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Carlos Mejía Godoy habla en esta entrevista de su vida, de sus canciones preferidas, del “calache”, como le llama al premio que recibirá, cuenta que está escribiendo la historia de sus melodías y también confiesa que tiene la esperanza de algún día cantarle al papa Francisco. 

¿Qué significa para usted recibir el Premio del Consejo Directivo de la Academia Latina de la Grabación (Grammy)?

Todo premio chiquito, mediano  o grande es importante en la vida de uno. Esto estimula tu vocación artística, pero tampoco un premio debe ser el objetivo de un artista, sino que es un medio para seguir haciendo más por el desarrollo de la canción nicaragüense. 

Yo digo que el premio más importante que un artista puede recibir es el cariño de su pueblo, es la sonrisa de un niño, es el saludo de un campesino, es la señora del mercado que me pide que diga una retahíla o un refrán, es el limpiavidrios que me reconoce y me dice que con mis canciones se siente más nicaragüense. Eso para mí es maravilloso. 

Usted es el primer nicaragüense en recibir específicamente este premio, ¿se siente en la cima? 

No, no, no hay cima. El ascenso que yo me he propuesto no es en término de éxitos discográficos, ni en cantidad de canciones grabadas, mis cimas están en términos de valores morales, porque esta sí es una de las cimas más difíciles de alcanzar. Un premio, cualquiera lo puede conseguir, y generalmente estas cosas te vienen por suerte más que por otra cosa. 

Lo más importante, para mí, es seguir escalando esa montaña de los valores cívicos de Nicaragua, amor a mi pueblo, solidaridad con los que más sufren, con los enfermos, identificación con las minorías raciales, vinculación con la lucha de nuestros recursos naturales, en todo eso estoy incorporado y quiero seguir hasta el último día de mi vida tratando de ser más solidario y más acorde con las necesidades. 

¿Qué le falta a la música nicaragüense?

Todos tenemos una asignatura pendiente con Nicaragua porque no es suficiente lo que hemos hecho hasta hoy, debemos de tomar en cuenta el trabajo que realizaron los grandes fundadores del son, como Camilo Zapata, Tino López Guerra, Justo Santos, Erwin Krüger, Víctor Leiva, Jorge Isaac Carballo. Todos ellos son la base de la música nicaragüense, nosotros, entonces, debemos ir construyendo y manteniendo esa edificación. 

Cuando se habla de canción nicaragüense la gente siempre piensa en el son nica, pero ese no es el único elemento de la canción nacional, porque está también la mazurca, la polka, el son de toros y tenemos nuestra música caribeña. Ahorita estoy escribiendo una canción para la gran conservadora y difusora del palo de mayo, Missis Lizzie Nelson, una señora extraordinaria, casi con 90 años, que sigue batallando por la pureza y la conservación del palo de mayo. La canción se llamará “Aleluya Missis Nelson”. 

¿Cómo ve el surgimiento de las nuevas tendencias musicales en Nicaragua?

La canción nicaragüense no solamente es la canción que estrictamente esté vinculada con el canto tradicional, puede ser un bolero, una salsa, puede ser una cumbia, siempre que lleve algo de nuestro temperamento. Hoy vemos que tenemos las fusiones famosas, como el de La Cuneta Son Machín, que no los defiendo porque son mi familia, sino porque son muchachos que se arriesgaron a experimentar con la música nacional.

Yo he tenido por característica que soy incluyente. Yo no fui víctima de la exclusión. Un hombre como Erwin Krüger, cuando yo tenía 20 años de edad, me dijo: ‘Venga, acérquese a nosotros y comparta sus primeras canciones’. Eso me alentó, hubo por ahí algunas personas que quisieron bloquear mi vocación artística, pero prefiero no recordarlos. Yo por eso soy inclusivo, y pienso que estos jóvenes que tienen una nueva tendencia musical deben seguir adelante. Cuando un joven se me acerca, aunque sea con una canción imperfecta, yo soy incapaz de decirle que se dedique a otra cosa, mi deber es animarlo. No desprecio el trabajo de nadie.

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¿Los demás artistas qué le han dicho sobre el premio?

No me puedo quejar, todos, o la mayoría, me han llamado para felicitarme porque ellos saben que este premio no es solo mío. Yo les debo mucho a los artistas nicaragüenses, a los nuevos y a los de las viejas generaciones, como Otto de la Rocha. Los jóvenes me ayudan a no encerrarme, sino a estar en renovación constante. Yo no he dejado de componer un solo día de mi vida. Todos los días estoy tallando una canción. Eso me hace ser siempre joven en mi oficio, aunque sea viejo de edad, yo me dejo influir por estos muchachos, son una inspiración para mí. 

¿Cree que la música nicaragüense actual puede lograr un premio parecido? 

No hay límites. Vendrán sorpresas, miren que se los digo. 

¿Y Los de Palacagüina?

La gente piensa en Carlos Mejía Godoy, pero Los de Palacagüina ¿qué han sido para mí? Ellos han sido mi apoyo durante 40 años, y yo sin ellos no hubiera podido avanzar. Yo no canto solo, hay muchos artistas a los que yo admiro que cantan solo con su instrumento. No puedo, yo tengo que estar acompañado siempre de una guitarra o dos, y Los de Palacagüina han sido mis cómplices a lo largo y ancho de todo este tiempo. 

¿Qué canción de otro artista le hubiese gustado a usted componerla? 

Muchas, yo tengo envidia sana, por ejemplo de la “Mora Limpia” de Justo Santos; “Un Diluvio de Amor” de Otto de la Rocha; “El Cañalito” de Jorge Isaac Carballo, hay una canción de mi hermano Luis Enrique que se llama “Me gustan los días claros”, esa a mí me hubiera gustado haberla compuesto. De Hernaldo Zúñiga hay una que se llama “No tengo más patria que mi corazón”; “Balada campestre” de José Antonio Morales Lazo; “Nicaragua mía” de Tino López Guerra; “El barrio de pescadores”  de Erwin Krüger. Hay muchas canciones bellas que me hubiesen gustado componerla.

¿Algún momento difícil de su carrera?

Uno de los momentos más difíciles de mi carrera fue cuando justamente decidí si asumía mi tarea de cantor o me salía de esto. Yo estaba en Radio Corporación y fui multado no por una canción siquiera, sino por una simple parodia de un personaje que se llamaba Corporito, entonces el Código de Radio y Televisión me impuso una multa de 20 mil córdobas, que en aquel tiempo eran como 20 mil dólares, me tocó pagar esa multa y yo no tenía nada. No sabía qué hacer. Fue justo en ese momento cuando yo dije: “¿la tomo o la dejo; me quedo o me voy?” Y decidí quedarme para dar esta modesta cuota de música a la patria.  

¿Si no hubiese sido cantante qué sería hoy?

(Ríe) Si no hubiera sido cantante hoy fuera cantor. 

¿Le da miedo que llegue un momento en que ya no pueda continuar cantando?

La diferencia entre un cantor y un cantante es que el cantante depende de su voz, y el cantor es como el pájaro, que depende de sus alas. Yo a un escenario no solo vengo a cantar, Carlos Mejía platica con la gente, Carlos Mejía canta, Carlos Mejía baila, Carlos Mejía cuenta una anécdota. Si algún día llega y Dios decide que mi voz ya no funciona, yo seguiría comunicándome con la gente porque el cantor es el que canta con todo el cuerpo, con los ojos, con las manos. Así es que no hay peligro de que yo deje esto.

¿A qué personaje histórico le gustaría cantarle?

Yo ya les he compuesto a muchos personajes históricos. Tengo una obra que se llama “Mural Sonoro a los Héroes de la Patria” y le canto a José Dolores Estrada, a Andrés Castro, a Rafaela Herrera, a Enmanuel Mongalo. También le he cantado a los héroes del sandinismo. Pero sí me hubiese gustado cantarle a Nelson Mandela y ahora al papa Francisco, yo no pierdo las esperanzas de cantarle a él.   

¿Qué siente cuando escucha sus propias canciones? 

La emoción natural, esa emoción que puede sentir un carpintero que siente cuando le dicen: “Hombre, que bonita te quedó la mesa”; yo creo que la dignidad del trabajador está en todos los oficios y profesiones. Yo solo soy un artesano de la canción, yo admiro en los demás las actitudes que no tengo, eso me hace aterrizar en el sentido de que mi obra es la artesanía de un lenguaje propio nicaragüense.

¿Qué proyectos musicales tiene actualmente? 

Muchos proyectos. Estoy musicalizando los poemas de Rubén Darío, en los cuales me he tardado tres o cuatro meses en hacer cada poema. Entre ellos “La Oda a Roosevelt”, Los “Motivos del Lobo” y “Cantos de Vida y Esperanza”. Siempre tengo carpetas llenas de proyectos, ahorita quiero musicalizar el “Cantar de los Cantares” de la Biblia. Tengo muchas cosas por hacer, solo le pido al ‘Colochón’ (Dios) que me dé unos 10 añitos más de vida para terminar algunos proyectos. No le pido mucho. 

Las personas eligen canciones favoritas. Muchos dicen que “Quincho Barrilete”, “Nicaragua, Nicaragüita”, “Alforja Campesina”… ¿Usted ha escogido la suya?

Mis canciones son como mis hijos, a todos los quiero. Todas mis composiciones por imperfectas que sean, las quiero. Además que no existe canción perfecta, y la mejor canción para mí es la que aún no he compuesto.

¿Cuántas canciones tiene en total? 

No me gustan las cantidades, a mí me gusta la calidad. Justo Santos fue capaz de componer una sola canción llamada la Mora Limpia, y es el segundo himno de la patria, esto quiere decir que la cantidad no importa. 

¿Con quién le gustaría compartir escenario? 

Yo soy el hombre más feliz cuando comparto el escenario con campesinos de tierra adentro. Ahí es donde me siento mejor. Claro, no niego que siento emoción de oír una canción mía acompañada de una orquesta sinfónica, pero también siento un infinito amor cuando vuelvo a mis raíces, cuando vuelvo a cantar con aquellos que me enseñaron el sabor y la textura del son nacional.

¿Además de la música a qué se dedica?

Yo me dedico casi exclusivamente a la música. Ahorita escribo una pequeña novela que se llamará “Los sobrinos de Monseñor” y también otra sobre la historia de mis canciones, el cual se llamará “Y el verbo se hizo canto”.

¿Cómo se siente de salud?

Muy bien, a excepción de algunos problemas en la columna, y es normal porque anduve tocando de pie y durante 40 años con un acordeón muy grande colgado a la espalda. En otros países los grandes acordeonistas tocan sentados, porque es un peso muy grande, pero yo lo hacía siempre de pie. 

¿Cuándo viajará a Estados Unidos a recibir el premio?

Yo me voy el 14 de noviembre, voy a ir acompañado de mi esposa y mis hijos Carlos Luis y Augusto. “El calache”, a como le llamo al premio, me lo entregan el 16 de noviembre.  

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