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Para la organización Ipas Centroamérica es “penoso” que Nicaragua mantenga la tasa más alta de embarazos en adolescentes en Latinoamérica, dice su directora, Marta María Blandón. Se estima que cada año en Nicaragua nacen al menos 35.000 bebés de madres menores de 19 años. Blandón afirma que en este país la educación sexual sigue abordándose incorrectamente con los jóvenes.

¿Qué es lo que pasa en Nicaragua con los embarazos adolescentes?

Este no es un fenómeno nuevo, creo que el tema de los embarazos precoces que muchos de ellos son minimizados, escondidos por diversas razones tiene que ver con que las familias muchísimas veces sienten culpa, sienten pena; muchas madres incluso son responsabilizadas por los padres de esas niñas, por las familias, la comunidad, porque no la cuidó, porque no le dio información, porque no estuvo pendiente, porque es una tarea que se presume que tenemos que cumplir las mujeres. Realmente ha sido una problemática aceptada con resignación de parte de la familia. Es una problemática donde el Estado y los gobiernos de turno no le han dado la importancia y prioridad que merece, porque determinar que eso es un problema grave, lo declarás como un problema grave, estás obligado a buscar los recursos de cualquier índole para resolverlos.Directora de Ipas.

¿A qué se refiere con que no se le ha dado la importancia debida?

Es que si decís que hay una situación de alarma de la roya, tenés que ver qué hacés con esos cafetales. Sin embargo, este -los embarazos adolescentes- nunca ha sido un problema declarado como grave, como prioritario o como una epidemia, porque no hay interés de colocar los recursos necesarios, económicos y humanos para darle respuesta a este problema.

¿Esto se debe a un asunto de desinterés o un problema cultural?

Lamentablemente existe una doble moral para enfrentar o abordar los temas que tienen que ver con sexualidad en general. Y cuando se trata de la sexualidad de los adolescentes y jóvenes, la doble moral, este estigma, este tabú se multiplica por mil. Se mandan mensajes y mandatos que están totalmente fuera de la realidad. Se manda a los jóvenes desde las escuelas, las iglesias, los ministerios a que no tengan relaciones sexuales cuando ya están teniendo relaciones sexuales. Entonces esos mensajes no calan. Porque los chavalos experimentan, prueban, les gusta, entonces no encuentran dónde buscar información correcta, adecuada, que les permita ejercer ese derecho, porque es un derecho, con responsabilidad y a su debido tiempo.

Un joven no se atreve, por ejemplo, a ir a decirle a una consejera escolar o una maestra: ‘mire, estoy teniendo relaciones sexuales y no sé cómo hacer para prevenir un embarazo, para prevenir una enfermedad de transmisión sexual’, porque temen la posible respuesta de que no están en edad de hacer eso, no tienen permiso para hacer eso, (les dicen) sos un degenerado, eso es cochinada, eso está mal y entonces mejor no preguntan. Igual pasa si vas al centro de salud. Las enfermeras, los médicos incluso, tienen mucha desinformación de qué métodos anticonceptivos pueden usar los jóvenes… piensan (los trabajadores de salud) por ejemplo que un DIU (dispositivo anticonceptivo) no se le puede poner a una joven, que los implantes no funcionan, que las pastillas dan problemas; el mismo personal de salud tiene mucho tabú y mucho recelo para poder orientar adecuadamente a los jóvenes.

En ocasiones anteriores varias organizaciones que trabajan con jóvenes han dicho que se debería crear una política para la adolescencia del mismo modo en que existen normas y protocolos para atender a la primera infancia ¿cree usted que esto tendría un efecto para resolver el problema?

Ahí voy a diferir. Aquí tenemos un marco legal para mi gusto bastante avanzado y bastante completo, que aunque siempre es perfectible, yo no quisiera más políticas. Si cumpliéramos las que tenemos, estaríamos mejor. Lo que pasa es que no se cumplen, no hay monitoreo de la calidad de los servicios públicos que se ofrecen para nadie y tampoco para los adolescentes. La norma del Minsa en los servicios de salud te dice qué hacer, las directrices del Ministerio de Educación te dicen qué hacer en términos generales.

El problema es que no hay recursos ¿con qué tiempo un maestro que da clases en la mañana, vende ropa usada en la tarde, da clases en la noche y además tiene el cargo de consejero, se va a capacitar? Realmente es desproporcionado pedirles eso de acuerdo a los recursos humanos y la capacitación que tienen. Se necesitan más recursos, más presupuesto, más capacitación y personal que se encargue de monitorear lo que están haciendo. Pero mientras eso no sea establecido dentro de los programas institucionales del Estado yo veo que es poco lo que se va a poder incidir desde ahí.

¿A quién le corresponde ese liderazgo en el Estado?

Cada año de los 1.600 casos de niñas menores de 14 años que salen de los centros públicos de salud que han parido un niño ¿cuántos de esos se han hecho una denuncia como dice el Código de la Niñez y la Adolescencia? ¿Cuál sería la institución responsable de monitorear que eso se haga? No existe un liderazgo ¿Es el Ministerio de la Familia, es la Procuraduría de la Niñez, es el Ministerio de la Juventud, es el Ministerio de Salud o es el Ministerio de Educación? Tiene que haber una norma que establezca roles y responsabilidades estatales y la coordinación con organizaciones comunitarias que tienen una experiencia, pero no tienen el poder para que entre todos realmente podamos aportar de manera conjunta a ir bajando estos indicadores. Mientras no se declare que es un problema serio, que hay interés de resolverlo y que para eso tenemos que juntarnos y echarle la vaca, como se dice en buen nicaragüense, no vamos a resolverlo.

¿Cuál debería entonces ser la estrategia?

Yo creo mucho en la educación, en educar a los adultos para que vayamos educando a los niños de manera diferente y creo que hay que demandarle al Estado su responsabilidad. Movilizarnos para decirle a las instituciones del Estado que estén más involucradas en las rutas de este problema que tiene que ver con el Ministerio de Familia, el Ministerio de Juventud, Educación, Salud, para que cumplan su rol y que realmente estos datos que son relevantes sea una campanada y digan empecemos pues, hagamos algo.

Según los datos presentados durante el lanzamiento de la campaña “Lo que debe ser penoso”, Managua, Chinandega y el Caribe Sur son las zonas donde hay más casos ¿a qué se debe?
Managua y Chinandega tienen una explicación bastante lógica por la concentración de población que representan a nivel nacional y el Caribe, lamentablemente, siempre tiene los peores indicadores por la distancia y la falta de atención que tienen del Gobierno central para resolver esa problemática. No es un problema aislado de donde están las áreas más vulnerables del país.

La experta

Marta María Blandón.

Es psicóloga de profesión y directora de Ipas Centroamérica.
Cuenta con una extensa experiencia en capacitación, investigación y salud y derechos reproductivos.
Coordina la Comisión Nacional de Lucha contra la Mortalidad Materna y es miembro activo del movimiento feminista por la salud de las mujeres latinoamericanas y del Caribe.

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