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Álvaro Fonseca ha pasado los últimos 12 años de su vida en Copenhague, Dinamarca, donde llegó a estudiar una maestría en Ingeniería ambiental. Hoy se destaca en la compañía sueca Sweco —que tiene más de 14,000 colaboradores— como asesor principal en adaptación al cambio climático y resiliencia urbana.

Su rol en la empresa le ha llevado a trabajar en proyectos de esta índole en Bangladesh, Turquía, Sarajevo, Estocolmo, Uruguay y Honduras. En esta entrevista cuenta cómo llegó a ese país, los obstáculos que superó durante su especialización y los retos que a su criterio hay en el país en materia de adaptación climática y resiliencia urbana.Trabaja en la empresa sueca Sweco.

¿Cuál fue tu formación en Nicaragua?

 Soy ingeniero civil de la UNI. Estudié en el IES e hice mi tesis de grado en temas medioambientales junto con un buen amigo mío, que de hecho también ha emigrado y vive hoy en día en Holanda. Nuestro tutor fue el respetado Dr. José Antonio Milán. Trabajar bajo su tutela fue una experiencia inolvidable, y para mí fue una inspiración y la confirmación final de que quería especializarme en temas medioambientales.

¿Hace cuánto estás en Dinamarca y cómo llegaste ahí?

Estoy aquí desde el año 2005. Vine a hacer una maestría en Ingeniería ambiental en la Universidad Técnica de Dinamarca, pero también vine porque mi esposa, con la que me casé en Nicaragua en 2004 es danesa.

Mi esposa también estaba comenzando su maestría en Antropología en la Universidad de Copenhague y a pesar que ella recibía los beneficios del Estado (en concepto de un “salario estudiantil”), no era suficiente para el costo de la vida en Dinamarca, uno de los países más caros del mundo. Mis suegros nos ayudaron bastante y sin ellos todo esto no hubiese sido posible.

En aquel entonces, 2005, el Estado danés todavía tenía la política de educación gratuita a todo mundo, independientemente si eras europeo o no. Ante todo tenías que ser aceptado en la universidad, que de por sí es un reto por el alto nivel académico que tiene. Lo que uno debía costearse, que no era poca cosa, era su propia manutención y los libros. de estudio.

Hay que entender la lógica de esto. Fue una inversión de parte del Estado danés. Al invertir en esos dos años de mi maestría (y en la de muchos otros estudiantes extranjeros), la apuesta era que yo me quedara en Dinamarca trabajando y contribuyendo al desarrollo de la sociedad y a las finanzas públicas con el pago de impuestos. Y ha sido tremenda inversión: ya llevo casi nueve años trabajando y contribuyendo en Dinamarca. Bueno, y si contamos los tres niños que tengo junto con María, los beneficios a largo plazo aún son mayores, porque serán ellos los que financien el bienestar de las generaciones mayores.

¿En qué consiste tu rol en la empresa para la que trabajas?

Desde que terminé la maestría he trabajado en la misma empresa, ya casi son nueve años. Obtuve una posición fija luego de enviar una aplicación y de pasar un par de entrevistas. En aquel momento, mediados de 2008, la demanda de ingenieros con mi perfil era enorme. Recuerdo que, incluso para la defensa de mi tesis de maestría, llegó una señora que no conocía y se sentó todo el tiempo en una esquina del auditorio escuchando atentamente mi disertación. Al final de todo, se me acercó para felicitarme y se presentó como jefa del departamento de aguas urbanas de una empresa consultora danesa, y había llegado a mi defensa a preguntarme si quería tener una entrevista de trabajo. Yo conocía la empresa y sabía que no era para mí porque siempre tuve claro que quería trabajar en una empresa con una proyección internacional importante y no solamente enfocada en el mercado danés. Sin embargo me pareció impactante que una persona como ella, seguramente ocupadísima con proyectos y administración de personal, se tomara un par de horas para escuchar a un estudiante.

