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El cine ha sido una herramienta para que Rossana Lacayo muestre otras realidades, como la lucha de las mujeres en el Caribe por preservar su cultura y tradición, y los  relatos, los mágicos y relevantes sobre el majestuoso río San Juan.  

Lacayo estima que Nicaragua ha evolucionado en el séptimo arte, pero insiste en que debe activarse la Ley de Cinematografía y de las Artes visuales para contar con un fondo y que los nuevos realizadores puedan desarrollar sus producciones.

La premiada cineasta, que estudió Economía en  la Universidad de Duke (EE.UU.), conversó con El Nuevo Diario y reveló que a los 16 años tuvo su primera exposición fotográfica en el antiguo Centro Banic, una profesión que le apasionaba desde pequeña y la ha llevado hasta lo que es hoy: una pionera del cine nicaragüense.

¿Cómo llegó a convertirse en cineasta si era economista?

Yo me gradué de la universidad en junio del año 1979 y decidí venirme a Nicaragua. La banca en ese momento no estaba bien organizada porque estábamos en la Revolución, entonces decidí irme a trabajar en el Ministerio de Cultura como fotógrafa  y me aceptaron. Me quedé trabajando seis meses, pero la verdad es que los bancos no se estabilizaron y yo me metí más en la fotografía, que era lo otro que me gustaba hacer. Luego en el Ministerio llegó un momento en que la mayoría de las fotografías eran más de protocolo y me estaba estancando.

En ese momento, ¿pensó en Incine (Instituto Nicaragüense de Cine)?

Fue entonces que pedí el traslado a Incine, pues quería incursionar en la fotografía de cine. Me trasladaron y ahí comencé a trabajar en las películas que se estaban haciendo. Tuve la oportunidad de trabajar en producciones grandes como: “Alsino y el Cóndor”, de Miguel Littín, en ‘Walker’, ‘Sandino’, pero siempre como fotógrafa.

Como fotógrafa corrió peligro en una cobertura en El Salvador, ¿cómo fue?

Mientras estaba en Incine me pidieron que fuera a tomar fotos a El Salvador, precisamente de la Secretaría de Propaganda porque fue cuando hubo una masacre, en 1981. Me fui a tomar las fotografías, pero como yo no estaba acreditada como periodista  me vieron como sospechosa y tuve que salir de El Salvador en avioneta porque ya me andaban siguiendo. De suerte una gente que estaba infiltrada nos avisó que nos  iban a llegar a recoger  porque me imagino que me ligaron con el Frente (Sandinista de Liberación Nacional).  Luego de esto decidí que era hora de hacer algo propio.

¿Cuál fue su primer documental?

En diciembre de 1982 leí en el periódico que venía una brigada por la paz de viejitos llamados Brigada Abraham Lincoln. Eran señores  como de 80 años que habían  luchado en la guerra civil española, eran pacifistas y toda su vida  se habían dedicado a luchar por la paz, entonces lo miré interesante y lo propuse a Incine.

Fui al aeropuerto, estuve con ellos y elaboré como un pre guión de lo que quería filmar y me lo aprobaron. El título era “Estos sí pasarán”. El documental es bonito porque a ellos se unieron gente joven y artistas, entonces yo hice un documental donde se mezcla la experiencia de las dos culturas.

Tuvo mucho éxito a nivel internacional.

El documental es muy poético, pues ellos tenían una filosofía de paz de la vida. Ese trabajo fue aceptado en el Montreal World Film Festival, uno de los festivales donde los documentales que son aceptados después los invitan a participar a los Premios Óscar, no es nominación, solo son invitados a participar. En ese momento no le miré la importancia que fuera ahí,  me aceptaron como directora y me quedé haciendo cine.

¿Cuántas producciones realizó en Incine?

Como 18 documentales, entre ellos uno de Ernesto Cardenal titulado “Vida en el Amor”; otro, de las mujeres intelectuales de esa época, de cómo estaba el feminismo, pues eran momentos muy difíciles porque no se podía hablar de feminismo ni de la lucha de la mujer porque estaba la guerra, ese documental se llama “Escuchemos a las mujeres”, uno sobre Leoncio Sáenz entre otros.

¿Cuándo nació la idea de crear Gota Films?

Cuando ganó doña Violeta (Barrios de Chamorro) hubo un cambio y dejó de existir Incine, entonces cada uno comenzó hacer su producción. Pero desde antes ya comenzábamos a trabajar independiente porque ya no había tanto dinero, pues al inicio Cuba nos donaba todo, luego entró en crisis y ya no había para todos. Cuando terminó la Revolución trabajamos buscando financiamiento y conformé Gota Films (1991). Ese año yo me casé con el que ahora es productor, que a su vez era agregado cultural en la Embajada de España,  José Luis Herguedas.

Nos conocimos porque él tenía que ver con cultura, entonces  dejó de trabajar en la embajada, nos casamos y creamos la compañía.

¿Cuál es el género de sus producciones y qué las caracteriza?

La mayoría de mis trabajos casi siempre vienen por la fotografía, sin embargo el tema de la mujer siempre me ha interesado. En el caso de ‘San Francisco en La Chureca’ inició con un trabajo de fotografía que yo realicé en ese lugar después de leer que La Chureca era uno de los siete infiernos en el mundo. Luego el filme Pikineras surgió de una plática con una amiga que trabaja en el Banco Mundial y me dijo que acaba de venir de los Cayos Miskitos, que ahí es prohibida la entrada a sus casas a las mujeres que tienen la menstruación, pues existe la creencia de los Miskitos que la mujer, cuando tiene la menstruación, aleja a la langosta.

Además de mostrar estA realidad ¿cuál es el otro objetivo? ¿los festivales?

El proyecto no es solo hacer la película y tampoco los festival,  que es solo una vía. Todas mis películas después que las hago las llevo a las comunidades para que otras mujeres que vean que sí se puede lograr. Las Pikineras lograron lanchas  y créditos después, que vean que juntas se pueden conseguir cambios. El documental  tiene su propósito.

¿Cuál es el mayor obstáculo para hacer cine en el país?

Todavía sigue siendo el dinero, por eso que nosotros como ANCI (Asociación Nicaragüense de Cinematografía) apoyamos la Ley de Cinematografía y de las Artes visuales, donde lo  que proponemos es que el 0.1% de las entradas a los cines vaya destinado a un fondo de cine y que con ese fondo se pueda dar dinero a los jóvenes que quieren hacer cine.  La ley ya está aprobada en la Asamblea Nacional pero no se ejecuta y el gobierno tiene que dar parte para que este fondo funcione.

¿Cómo valora usted el desarrollo del cine en Nicaragua?

Yo creo que hay avances y fondos afuera que ahora se están utilizando más. Creo que el año próximo se presentarán cuatro documentales apoyados con estos recursos. Otro problema es que no hay escuela de cine, hasta ahora que la Cinemateca Nacional ha creado el Centro Nicaragüense de Enseñanza Audiovisual  y Cinematográfica (Cneac). Con esta iniciativa espero que haya más personas  y se popularice.  

¿Qué le parece el papel de la Cinemateca?

La Cinemateca está trabajando muy bien en el apoyo, y tengo la esperanza que comencemos a trabajar para que la ley funcione. El Frente (Sandinista de Liberación Nacional) siempre ha tenido un interés en la cultura, así que todo es trabajar y ver cómo se solucionan las cosas para que caminen.

Actualmente realiza otro documental, ¿de qué se trata?

Luego de Pikineras me quedó la necesidad de investigar sobre las mujeres miskitas y mayagnas que viven en el río Coco, que tienen otras culturas y tradiciones.  Ahorita acabo de filmar un congreso  de 800 mujeres miskitas que están peleando para guardar su cultura y defendiendo el medioambiente. Muchas veces en los diarios sale que las mujeres miskitas venden a los niños y hay trueque, pero no sacan que sí hay mujeres que se van, por ejemplo el personaje mío que se llama Elidubina, ella se va a Honduras a quitarle las niñas al narcotráfico. Muchas veces los medios no sacan la otra versión y es  lo que quiero hacer.

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