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Aunque Donald Trump ataca a la globalización, él es uno de los que se beneficia de ella “cuando compra el acero de China o hace sus corbatas allá”, comenta en esta entrevista el sociólogo nicaragüense Carlos Castro Jo, quien imparte clases en el Clark College de Vancouver, estado de Washington.

Algunos analistas se lamentan de haber creído en las encuestas. ¿Qué pasó en realidad con las encuestas sobre Clinton y Trump?

El problema de las encuestas es que fueron mal interpretadas. Al final Hillary Clinton ganó el voto popular y eso es lo que decían las encuestas. Pero en Estados Unidos las elecciones nacionales solo eligen a los electores, que forman el Colegio Electoral, que es el que elige al presidente. Y a los electores se los elige por estado. Entonces, el análisis también debe hacerse a nivel de estado. Cuando uno analiza las encuestas en estados como la Florida y Carolina del Norte, se da cuenta de que en esos estados había un empate técnico, es decir, la diferencia, aun cuando fuera a favor de Clinton, cabía dentro del margen de error. Todo iba a depender de quién era más capaz de acarrear votantes. Y las encuestas también mostraban que la gente que estaba a favor de Trump estaba más entusiasmada que la gente que estaba a favor de Clinton. Clinton en realidad no tiene carisma, pero los analistas suponían que ella tenía mejor organización y podía asegurar que sus partidarios votaran. Parece que el entusiasmo fue más importante que la organización. Eso no significa que no haya habido problemas en las encuestas. La verdad es que la mayoría no captó el sentimiento del electorado. Las encuestas tampoco pudieron medir quién iba ir a votar y quién no y eso es importante para predecir el resultado de las elecciones.

¿Qué es lo novedoso que hizo Trump, en política, para abrirse paso y conseguir tantos votos?

Trump es una personalidad de la televisión, un "showman". Los debates entre los candidatos batieron récord de televidentes. Según Trump es porque lo querían ver a él. Además, él es un candidato espontáneo, dice lo que se le ocurre. Se nota que no está programado. Hillary no era espontánea, se notaba que daba respuestas empaquetadas. Eran respuestas bien pensadas pero mucha gente no sabía sí eso era lo que pensaba ella o era lo que le habían dicho que dijera. Por las filtraciones de WikiLeaks se sabía lo que Clinton y su gente pensaban en privado, porque hubo divergencias entre la cara privada y la pública, había una percepción de que ellos decían una cosa en público y otra en privado. En estas elecciones participó el 57% de la gente que podía votar. Es una cifra alta para EE.UU. pero no récord. Se creía que Trump no iba a conseguir suficientes votos entre las mujeres, los afroamericanos, los hispanos y los asiáticos, y que con solo su voto duro, el de los hombres blancos sin grado universitario, no podía ganar las elecciones. Pero él logró movilizar a su base y, lo que fue una falla de Clinton, ella no logró ganar entre las mujeres y los hispanos en los estados en disputa con un margen suficiente grande para derrotar a Trump. Ella ganó en esos grupos, pero no con un margen alto que pudiera contrarrestar el entusiasmo de los votantes que favorecían a Trump.

¿Cómo caen aquí los paradigmas de lo políticamente correcto?

No creo que se caigan, porque es difícil saber lo que es políticamente incorrecto. Toda comunidad, sociedad, grupo social, partido, tiene sus normas que establecen parámetros para discutir, sobre qué se debe discutir, cuándo y cómo. Trump perdió el voto popular. ¿Significa eso que su discurso no caló? Lo que pasa es que ninguna sociedad o grupo social es homogéneo. El discurso de Trump caló en algunos sectores y no en otros. Más que enfatizar el discurso per se hay que ver qué era lo que él decía y qué era lo que la gente entendía que él decía. Trump expresó las frustraciones de un sector del electorado, es un voto de protesta contra las élites del país. Es un discurso que ofrece una explicación a las condiciones materiales en que vive una parte del electorado, especialmente a los que antes trabajaban en el sector industrial y ahora sienten que esos trabajos se han ido a otros países, o sienten que sus comunidades están siendo transformadas por la inmigración, o sienten que pueden ser víctimas de un ataque terrorista inspirado por ISIS. Hay que decir, sin embargo, que su mensaje fue nacionalista, xenófobo. Su argumento básicamente es que los problemas de los norteamericanos son causados por los extranjeros, por los inmigrantes y por los países que han engañado a las élites norteamericanas al firmar tratados de libre comercio. Trump ha hecho surgir un nacionalismo blanco norteamericano.

