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Junio de 1979. Martín Gutiérrez, con 14 años de edad, viaja con sus padres a Estados Unidos de vacaciones por dos semanas, pero se quedan a vivir allá donde reciben asilo político debido al cambio de Gobierno en Nicaragua como consecuencia de una insurrección.

Treinta y ocho años después, Gutiérrez es director de la División para Caridades Católicas en la Arquidiócesis de Nueva Orleans y una de sus funciones es defender los derechos de los inmigrantes, en especial de hispanos indocumentados.Martín Gutiérrez Robleto con niños atendidos por Caridades Católicas de Nueva Orleans.

El joven que cursaba el segundo año de secundaria en el colegio Calasanz cuando se fue de Managua, logró en Estados Unidos graduarse en administración de empresas e iniciar una carrera profesional en un banco, hasta el día en que, sin esperarlo, fue nombrado director del Apostolado Hispano de Nueva Orleans.

Judi, su esposa desde hace 28 años, también es inmigrante; nació en Cuba y salió de la isla con cuatro años de edad. “Me llena de gozo el poder ser parte de los esfuerzos que hace la Iglesia católica para promover una reforma migratoria comprensiva”, comenta Martín.

 

¿Cómo llegaste a dirigir la División de Caridades Católicas?

Trabajo para la Arquidiócesis de New Orleans desde 1997. Comencé como director del Apostolado Hispano o ministerio hispano a nivel diocesano, responsable por servicios sociales y pastorales. A través del tiempo he tenido la oportunidad de tomar posiciones con más responsabilidades; ahora tengo bajo mi cargo programas de servicio a la comunidad en general.

¿Qué relación tiene tu trabajo actual con tu experiencia de cuando empezaste a vivir en Estados Unidos?

Para mí es un honor y privilegio el poder trabajar por el bienestar de la comunidad en general, pero de manera especial por los inmigrantes y refugiados, especialmente los inmigrantes de Latinoamérica. La historia de mi familia se repite muchas veces diariamente. Mi experiencia propia como inmigrante me ayuda a identificarme con las personas a las cuales servimos.

¿Qué tipo de apoyo has dado a migrantes indocumentados?

De izquierda a derecha, Martin Gutiérrez Jr. y su esposa Nubia; Martín Gutiérrez Robleto, su esposa Judi y sus hijos menores: Jazmín y Andrew.Gracias a mi trabajo con la Arquidiócesis de New Orleans he tenido la oportunidad de involucrarme en muchos proyectos, he planeado, diseñado, coordinado e implementado iniciativas de diferentes tipos, tales como servicios legales de inmigración, clases de inglés, acceso a cuidado médico, derechos de los trabajadores, vivienda y espirituales. Estoy orgulloso del trabajo que con muchos otros hacemos por defender los derechos de los inmigrantes. De manera especial me llena de gozo el poder ser parte de los esfuerzos que hace la iglesia Católica para promover una reforma migratoria comprensiva, que sea justa y que tome en cuenta la dignidad de cada persona y la unidad de familias.

En este momento la situación de los indocumentados parece más difícil, ¿Cómo la ves?

No es la primera vez que los inmigrantes, sean indocumentados o no, se encuentran en una situación tal como la que se vive en los Estados Unidos. Quizás la tecnología moderna y las redes sociales intensifican la incertidumbre que hay en el ambiente. Esto causa mucho temor y ansiedad. Ya tengo 20 años de abogar por los inmigrantes, hay días en que me siento más abrumado que otros, pero mi fe me da esperanza de que un día no muy lejano nuestros líderes en el Congreso y en la Casa Blanca tengan la valentía para arreglar el sistema migratorio dentro de los Estados Unidos. No podemos olvidar que además de los factores que atraen a que personas vengan a los Estados Unidos, también hay factores dentro de los países de origen de los inmigrantes que los empujan y obligan a salir de sus países. Hasta que no lleguemos a las raíces del problema, tanto en los Estados Unidos como en los otros países, siempre vamos a tener este problema.

