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Los coyotes, es decir quienes trafican a personas ilegalmente, estarían cobrando un promedio de US$1,000 a cada africano o haitiano que movilizan desde la frontera sur hasta la norte de Nicaragua.

Así lo han dicho varias de las personas que desde África han llegado hasta Nicaragua, con destino final a Estados Unidos. Los últimos en revelar la cifra son Guisell Pérez, quien usa un apellido hispanoamericano pese a ser originaria del Congo, y su compatriota, quien solo se identificó como Oscar.

“Los niños, en su mayoría, no pagan mucho, los menores de un año no pagan, pero los de dos en adelante pagan entre cincuenta y cien dólares por cada uno. Nosotros confiamos en los guías (coyotes), pero ellos nos dejan perdidos, dicen que los esperemos, que van a buscar el camión, pero nunca regresan”, declaró Pérez a El Nuevo Diario desde una de las zonas donde transitan por Carazo.

END / MigrantesLos guías, como ella llama a los coyotes, los trasladan desde Costa Rica hacia las costas de Tupilapa, Huehuete y Wiste, y estando allí, en Carazo, donde les mienten diciéndoles que ya han llegado a la frontera con Honduras.

Carazo se ha convertido en uno de los principales puntos de concentración de los migrantes africanos en su rumbo hacia Estados Unidos.

Las autoridades indicaron, bajo la petición de no revelar nombres, que este año han transitado solo por Carazo hasta dos mil personas ilegalmente, la mayoría de África, por lo que habrían pagado en conjunto a los coyotes una suma mínima de US$200,000 (en caso de que el promedio por cabeza fuese de US$100) y una máxima de US$2 millones (si el promedio fuese de US$1,000 por individuo).

Ola migratoria

A inicio de este mes, en menos de 48 horas (entre el 4 y el 5 de octubre), las autoridades detuvieron dos camiones en Carazo en los cuales iban hacinados 97 africanos, mientras que otros 12 se entregaron a los militares en ese mismo departamento; y por la madrugada, en Granada, retuvieron a 15 más cuando llegaron a tierra firme tras navegar las aguas del Cocibolca.

En total: 124 personas originarias de África recorrían Nicaragua en al menos tres puntos al mismo tiempo.

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Apenas tres días antes, el 2 de octubre, la Policía descubrió en la comunidad de El Tamarindo, en Carazo, a unos 250 migrantes africanos que estaban escondidos, esperando a que llegara la madrugada para continuar su camino.

Según una fuente policial, quien ofreció declaraciones bajo la condición de anonimato, en Carazo se han contabilizado a unos 700 menores de edad, sin incluir a las mujeres que transitan embarazadas.

En el transcurso de este año al menos 1,000 migrantes de la República del Congo han sido retenidos en varios puntos de las zonas rurales de Carazo.

En el caso de los 250 africanos descubiertos hace una semana en El Tamarindo, Carazo, algunos de ellos admitieron que habían vendido todas sus pertenencias para costear el viaje hasta Estados Unidos.

“Somos muchos los que ya estamos varados en Costa Rica, venimos por veredas, ya hemos andado en avión, camiones, lanchas y a pie, ya no tenemos más dinero porque los guías nos cobran muy caro y nos engañan dejándonos perdidos en los montes”, dijo Guisell Pérez, una de las pocas que habla español.

Historias desgarradoras

No todos los migrantes logran sobrevivir en el viaje. Entre el 2 y el 3 de agosto al menos diez personas que al parecer eran de Haití fueron encontradas muertas en la bocana del río Sapoá, en Rivas.

En un primer momento se dijo que eran africanos y luego se conoció que eran haitianos.

“Los ríos crecidos se han llevado a mujeres y niños, los cuales los hemos dejado porque tenemos que seguir adelante, las mujeres han parido en los montes y algunas las hemos tenido que enterrar en las arenas del mar. Partimos luego muy tristes porque dejamos a nuestros hermanos en una tierra que no es la nuestra, salimos porque no queremos morir de hambre, pero al fin nos estamos muriendo”, lamentó Guisell Pérez.

Pérez dice que en su grupo llevan más de tres meses de viaje. Para poder salir de su país, dice, pagan US$60 por un permiso de diez días y a pesar de que su país es muy pobre, logran vender todas sus pertenencias a las personas que tienen dinero.

No queremos regresar a ese país, ya no tenemos nada, ni casa, ni tierras, no hay comida, nosotros queremos llegar a Estados Unidos para trabajar y así poder vivir como cualquier ser humano, queremos darles un futuro a nuestros hijos, no andamos robando, no andamos droga, solo ropa y la poca comida que nos queda, porque dinero ya no tenemos, todo lo hemos pagado”, concluyó diciendo la mujer.

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