Se dice que la globalización salió derrotada en esta elección. ¿Es tan fuerte el sismo?

Hay que partir de que este es un país capitalista y que el gran capital es el que promueve la globalización. La globalización, además, es impulsada por las nuevas tecnologías de la comunicación. Los dos factores van a seguir impulsándola. El mismo Trump se beneficia de ella cuando compra el acero de China o hace sus corbatas allá. Trump va a tener que decidir de qué lado está, pero tiene que tener cuidado de no hacer algo que afecte el bolsillo de la gente que votó por él, porque si impone tarifas, como dice él, de 45% de lo que viene de China, y de repente la gente siente que los pantalones y las camisas y los teléfonos celulares, etc., están más caros, entonces se van a voltear contra él. Tiene que recordar que en el año 2020 van a haber elecciones otra vez. Puede intentar cambiar las reglas del juego, tiene algunas cartas que puede usar, especialmente con las compañías de capital norteamericano. Sería una política reformista, más nacionalista. Pero Trump no es de izquierda y es un hombre muy rico, y por eso, no creo que vaya a intentar transformar la globalización a favor de los trabajadores o de las clases bajas. En eso, él tiene limitaciones de clase. Ahora, una política nacionalista puede tener efectos adversos en economías pequeñas, como la de Nicaragua, sin que EE.UU., sufra. A nivel global, sin embargo, en relación con economías como la de China o de Europa, una política nacionalista puede tener efectos adversos en la economía de EE.UU., le puede salir el tiro por la culata.

Se creía que el voto hispano favorecería a Clinton. ¿Por qué no sucedió?

El voto hispano no es monolítico. Los mexicoamericanos son en su mayoría demócratas, pero los cubanoamericanos están divididos, más del 40% son republicanos. En estas elecciones Clinton ganó el 65% del voto latino y Trump solo el 29%. La mayoría de los latinos que votaron por Trump eran cubanoamericanos. Un problema que Hillary Clinton tuvo es que ella no logró crear entusiasmo en los sectores que la apoyaban. En el 2012 Obama logró mayor voto por parte de los latinos que Clinton en el 2016.

¿Cómo está reaccionando la comunidad hispana?

La comunidad hispana está preocupada por la retórica y las promesas de campaña de Trump. Las deportaciones son el problema principal de los latinos que no son cubanos. Hay preocupación en las familias, en los niños, sobre lo que va a pasar. Se han incrementado los acosos verbales contra latinos, contra los musulmanes también.  Esa es una consecuencia de la retórica antiinmigrante de Trump.

¿Se puede comparar a Trump con Ronald Reagan?

Yo diría que no.  Es cierto que Reagan era una personalidad del cine y que tenía carisma, y Trump también, pero el parecido termina ahí. Los estilos de dirección son distintos. Los de comunicación también. Reagan era, digamos, políticamente correcto. Reagan no habló contra los inmigrantes o contra los hispanos, y firmó una ley que legalizó a los que estaban indocumentados. Él tenía experiencia en el Gobierno, había sido gobernador de California, Trump no tiene esa experiencia. Reagan tenía una ideología clara: estaba a favor del mercado libre, en contra del Estado de Bienestar Social y del comunismo, y creía en el sistema demócrata liberal. Trump no tiene ideología clara, no se sabe si cree en la democracia liberal. Reagan impulsó la globalización, Trump se lanzó contra la globalización. Reagan no era un blanco nacionalista y xenófobo, y Trump lo es. Él es muy diferente a Reagan, tanto que los hijos de este dijeron públicamente que Trump no se parecía a su padre.