Te reuniste con el presidente Bush. ¿Cómo fue esa experiencia?Excelencia en Servicio Comunitario es una de las distinciones recibidas por el nicaragüense Martín Gutiérrez en Nueva Orleans.

Tuve la oportunidad de participar en dos reuniones con el presidente (George W) Bush. La primera vez fue en 2004, fui invitado a participar en una reunión en la cual estuvieron presentes líderes de diferentes denominaciones religiosas. Fuimos solamente 15 personas, las que estuvieron presentes. El presidente Bush habló acerca de la importancia del trabajo que el Gobierno y las instituciones religiosas llevan a cabo de una manera colaborativa. Me acuerdo que ese día yo le agradecí al presidente Bush el haber hecho una reforma migratoria, unas de sus prioridades en aquel entonces. Lamentablemente la reforma no se pudo lograr. En 2008 recibí invitación de la Casa Blanca para ser parte de un almuerzo de trabajo con el presidente Bush, miembros de su gabinete, el gobernador de Luisiana y varios líderes políticos del área metropolitana de New Orleans. El tema de esta reunión fue la reconstrucción de New Orleans, necesaria después de la destrucción que causo el huracán Katrina en 2005. Esta vez yo hice relucir la contribución y el trabajo que miles de inmigrantes hicieron en la reconstrucción de nuestras comunidades. Creo que fue importante que el presidente Bush, y quizás más importante para los líderes locales, que reconocieran que sin los inmigrantes New Orleans no se recuperaría tan rápido como se esperaba.

¿Por qué te dieron la distinción Excelencia en Servicio Comunitario?

En el 2015 la Cámara de Comercio Hispana de Luisiana me concedió este premio, en reconocimiento por mis años de dedicación, compromiso y servicio a la comunidad hispana.

Estudiaste administración y trabajaste en bancos, ¿Por qué pasaste del mundo de los negocios al de la misión católica?

El hombre propone y Dios dispone. Cuando era más joven mi meta profesional era llegar a ser presidente de un banco. Comienzo a trabajar en un banco a los 16 años. A los 19 ya tenía la posición de subgerente de una pequeña sucursal del mismo banco. Después de trabajar 13 años en bancos, decidí cambiar el rumbo y explorar abrir mi propio negocio de importación y exportación. Mientras estaba explorando lo del negocio, alguien me pidió que considerara aplicar para la posición de director del Apostolado Hispano. Al principio me negué a hacerlo, pero después de la tercera invitación decidí aplicar pensando que quizás era un llamado de Dios. Me escogieron como director en 1997. Mi esposa y yo hicimos un acuerdo de solo dedicarle dos años al apostolado, debido a que el salario era muy poco y teníamos responsabilidades con nuestros tres hijos. Poco a poco me fui enamorando de la misión de la Iglesia, especialmente hacia los inmigrantes.  Ha sido un proceso de conversión personal para mí, han pasado dos décadas y estoy convencido que sí fue un llamado de Dios.

¿Cuánto esfuerzo y cuánto sacrificio has tenido que hacer para alcanzar tus metas?

Desde joven he llevado mi vida de manera ordenada, de acuerdo a las prioridades o metas que me he puesto en frente. En muchas ocasiones, sin darme cuenta, Dios me ha llevado de la mano guiándome. Ya a los 51 años, tengo la convicción de que realmente no se trata de identificar mis prioridades o metas, más que todo se trata de discernir cuál es el plan que Dios tiene para mí y es mi responsabilidad el implementarlo. Esto es cosa seria, toma mucho esfuerzo, sabiduría, reflexión y oración.  No incluyo la palabra “sacrificio” porque al aceptar la voluntad de Dios lo que yo dejo a un lado no es tan importante. El poner lo que quiere Dios de mí primero, me libera de mis limitaciones y me llena de paz y gozo.

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Se te considera una voz importante de la comunidad latina en Nueva Orleans, ¿Qué significa eso?

Es algo que acepto con mucha honra y responsabilidad. Por la gracia de Dios, he sido una voz con influencia e importancia para aquellos quienes por diferentes razones no están en posición de abogar por ellos mismos.

Me dijiste que te preparas para ser diácono, ¿Por qué?

Estoy en el proceso de discernir si Dios y la Iglesia me llaman a servir al pueblo de Dios como diácono. Es un período de cinco años que culminaría con la ordenación en junio del 2018. El llamado a ser diácono, para mí, es una oferta a profundizar mi relación, compromiso y amor con Dios.

¿Qué caminos han seguido tus hijos?

Mi esposa Judi y yo tenemos 3 hijos. Martín, 25, está casado con una hondureña, Nubia. Ellos esperan a nuestra primera nieta en pocas semanas. Martín, desde que se graduó de la universidad trabaja como agente de policía en el departamento de narcóticos, para una agencia local. Andrew, 23, después de graduarse de la universidad comenzó los estudios para el sacerdocio en el Seminario Católico de New Orleans. Jazmín, 21, se graduará de la universidad este año con un diploma en psicología. Luego seguirá sus estudios para alcanzar una maestría en consejería. Estoy muy orgulloso de cada uno de mis hijos.

Cada uno ha decidido seguir una profesión de servicio a los demás. No serán millonarios pero creo que sí tendrán una vida llena de gozo y satisfacción.  

¿Cómo defines el éxito?

En manera personal, el éxito es poder ver claramente cuál es el plan de Dios para mí y yo poder hacerlo realidad.

En 2010 el Concilio de Liderazgo te seleccionó como Modelo a Seguir, ¿Qué responsabilidades implica eso?

Nos guste o no, las personas se fijan en lo que uno hace o no hace. Siempre he tratado de llevar mi vida de una manera ordenada, esto ha hecho posible de que haya podido aprovechar las oportunidades que la vida me ha ofrecido. Todos somos llamados a ser sal y luz donde estemos.  Es mi responsabilidad hacer lo que yo pueda, dentro de mis capacidades, para mejorar la calidad de vida en el área donde vivo. Si esto es causa de reconocimiento, lo acepto en el nombre de muchas personas con las cuales he servido.

¿Cuál ha sido tu relación con Nicaragua?

De mis 51 años, solamente 14 pasé en Nicaragua. Mis raíces son nicas. Me considero nicaragüense de nacimiento y estadounidense de adopción. Pasaron muchos años sin que yo regresara a Nicaragua; en diciembre del 2015 regresé. Visitar Nicaragua, a familiares, amigos, la casa donde crecí, mi escuela y otros lugares, me permitió completar ciertos capítulos que quedaron pendientes por mucho tiempo. Al mismo tiempo, comenzar nuevos capítulos que ahora necesitan mi atención.  Estoy muy orgulloso de ser nicaragüense y también orgulloso de ser ciudadano de los Estados Unidos. Te confieso que hay días que siento como que “no soy de aquí ni soy de allá”, pero siempre me acuerdo que mi hogar está donde esté mi corazón.

Algunos nicaragüenses piensan en ir a Estados Unidos y quedarse indocumentados, ¿Qué les aconsejarías?

Creo que cada persona tiene el derecho a emigrar cuando la situación o las oportunidades en el país de origen no son apropiadas para la seguridad y el bienestar de la persona o familia. La vida en los Estados Unidos, para los inmigrantes, especialmente indocumentados, es difícil. Conozco muchos casos en los cuales las personas se han arrepentido de haber venido a los Estos Unidos y haberse quedado indocumentados. Pero cada caso es diferente. También conozco a muchos que se han beneficiado y el haber venido fue la decisión correcta. Todavía hay mucha gente con malas intenciones que engañan a los que necesitan salir de sus países; hay que tener mucho cuidado, ya estando aquí también hay peligro de caer en situaciones muy difíciles, sin olvidar que el trayecto hacia la frontera con Estados Unidos también puede ser peligroso. Otra cosa que me duele ver, es lo mucho que se sufre cuando uno está separado de sus seres queridos; esta soledad también puede llevar a personas a buscar el alivio en las drogas, alcohol y otras situaciones que causan problemas.  Hay que considerar todas las consecuencias.

 

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