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Tercera entrega 

Edwin Gutiérrez responde con otra pregunta. “¿Ha escuchado aquel dicho que dice ‘la disciplina un día llega a vencer a la inteligencia’?” Antes de que le diga algo, él continúa. “Aquí usted lo ve. Hay coreanos estudiando 12 horas, sentados, 12 horas continuas, se levantan, van al baño y siguen estudiando y estudiando”.

Él es uno de los nicaragüenses que cursan posgrados en la República de Corea y aunque ya lleva varios meses en este país, todavía parece asombrado por el ambiente educativo. “Después de estar aquí llevo otra mentalidad, de cómo es la cultura coreana, cómo es su disciplina, es muy competitivo”, dice Gutiérrez.

En la Escuela de Políticas y Gestión Pública del KDI (Instituto de Desarrollo de Corea) el ambiente multicultural se percibe en las conversaciones de pasillos y en los rostros, porque concurren allí becarios de 60 países que en las aulas discuten con los profesores sobre variados modelos económicos, saliendo a relucir experiencias de los lugares de origen de los estudiantes.

Ronnie Rodríguez, otro nicaragüense preparándose en esta escuela, comenta que han estudiado cómo Corea del Sur se enfocó en la industrialización para la sustitución de importaciones, un modelo semejante al ISI que promovió la Cepal en Latinoamérica y que en Nicaragua no se logró desarrollar.

Atribuye el éxito de este modelo en Corea a la fortaleza de las instituciones públicas. “Ese es un punto importante que se debería integrar a Nicaragua, volver a trabajar políticas de industrialización con un acompañamiento fuerte del Estado… Se debería considerar valorizar otra vez a las instituciones claves de Nicaragua para poder darle seguimiento, desarrollarla y terminar en un valor agregado mayor de los productos”.

Primera entrega: Corea del Sur, las inquietudes de un país desarrollado

Gutiérrez, quien es ingeniero industrial, dice que parte del éxito de Corea del Sur fue la tecnificación de la mano de obra, y a propósito toca otro punto que, a su criterio, debe ser más analizado en Nicaragua: “Aquí los profesores son de los mejores pagados, han tenido los mejores salarios a nivel de especializaciones de toda Corea. Un profesor visitante aquí, por una clase, puede ganar 7 mil dólares mensual. El profesor aquí es muy bien visto, no como en nuestro país”.

El Saemaul

Kim Hakbong, catedrático de la KDI School en Sejong, dice que los salarios de los profesores en la educación superior tienen una base de US$60 mil por año, que es el pago al ingresar.

El modelo educativo surcoreano abarca diferentes áreas, no solo las formales. Su tasa de analfabetismo es menor a 2%, pero lo más importante, según el economista Siwook Lee, es que lograron crear “una pasión del pueblo hacia la educación”. Primer automóvil fabricado en Corea del Sur, en 1955

En 1970 iniciaron el Saemaul, un movimiento que promueve el desarrollo de las comunidades por sus propios esfuerzos, en un proceso que comienza con la formación de los líderes comunitarios y requiere el apoyo del gobierno. Corea del Sur era entonces el segundo país más pobre de Asia y de esa forma empezó a reducir la pobreza en el campo.

Sang Deok Seo, el administrador del centro de capacitación Saemaul Undong, define esta filosofía con tres palabras: Cooperación, autogestión y diligencia, y explica que cuando la gente se organiza en este movimiento para buscar el bienestar propio consiguen desarrollar la mente, aumentar los ingresos y mejorar el ambiente.

Koica, la agencia de cooperación internacional surcoreana, está transfiriendo a otros países las experiencias del Saemaul. “Se trata de eliminar la pobreza y lograr el desarrollo”, afirma Dong Hyun Lee, funcionario de la institución. “Aunque la situación de cada país es diferente, en las zonas rurales este programa es bueno también para producir con más calidad, algo importante para aprovechar los tratados de libre comercio”.