¿Qué pasaría si Trump rompe los acuerdos con Cuba?

Desde el tiempo de Bill Clinton, los demócratas han querido levantar el embargo contra Cuba, pero los cubanoamericanos están divididos sobre este tema, y los cubanoamericanos republicanos generalmente están en contra de levantar el embargo. La comunidad cubana que se vino en los años sesenta a EE.UU., quiere derrotar por la fuerza a Fidel Castro. Es algo visceral. Si Trump quiere mantener el apoyo de los cubanoamericanos republicanos va a tener que hacer lo que ellos quieran. Ellos tienen fuerza en la Florida, un estado que los republicanos deben ganar si quieren seguir siendo un partido nacional viable. En estas elecciones, se notó una vez más que es posible ganar entre los cubanoamericanos con una línea dura contra el Gobierno de Cuba. Trump ha dicho que le va a poner condiciones al Gobierno de Cuba para continuar el acercamiento. No ha dicho exactamente qué le va a pedir al Gobierno de Cuba, pero ha dicho que sí Cuba no las acepta él va a abolir los acuerdos entre Raúl Castro y Obama. Si eso pasa, Cuba y algunos cubanos en Miami sufrirían las consecuencias.

¿Qué tensiones avizoras en Latinoamérica, en Centroamérica o Nicaragua?

Primero hay que ver lo que va a hacer. El presidente de EE.UU., tiene un montón de problemas que resolver y a veces no le da tiempo o se olvida de prestarle atención a algunas regiones o países. Trump es difícil de predecir. Él es confrontativo y si alguien se pone a insultarlo, él retorna el favor con creces. Esa puede ser una fuente de tensión. Una cosa que sí se sabe que va a intentar hacer es la deportación de los inmigrantes indocumentados, porque es una de sus prioridades. Eso puede crear conflictos con los países de origen de los inmigrantes, especialmente, porque puede haber maltrato a los inmigrantes. Puede haber tensiones con México o Centroamérica si trata de renegociar los tratados de libre comercio. Hablando de los inmigrantes, las remesas, que son una fuente de ingreso importante para países como Nicaragua, pueden decaer y causar problemas económicos en nuestros países. También las deportaciones pueden causar problemas económicos en EE.UU., donde los inmigrantes constituyen una de las fuerzas económicas más importantes y dinámicas del país, en algunos casos constituyen la fuerza de trabajo más importante, y en otros son una fuente generadora de empleo. En general, es mejor esperar a ver qué va a hacer para emitir juicios. Creo que ni él sabe lo que va a hacer.

¿Qué inquietudes te ha dejado esta elección?

Hay dos cosas interesantes que hay que pensar bien. Primero, que el sistema demócrata liberal no salió bien parado. La elección fue entre dos candidatos que no eran populares.  Uno de ellos, el que ganó las elecciones, parece que no es una persona íntegra y parece que no está capacitada para gobernar. Además, no hubo debates sobre políticas públicas, sobre programas, sobre el futuro del país. ¿Qué ventaja tiene el sistema demócrata liberal sobre los modelos autoritarios de Rusia y China?  Quizá solo que existe la oportunidad de cambiar el Gobierno en las próximas elecciones, si no funciona. Segundo, las élites intelectuales de EE.UU., no tienen hegemonía sobre amplios sectores de la población, están completamente divorciadas de la realidad de muchos de sus compatriotas. Los líderes republicanos, ya no digamos los demócratas, estaban contra Trump. Casi todos los medios de comunicación estaban contra Trump, la mayoría de los economistas, de los científicos sociales, hasta la mayoría de las personas que se han graduado de la universidad estaban contra Trump. A pesar de eso, el hombre que no lee, que se informa de lo que pasa por medio de la televisión, logra derrotar a la gente que sabe. Eso nos debe hacer pensar.

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