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Solo el 13% de los hombres nicaragüenses creen que asesinar a una mujer es violencia. Así lo demuestra el estudio “Violencia contra las mujeres: percepciones, realidades y pistas para el cambio”, presentado ayer por el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), Puntos de Encuentro y la Fundación Luciérnaga.

El dato es considerado como positivo por Douglas Mendoza, coordinador del Programa de masculinidades de Puntos de Encuentro, “porque hasta hace cinco años el porcentaje era de 0%”.

Elvira Cuadra, directora del Ieepp, dice que el nuevo porcentaje “es significativo porque revela que las constantes campañas que realizan las organizaciones, han calado en la forma de pensar de los hombres en relación a las formas de violencia que ejercen sobre las mujeres”.

Sin embargo, la organización Católicas por el Derecho a Decidir calcula que en este año, 44 mujeres han sido asesinadas en lo que va del año, solamente una menos que el mismo periodo del año pasado. Cuadra opina que el cambio de las mentalidades implica un cambio cultural de fondo “y eso no se logra de un día para otro”.

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A Mirna Blandón, del Movimiento Feminista de Nicaragua (MFN), el dato le deja un sabor agridulce. Por un lado, acepta el avance y el impacto que han tenido las acciones emprendidas contra la violencia hacia las mujeres. Pero por otro lado, cree que el número debería ser mayor. “Esto evidencia que la gran mayoría de los hombres no cree que golpear a una mujer es violentar un derecho humano”, dice. 

El estudio realizado a través de encuestas y grupos focales a 1,700 personas de todo el país, revela que “las actitudes machistas y de violencia contras las mujeres están presentes en lo cotidiano y que además se fomentan”, asegura Marvin Mayorga, uno de los investigadores.

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Mayorga sostienen que los participantes refieren que “hay una imperante necesidad de demostrar la hombría en el plano físico (fortaleza física, aguantar bebidas alcohólicas, no sentir dolor), en el plano emocional (no llorar, no enamorarse, no ser afectuoso). También en el plano sexual (no usar condón, tener muchas parejas sexuales), en la familia (llevar amigos a la casa, la mujer debe atenderlos siempre y no debe reclamar nada en público)”.

Juanita Jiménez, coordinadora del estudio, estima que otro de los principales hallazgos es que “se identificó la falta de aplicación de la Ley 779”.

El retroceso percibido por las mujeres, según Jiménez, se da al anular de la Ley el modelo de atención integral (MAI). “Funcionarios y funcionarias de la ruta de justicia y abogadas de las organizaciones opinan que las mejores condiciones para la aplicación de la Ley dependen de que vuelva a funcionar el Sistema de Atención Especializado para las víctimas de violencia”, explica.

“Si la mayor parte de los femicidas anda libre, el piropo a las mujeres no es castigado, si en la educación no se incluye un modelo de igualdad entonces se está promoviendo impunidad de desde la infancia”, afirma Mirna Blandón.

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