Raúl Obregón
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

En las circunstancias actuales en las que se suceden hechos transcendentales para nuestro país, luego de la elección de autoridades nacionales, miles de mujeres y hombres interceden para que Dios desate bendiciones sobre Nicaragua, que todo se desarrolle en tranquilidad, y quienes sean electas(os) tengan la vocación de servir y no en ser servidos.

En este contexto, considero pertinente utilizar la columna de esta semana para transmitirles el siguiente decreto que me hizo llegar un apreciado amigo:   

La biblia dice que en nuestra boca está el poder de la vida y de la muerte, así que hablaré palabra de bendición y no de maldición. Mi boca no será prestada para expandir rumores, críticas destructivas, mentiras o falsas profecías de desastres o tribulaciones. 

Mi boca solo repetirá lo que Dios ha dicho para mi nación, por ello, en nombre de Cristo Jesús declaro que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, está sobre mi nación Nicaragua.

Profetizo que ninguna arma forjada prosperará contra ningún nicaragüense.

Decreto que ningún espíritu de oscuridad podrá derribar los muros de avivamiento construidos junto al Espíritu Santo porque Dios ha escuchado nuestro clamor.

Anuncio que Nicaragua es tierra de paz y no de guerra, porque aquí habita Dios.

Afirmo que los corazones de los nicaragüenses se vuelven al único y verdadero Dios, creador del cielo y de la tierra, a su hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo.

Establezco que la única sangre que se derramará en nuestro país y que correrá por calles, pueblos y ciudades será la de Jesús, que es la única que tiene el poder de restaurar, sanar y liberar.

Imparto vida y vida en abundancia sobre mi amada Nicaragua, porque Jesucristo es su Rey.

Irrumpo en las tinieblas para establecer que Nicaragua es templo y morada del espíritu santo, porque en cada corazón nicaragüense habita él.

Sello la palabra para declarar que la cultura de este país será transformada a través de su culto genuino y verdadero al único que dio su vida en un madero, nuestro señor Jesús.

Levanto mi voz para decretar que el peso de Gloria de Dios inunda mi nación y por tanto, la prosperidad del cielo será sobre todo el territorio nicaragüense.

Bendigo a Nicaragua decretando que la economía de este país y sus riquezas, se elevarán con el propósito de inundar al mundo entero con la palaba de Dios y la gloria postrera de esta nación será mucho mayor que la primera.

Santifico Nicaragua y declaro que no faltará alimento en los hogares de nicaragüenses y extranjeros que viven aquí porque no habrá justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan.

Declaro que en el nombre de Jesús, la escasez y la pobreza desaparecen de este país porque todo este pueblo nicaragüense ha sido llamado y constituido pueblo de Dios.

Reprendo todo plan del enemigo y digo que sucumbe y queda atado y enterrado por la inmensa gloria de Dios que está inundando esta hermosa tierra de gracia.

Amado hermano, tu palabra tiene poder, úsala para desatar las bendiciones de Dios sobre este hermoso país llamado Nicaragua, bendecidos para bendecir.

Pásalo, somos muchos unidos en oración por Nicaragua.

Queremos saber de Ud. Le invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus