•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Los médicos del Orlando Regional Medical Center lo llaman el milagro caminando, pero su nombre es Leonel Meléndez. Tiene 39 años y a los ocho emigró a Estados Unidos junto con sus padres. Se convirtió en noticia porque fue uno de los dos nicas que se encontraba en la disco gay Pulse la madrugada del 12 de junio, cuando se produjo el tiroteo más sangriento de la historia reciente de Estados Unidos. Contra todo pronóstico sobrevivió a dos balazos, tres cirugías y dos semanas en coma.

A las 11:30 de la noche del sábado 11 de junio salió de su apartamento en Orlando hacia la discoteca, ubicada a unos cinco kilómetros. Esa noche se celebraba una fiesta latina y su amigo y compañero de trabajo, el puertorriqueño de 40 años, Javier Reyes, convenció al nica de asistir a la actividad. Para Reyes fue la última, pues esa noche murió acribillado. 

Eran las 2:00 a.m. del 12 de junio cuando los primeros disparos empezaron a escucharse. Al principio Leonel pensó que eran parte de la música.  “De repente escuché el bum, bum, bum y en eso se me acerca Javier para decirme que había un tiroteo y debíamos tirarnos al piso”, recuerda Meléndez. Omar Mateen, el atacante, se acercó entonces adonde ellos estaban.  Los vidrios del local se rompían uno tras otro, mientras todos en el interior estaban desesperados por salir del lugar.

El primer disparo que recibió Leonel Meléndez impactó en su pierna izquierda y el segundo, el más dañino, en su cabeza. Perdió el conocimiento y cayó al suelo, esa noche 50 personas murieron, incluyendo al atacante, se registraron 53 heridos, entre ellos el nica. Meléndez ahora recibe terapia física tres veces por semana

Tres semanas después despertó en el hospital. Cuando se conectó por primera vez a Facebook después de lo que había pasado tenía 1,800 mensajes de apoyo de todas partes del mundo. 

Ayer se cumplieron cinco meses desde aquella funesta noche. Luego de consultar con su terapeuta, Leonel Meléndez decide hablar por primera vez con un medio de comunicación. En esta entrevista exclusiva cuenta cómo ha sido el proceso de recuperación y los planes  que tiene. 

Más: Difunden vídeos grabados por cámaras corporales en tiroteo de Orlando, EEUU

¿Qué recordás de esa noche antes que el primer disparo impactara en tu cuerpo?

Yo llegué a la discoteca Pulse poco antes de la medianoche con mi amigo y compañero de trabajo Javier Reyes, quien murió esa noche. En realidad no iba a salir porque tenía que trabajar el domingo, pero él me llamó y me convenció, además era la noche latina y pues me alisté y me fui. No quería ir también porque en Orlando las fiestas no son como en New York o Miami que acaban a las 5:00 a.m., sino a las 2:00 a.m. Recuerdo que me estaba tomando una cerveza y mi amigo se me acercó para decirme que había un tiroteo. No lo podía creer. En ese momento pego un grito y digo: “Aaaay mi pierna”. Omar Mateen me había disparado. Mi amigo me dice: “solo cállate y quédate en el suelo”, pero un segundo disparo me dio en la cabeza y perdí el conocimiento.

¿Habías ido a Pulse en ocasiones anteriores?

Sí, esa era como mi segunda o tercera vez que iba. La Policía dijo que Omar Mateen había asistido a la discoteca para estudiar el lugar, pero yo como te digo solo había ido dos o tres veces y nunca lo había visto. Mi amigo Javier Reyes tampoco lo había visto y eso que él iba mucho ahí.

Cuando te diste cuenta que había un tiroteo, ¿cuál fue el panorama en la disco?

Era un total caos. La gente pegaba gritos, todo el mundo estaba desesperado por salir. La música no paraba de sonar y algunas luces se apagaron. Había personas heridas y muchas caían al suelo. Pero desde que la bala me pegó en la cabeza no recuerdo nada hasta que desperté en el hospital. Los gastos hospitalarios se aproximaron al millón de dólares.

Era una noche latina, ¿aparte de tu amigo Javier conocías a otra de las víctimas? 

No. Solo a mi amigo Javier, pero él sí tenía muchas amistades y recuerdo que me presentó con unas personas pero no sé qué pasó con ellas. Ahora que recuerdo, esa noche también murieron dos amigos de mi amigo Javier, sabía quiénes eran porque lo llegaban a visitar al trabajo.

Al salir del hospital fue recibido por una parte de su familia¿Qué pensás de Omar Mateen, el atacante?

Ese tipo es un pobre desquiciado porque una persona normal no haría lo que él hizo. Estaba loco. Pero no tengo sentimientos de odio hacia él, no lo conocía y no soy el tipo de personas que juzga a los demás. Él esa misma noche pagó por lo que hizo, pues murió.

¿Cuánto tiempo estuviste en el hospital?