A las tres semanas de haber defendido mi tesis comencé a trabajar en Sweco. Entré como ingeniero hidráulico en un proyecto de una autopista en Dinamarca de 12 kilómetros. Un proyecto enorme, porque era una combinación de expansión de la actual autopista y un tramo que era absolutamente nuevo. Una inversión altísima. Lo diseñamos todo en tres dimensiones (3D) y mi rol era hacer el diseño y la simulación de las estructuras de drenaje de toda la autopista y de las carreteras y calles secundarias. Fue un proyecto interesante y me permitió entrar en la empresa, pero lo tenía claro que no era eso lo que quería hacer. Así que después de un poco más de un año salí del proyecto (que ya estaba a punto de terminar) y comencé a trabajar en temas de planificación urbana, sostenibilidad, sistemas de drenaje sostenible y adaptación al cambio climático. Todo esto desde la esfera de la planificación, como planes maestros para ciudades, planes estratégicos de inversión en infraestructura, “smart cities”, planes de gestión de aguas urbanas, etc.

Actualmente soy asesor principal en adaptación al cambio climático y resiliencia urbana. Mi base está en Dinamarca, trabajando con ciudades danesas, pero ya llevo más de cinco años involucrado en proyectos internacionales, principalmente en ciudades asiáticas. Esto me ha llevado a viajar mucho por Asia Central, y el sudeste asiático. Bangladesh y Kirguistán son dos de los países en donde más desarrollo proyectos.

También he trabajado en Turquía, Sarajevo, Estocolmo e incluso un par de proyectos en Uruguay y Honduras. No viajo en todos los proyectos, mi rol algunas veces es pequeño y no requiere viajar, aunque en Asia Central he tenido proyectos grandes con mucho impacto en el desarrollo de las comunidades en áreas montañosas, en donde los riesgos de inundaciones por el descongelamiento acelerado de los glaciares y depósitos de hielo son enormes..

Mi esposa en este sentido ha sido fundamental para mi desarrollo profesional. Ella es la que carga con la familia cuando ando fuera y cuando trabajo mucho preparando y desarrollando proyectos. Sin ella no estaría donde estoy y nuestra familia no estaría tan cohesionada. Tener tres niños pequeños es una bendición, pero también es una carga sustancial; desde la logística, sus necesidades personales y materiales, el tiempo de calidad que necesitan con nosotros, todo eso requiere tiempo y esfuerzo.  

¿Qué tan difícil fue para un extranjero, especialmente uno proveniente de un país en vías de desarrollo lograr alcanzar un puesto como el que  desempeñas actualmente?

Todo se trata del nivel de educación que tengas. Lo difícil fue la maestría, eso me costó muchísimo, principalmente por el nivel que traía de Nicaragua. La ingeniería ambiental es una profesión multidisciplinaria, complicada en sus temas esenciales y con sinergias con otros campos, como la legislación ambiental, la planificación urbana y la gestión de cuencas. Mi nivel al comenzar la maestría era bajísimo. Especialmente en la aplicación de conocimientos, tanto en la química como en temas de contaminación y remediación de suelos. Tuve que buscar cómo nivelarme estudiando muchas horas extras durante las noches, fines de semana enteros leyendo libros básicos de química ambiental, de hidrología.

Haciendo ejercicios con temas de aplicación de teorías, cálculos elementales que simplemente no había aprendido a realizar en la UNI. Todo ese esfuerzo fue para intentar tener al menos un nivel parecido al de los otros estudiantes. Así que sacar la maestría fue un esfuerzo enorme, pero gratificante.

El tema difícil en términos generales, pero especialmente laborales, fue el idioma: el danés. Un lengua complicadísimo. Durante mi maestría (que era en inglés), tomé clases de danés dos veces a la semana por las noches. Cuando terminé la maestría ya tenía un buen nivel, pero todavía no hablaba fluido y seguía comunicándome principalmente en inglés. Mi entrevista de trabajo, que fue completamente en danés, la tuve incluso antes de tomar el examen final de danés. Comenzar a trabajar en danés fue muy complicado, a pesar que ya tenía un buen nivel. Pero poco a poco lo fui asimilando y a los seis meses ya prácticamente estaba hablando y escribiendo lo suficientemente bien para comenzar a tener pequeñas interacciones con clientes, de manera directa y sin intermediarios.

El apoyo de mi esposa y de mi familia danesa ha sido en este sentido fundamental. Fueron ellos los que me empujaban todo el tiempo a intentar hablar, a no ser tímido y buscar cómo darme a entender.

No hay que achicarse con esa etiqueta de “países en vías de desarrollo”. La educación es fundamental y yo he sido bendecido al recibir una educación muy buena en Nicaragua, especialmente el haber venido a Dinamarca con un buen nivel de inglés. Eso me ayudó muchísimo.  

¿Qué criterios deben cumplir los proyectos que has ayudado a implementar en términos de adaptación climática y resiliencia urbana, especialmente al tratarse de obras de gran envergadura?

 Los proyectos cubren los criterios que definen los formuladores de los proyectos, que son los clientes y los financiadores, que puede ser el mismo cliente o algún organismo donante como el Banco Mundial. Como consultor tengo limitada influencia en la formulación de los proyectos; mi rol está primordialmente en la implementación de las metas establecidas en los términos de referencia de cualquier proyecto.

En términos de adaptación al cambio climático (que de por cierto es algo muy diferente a “adaptación climática”) en ciudades, los proyectos en los que trabajo se enfocan en soluciones “blue-green”, es decir, soluciones o estructuras que además de cumplir la función técnica, también le den un valor agregado a la comunidad. Un ejemplo típico tiene que ver con los problemas de inundaciones, causadas por el incremento en la frecuencia de los eventos extremos (lluvias extremas más frecuentes que antes). Para lidiar con estos eventos se requieren estructuras de almacenamiento de agua, generalmente grandes. Una solución puede ser la construcción de lagos artificiales distribuidos de manera inteligente en la ciudad. La otra dimensión de este campo tiene que ver con la protección de las inversiones, de la infraestructura. Una carretera, una estación de bombeo de drenaje pluvial, una planta de tratamiento de aguas residuales.

Todos esos activos urbanos que son necesarios para el funcionamiento de una ciudad, y para asegurar niveles de impactos ambientales bajos, o al menos controlables. Para lograr una protección adecuada bajo un escenario de cambio climático, se necesitan hacer estudios extensivos sobre posibles escenarios de impactos y posibles soluciones de adaptación. Aquí trabajo mucho con simulaciones hidráulicas en sistemas de tuberías, sistemas superficiales y en la visualización en tres dimensiones.

¿Te gustaría desarrollar algún tipo de proyecto similar a los que hacés actualmente, pero en Nicaragua?

Me encantaría. Lo tengo en la mira y estoy poquito a poco avanzando en esa dirección. Pero ya hay proyectos en marcha que están haciendo cosas buenas por crear espacios urbanos habitables, aunque con mínimo grado de enfoque en la sostenibilidad. Hay un proyecto del BID que me gusta mucho y lo he observado, llamado “Iniciativa de ciudades emergentes y sostenibles”, en donde están haciendo cosas interesantes en Managua.

En Managua hay tanto que hacer con estos temas. Toda la cuenca Sur, por ejemplo, es un tema muy delicado. La expansión urbana que ha tenido Managua es espeluznante, y tarde o temprano las consecuencias medioambientales se harán evidentes. A mí me encantaría trabajar con temas de agua, tanto potable respecto al manejo de los recursos hídricos y la administración de la red de distribución, así como en temas de drenaje, inundaciones y adaptación al cambio climático, que tiene mucho que ver con infraestructura y con cambio de mentalidad a nivel institucional.

Aparte de tu familia, ¿qué es lo que más extrañas de la tierra pinolera?

La gente, la naturaleza, la comida y el sol. La gente, porque me hace falta esa espontaneidad y calor humano que tenemos como sociedad, y que aunque a veces resulte caótico es parte de cómo nos relacionamos los unos con los otros. La naturaleza porque es simplemente espectacular. La comida, pues , porque es imposible no extrañar un nacatamal un domingo por la mañana o un gallo pinto casero. Y el sol porque aquí en Dinamarca las horas de sol son escasas, a excepción de los buenos días de verano cuando el sol resplandece por más de 15 horas.

En Nicaragua no valoramos las horas de sol igual que se valora aquí, es entendible. Pero en los meses de invierno y oscuridad, añoro el sol de Nicaragua, aunque dé un calor insoportable.

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