Raúl Obregón
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En los últimos días nuestro país ha sido asediado por fenómenos naturales. Pese a que sabemos que pueden ocurrir, posiblemente a muchas personas nos generan angustia, preocupación, ansiedad y hasta temor.

Estos sucesos, por lo general inesperados, nos hacen saber lo vulnerable que somos. Pero hemos aprendido que cuando la solución no está en nuestras manos, es momento de activar el maravilloso poder de la fe. 

En nuestro país, centenares de miles sabemos que ante la adversidad debemos confiar y esperar en Dios. 

Posiblemente en los primeros momentos de las malas noticias nos sentimos abrumados, sin embargo, como personas que vivimos bajo el poder de la fe, confiamos plenamente en Jesucristo. 

Antes, durante y después de la crisis miles de personas, independiente de credos religiosos, hemos estado unidos en oración, clamando para que estos fenómenos naturales, particularmente el huracán que afectó al país, no causaran daños humanos.

La oración en unidad con un propósito agradable al Señor, el trabajo realizado por las autoridades, tanto gubernamentales como civiles,  más el alto grado de responsabilidad y disciplina de la población acatando las orientaciones de las autoridades, han hecho posible que las afectaciones materiales hayan sido menores a lo que se esperaba y más importante aún, no hemos tenido pérdidas humanas. Una publicación del viernes 25 (un  día después) daba la buena noticia: “Nicaragua sale casi ilesa”. 

Hay quienes se preguntan: ¿por qué Dios permite que sucedan estas cosas? 

La respuesta que nosotros ofrecemos, es que la promesa de Él no es que tendremos una vida de comodidades continuas, tampoco que estaremos exentos de experimentar situaciones de peligro o de dolor o que nos evitará atravesar tormentas y tempestades que se presentan en la vida. 

De lo que sí podemos estar seguros en estas circunstancias de peligro es que Él promete estar con nosotros y que nada podrá impedir que cumplamos con el propósito para el cual hemos venido a esta tierra. 

La promesa  la podemos encontrar en el salmo 91, que dice: “Por cuanto en mi has puesto tu amor, yo te libraré; te pondré en alto por cuanto has conocido mi nombre. Me invocarás y yo te responderé; contigo estaré en la angustia; te libraré y te glorificaré. Te daré larga vida y te mostraré mi salvación”.

Después de la tempestad viene la calma dice la sabiduría popular, y efectivamente, luego de días de incertidumbre, ansiedad y angustia, la tranquilidad poco a poco vuelve, y todo regresa a la normalidad. ¡Para honra y gloria de Dios! 

Amiga, amigo, por muy difíciles que sean las circunstancias que nos toque enfrentar, debemos disponernos a vivir bajo el poder de la fe, si lo hacemos, nos llenaremos de confianza en la promesa que Él nos hace, que estará con nosotros en la angustia y enfrentaremos estas situaciones adversas con una actitud adecuada.

Amiga, amigo, invite a Jesús a su vida, dígale: Señor Jesús, abro mi corazón y le acepto como señor y salvador de mi vida, lléneme de fe, déme serenidad para aceptar las cosas que no pueda cambiar, deme valor para cambiar las que pueda y deme sabiduría para establecer la diferencia. Señor, en Usted confío. 

Queremos saber de ustedes. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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