Segunda entrega: Corea del Sur, la idea de la reunificación está latente

La educación es primordial en estos proyectos contra la pobreza, enfatiza Hyun Lee, porque “los resultados en todas las acciones dependen de gente educada”.

En nueve países, dos de África y siete de Asia, la cooperación coreana hace ensayos de Saemaul en 33 poblados. En otras naciones, como Nicaragua, tienen programas para compartir conocimientos sobre el desarrollo coreano y ofrecen capacitación a líderes comunitarios y funcionarios públicos.

El investigador del KDI, Ji Yung Park, señala como elementos básicos del desarrollo surcoreano: un liderazgo fuerte del gobierno, inversión en recursos humanos (educación) e inversión intensiva en las empresas.

Al explicar qué es liderazgo del gobierno, dice: “Funcionarios hábiles y transparentes, expertos o especialistas en cada sector, hacer planes adecuados para cada sector y lograr uniformidad de la política para el desarrollo”.

El Palacio Real en SeúlA los países en desarrollo les sugieren garantizar primero estabilidad política, seguridad pública y justicia.

A criterio de Park, lo ideal para que un país logre un desarrollo sostenido es “que el pueblo esté bien educado, que los políticos siempre estén pensando en cómo servir al pueblo y los empresarios en cómo sobrevivir en el mercado internacional, renovarse y seguir invirtiendo”.

En Corea del Sur el Estado invierte en educación más de 4.6% del PIB (Producto Interno Bruto) y la inversión privada también es alta en ese campo, por el buen ingreso de las familias y la convicción de que la formación es necesaria. “Parte de la educación del pueblo es que la educación es primero; pagan la casa y la educación, ante todo”, afirma Siwook Lee.

Capacitación constante

Edwin Gutiérrez afirma que estudiar en Corea del Sur ha sido, para él, “una experiencia invaluable” porque se trata de un país muy competitivo. “Si comparamos los sistemas educativos (con Nicaragua), son muy diferentes pero eso no quiere decir que estamos en desventaja en cuanto a educación; aquí es un poco más difícil pero lo podemos hacer”.

Ronnie Rodríguez, quien es economista y cursa la especialidad en políticas de desarrollo, insiste en que Nicaragua necesita un seguimiento fuerte al entrenamiento vocacional, sobre todo al relacionado con la ingeniería mecánica y la electricidad.

“El entrenamiento vocacional es fundamental, aquí en Corea el Estado lo hizo como algo obligatorio, lo tenían que hacer también las empresas”, explica. “Esa política puede sonar muy autoritaria hasta cierto punto, no queremos que venga el Estado y nos diga eso, pero fue una de las políticas que les impulsó a seguir entrenándose y capacitándose”.

Cuando experimentó el rigor de la educación en Corea del Sur, Rodríguez recordó cómo en las aulas de la universidad nicaragüense donde estudió, muchos alumnos criticaban a los profesores que les exigían más, a pesar de que solo querían impulsarles hacia un nivel de competencia internacional. De ahí sugiere hacer esfuerzos “para establecer niveles de educación muy altos en Nicaragua”.

Edwin Gutiérrez lo secunda. En lo educativo “tenemos mucho por qué trabajar, para ser mejores”.

“La tasa de lectura en Corea del Sur es de 79%”, afirma Byung-Ho Kim, presidente de la Fundación de la Prensa coreana, un organismo autónomo que realiza estudios sobre los medios de comunicación social y facilita capacitación a periodistas.

Sostiene que estamos ante una sociedad muy informada y por supuesto muy comunicada. La población surcoreana tiene un 90% de conectividad a internet y el acceso a teléfonos inteligentes es del 85%. Considerando además los altos niveles educativos, es comprensible que haya en este país 6,000 mil periódicos digitales, de acuerdo con los registros formales, aunque Byung-Ho dice que solo 2,000 de esos periódicos son los que la gente suele leer.

En una Corea del Sur muy tecnologizada la transición de la información periodística tradicional hacia la digital, es más rápida que en otros países, observa Byung-Ho. Sin embargo, circulan en esta nación asiática 180 periódicos impresos.

 

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