estricto con los estudiantes cuando enseña las técnicas”, aseguró Guadamuz.

“Es bueno saber que instituciones deportivas reconocieron el valor humano y profesional de este gran hombre”, añadió.

Ariann Enmanuel Muñoz tiene 10 años y acude a las clases de taekwondo junto con su hermana Haymar. Es cinta verde avanzado y dice que “tengo el interés de aprender y tener dominio pleno de las técnicas de este deporte, pienso esforzarme y representar algún día a nuestro país en eventos internacionales”. 

En tanto, Víctor Muñoz Salinas, de 49 años, progenitor de ambos, contó que sus hijos además de destacarse en el deporte, se han disciplinado en sus estudios escolares. “Me siento orgulloso de que mis hijos estén apropiándose de las técnicas y conocimientos de un gran maestro, que pasó al salón de la fama después de tanto esfuerzo y dedicación en el taekwondo”, comentó.

 

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