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Desde el jueves de la semana pasada ningún bar de la Zona Hippos realiza conciertos en vivo por medidas policiales vigentes hasta septiembre, cuando se prevé una solución definitiva para los vecinos y propietarios de negocios.

La cancelación de los conciertos, además del reforzamiento de la seguridad y el ordenamiento vial, es la respuesta a las quejas de hoteles aledaños y habitantes del sector, explica William Ramírez, propietario del bar y restaurante El Garabato, quien afirma que “no fue una imposición, nosotros decidimos hacerlo mientras llegamos a un acuerdo”.

Ramírez señala que el grupo de dueños de locales están dispuestos a entablar un diálogo con la Policía para llegar a un acuerdo que permita el trabajo en conjunto, pues la medida sugerida afecta no solo a los bares sino también a las personas que trabajan en la organización de los eventos culturales, a los artistas e incluso al turismo nacional.

La regulación de la Policía Nacional en este caso se ampara en la Ley Especial de Delitos contra el Medio Ambiente y los Recursos Naturales, conocida popularmente como “Ley del ruido”.

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Dicha ley contempla en su capítulo II, artículo 9, que quien utilice medios sonoros, electrónicos o acústicos en locales, residenciales o viviendas populares, y produzca sonidos que causen daño a la salud o perturben la tranquilidad y descanso diurno y nocturno de los ciudadanos será sancionado con multas. “Además de la suspensión, cancelación o clausura de las actividades que generan el ruido o malestar”, detalla la norma.

Sin embargo, las sanciones se exceptúan para las congregaciones religiosas dentro de sus templos.

Cultos nocturnos

“Me parece injusto porque no hacen esa regulación con las iglesias”, comenta Clelia Duarte, una joven habitante de Villa Venezuela cuya casa está ubicada frente a una iglesia evangélica. “Si yo estoy viendo tele en mi sala o en mi cuarto, tengo que ver las cosas con subtítulo porque no se escucha nada, aunque lo tenga en cien (el volumen)”, declara la joven capitalina.        

El pastor René García, de la iglesia del Dios Viviente, a la que Clelia hace referencia, asegura que “a la gente le molesta todo y el diablo es el que inquieta para que no se oiga la alabanza del Señor”.

Para el diputado sandinista Filiberto Rodríguez, vicepresidente de la Comisión de Paz, Defensa, Gobernación y Derechos Humanos de la Asamblea Nacional, “los altos sonidos también se dan en los cultos bíblicos y es la Policía la que revisa los casos conforme a la ley que existe. Si la población se queja, la Policía debe acudir”.  

Hace algún tiempo, García afirma haber mediado en la Policía Nacional con vecinos que le manifestaron molestias por la música a alto volumen, y lograron llegar a un acuerdo. “Nosotros creemos que estamos en los términos de que no ofendemos a nadie. Pero si nos dicen algo, vamos a ver cómo regular”, asegura el pastor.

Otras personas consultadas, quienes han preferido guardar el anonimato, manifiestan que a algunas congregaciones religiosas no les importa que bebés, gente enferma o adultos mayores estén en viviendas cercanas a los templos.

Una habitante del barrio El Edén, por ejemplo, asegura que en la iglesia que colinda con su casa “ponen conjuntos, tambores, platillos, y aparte la prédica del pastor” a todo volumen, y esto durante los últimos doce años.

Ruidosa Managua

Los centros nocturnos y congregaciones religiosas no son los únicos generadores de ruido en la capital.

El ambientalista Kamilo Lara, presidente del Foro Nacional de Reciclaje (Fonare), destaca los contaminantes acústicos como las bocinas de automóviles, buses y camiones. Agrega que “en el caso de los buseros, ellos hacen casi una discoteca móvil en el transporte público”.

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Así mismo, la propaganda móvil y estacionaria son fuentes generadoras de ruido. Las móviles son bocinas abiertas y estridentes, los niveles de exposición son cortos pero altamente nocivos, señala el ambientalista.

Sobre la propaganda estacionaria, aquella generalmente localizada afuera de negocios, el legislador Rodríguez señala que con ella debe existir prudencia. “A veces no se puede ni hablar o comprar en los centros comerciales, porque ponen una bullaranga que la misma gente no se escucha cuando habla”, confiesa.

Para Lara existen puntos críticos de este tipo de contaminación, como el sector comercial de Bello Horizonte, en el que es fijo el ruido generado en fechas conmemorativas, cuando se desbordan en promociones.

Recomendaciones

De acuerdo con Lara, la contaminación acústica incide en la calidad de vida de las personas, puesto que el ruido puede llegar a afectar el sistema nervioso y provocar afectaciones en el sistema auditivo de las personas expuestas a altos decibeles.

Algunas recomendaciones del experto incluyen la construcción de barreras acústicas en construcciones que minimicen la expansión sonora, tomar en cuenta los horarios diurnos o nocturnos para generar sonidos a alto volumen, regular los decibeles de la música e incluso un esfuerzo de las alcaldías para hacer monitoreos sistemáticos de los puntos de concentración de ruido.

Preocupación en la escena musical

Reacciones• Algunos músicos nicaragüenses expresaron su consternación por esta medida a través de las redes sociales. Lenín del Río, integrante de Manifiesto Urbano, lamentó el caso. “Es la escena del rock la que apoya a los bares de conciertos, con publicidad en diversas plataformas, dándoles identidad y llenando estos espacios con público y cultura. La mayoría de las veces los bares solamente ofrecen a las bandas el permiso para cobrar la entrada, es decir, los artistas no son contratados por estos negocios y considero que no reciben la remuneración justa. La mejor parte entre esta sociedad de empresarios y artistas se la llevan naturalmente los empresarios”.

Asimismo Erwin Costa, de la banda Lecheburra, la cual celebraría el tercer aniversario en Ron Kon Rolas en pocos días, catalogó de “golpe duro” a la escena de Managua. “Hagamos un esfuerzo por ayudar a estos locales que nos dieron un espacio para expresarnos por muchos años. ¡Pronunciémonos ante este problema! Recordemos cómo hacíamos antes, gestionábamos, nos uníamos muchas bandas para hacer conciertos, buscábamos espacios, repartíamos volantes”, expresó Costa.

También David Abdalah, vocalista de la banda Chilamate, se mostró “en total desacuerdo” con la cancelación de conciertos en los locales mencionados.

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