Estuve exactamente seis semanas. Entré el domingo 12 y salí hasta el 23 de julio. En ese tiempo estuve dos semanas en coma, otra semana en la que ya estaba consciente pero no sabía quién era. Mi mamá dice que deliraba, abría los ojos, me volvía a dormir, preguntaba dónde estaba y me volvía a dormir. No reconocí a nadie hasta el 3 de julio cuando llegó el equipo de baloncesto Magic de Orlando a visitarme.

¿Cuántas cirugías te hicieron y qué tipo de tratamiento recibís actualmente?

Fueron tres. Una en la pierna, otra en la cabeza y otra en el codo. Ahorita estoy yendo a terapias físicas tres veces por semana para volver a caminar más o menos igual o normal como lo hacía antes. No se sabe si en el futuro necesite otra cirugía, porque los tejidos de la pierna izquierda pueden no estar bien. 

Lea: Ascienden a 94 los muertos en tiroteos masivos en Estados Unidos en 2016

¿Qué tipo de secuelas te han quedado?

En la parte de la cabeza donde me hicieron la operación no me crece el cabello, por lo que me lo tienen que poner para ocultar la cicatriz. Perdí la audición completa de mi oído izquierdo. Pero ahora que ya pasó todo, los médicos me dicen “El milagro caminando”. Mi familia me cuenta que los médicos les decían que yo iba a quedar en estado vegetal, que no iba a ver, escuchar, hablar, caminar y fue todo lo contrario. Me dijeron que podía hablar hasta en seis meses y en realidad lo hice en seis semanas, y así he ido recuperándome poco a poco. 

Cuando estabas en el hospital tu familia me dijo que habían tomado la decisión de que cuando despertaras te dirían que tuviste un accidente y la verdad te la contarían después… ¿Al final fue así?

No fue necesario. Cuando me desperté lo hice conscientemente. Recordé todo. Pregunté dónde estaba y me di cuenta que en el hospital, pregunté por Javier y mi mamá no me dijo nada en ese momento, se quedaron callados. Asumí que estaba muerto y mi mamá me lo confirmó. Fue una noticia muy dolorosa, porque teníamos trabajando juntos como cuatro años y éramos muy amigos. Los dos estábamos ahí y al final hubiera deseado que los dos sobreviviéramos. Ahora estoy vivo y me toca seguir luchando.

Hubo muchas actividades para recaudar fondos y ayudarte, la gente se volcó en solidaridad con tu familia, ¿qué se siente?

Es algo muy bonito saber que mucha gente te quiere. Cuando ingresé por primera vez a Facebook después de lo que pasó, tenía 1,800 mensajes de personas de todas partes del mundo que yo no conozco: de España, Venezuela, Colombia, Nicaragua… Eran mensajes de solidaridad, oración y aliento.

¿Cuánto logró recaudar tu familia con las actividades?

La cifra exacta no la recuerdo pero sé que fueron más de US$20,000. Ese dinero se ocupó para cubrir todos mis gastos personales, además tengo una niña de seis años a la que le paso dinero. Tenía que pagar mi renta del apartamento, mis tarjetas de crédito, el carro…

¿El gobierno estadounidense les ayudó en algo?

Por supuesto. A toda mi familia le cubrieron todos los gastos de transporte, hospedaje y alimentación porque venía a Orlando desde New Orleans. Se portaron muy bien. Pagaron todos mis gastos del Hospital Regional de Orlando que fueron de casi un millón de dólares. A mí me atendieron todo tipo de especialistas y eso acá es carísimo.

¿Seguís manteniendo tu trabajo con la tienda Gucci?

Sí. La empresa se ha portado muy bien conmigo, desde el día de la masacre no he perdido mi trabajo y me siguen pagando mi mensualidad. Me dijeron que me recuperara y volvía al trabajo cuando estuviera bien. Tengo 17 años de trabajar con ellos y en mi trabajo son como mi familia. Incluso mis clientes de Gucci me demostraron todo el apoyo durante ese tiempo. Me mandaban flores, chocolates, mensajes de aliento y eso me dio fuerzas. Leonel Meléndez junto a Bella, su hija de seis años

¿Cómo fue el reencuentro con Bella, tu hija?

Fue un momento muy especial porque la extrañaba. A mi hija la amo mucho, a pesar de que me divorcié hace tres años y que ahora viva con su mamá. Mi hija es todo para mí. No haberla visto fue muy doloroso. En ese momento le di gracias a Dios porque estuve muy cerca de la muerte y ella todavía tenía con vida a su padre. La abracé muchísimo. 

¿Qué has aprendido después de todo lo sucedido?

Más que lección me queda mucha experiencia. Decirle a la gente que cuando uno se guía bien y cree en Dios, todo se puede vencer. A pesar de todo, yo siempre he creído en Dios y eso fue lo que me salvó. Me queda seguir echándole ganas y recuperarme. Siempre las cosas pasan por algo y solo le pido a Dios que me dé fuerza para seguir adelante. Entre las cosas que quiero hacer es ir a Nicaragua el próximo año porque tengo 18 años de no ir. 

También: Graban canción en honor a víctimas de Orlando

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus