13 de marzo de 2009
Empresa niega y esgrime ética corporativa
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Nacionales
CHINANDEGA
José Benito Vindel, de 52 años, originario del municipio de San Juan de Limay, departamento de Estelí, quien laboró de 1973 a 1979 en la finca bananera Candelaria, de Chinandega, denunció que fue visitado seis veces en su vivienda de la Villa 15 de Julio por el costarricense Luis Madrigal y el mexicano Francisco Valadez, agentes de la Dole Fruit Company.
Ambos personajes le ofrecieron 60 mil dólares, visa americana para él y su familia, vivienda y trabajo en los Estados Unidos a cambio de declarar en contra de las Oficinas Legales para los Bananeros, representados por los abogados Antonio Hernández Ordeñana y Juan José Domínguez, quienes ventilan los casos Mejía y Téllez en un tribunal de California, Estados Unidos.
Vindel, quien sufre varias enfermedades a consecuencia de la aplicación de los venenos Nemagón y Fumazone, distribuidos según él por las empresas trasnacionales Shell y Dole Fruit Company en doce fincas bananeras que funcionaron durante la década de los 70 en el departamento de Chinandega, afirmó que respondió a los dos extranjeros que “no declararía contra los representantes de las Oficinas Legales para los Bananeros ni contra sus ex compañeros de trabajo afectados por los tóxicos, porque afectaría su lucha. Me dijeron que no me preocupara debido a que nadie se daría cuenta, porque protegerían mi identidad”, aseguró.
A renglón seguido añadió que lo más grave del asunto es que el par de extranjeros, en flagrante violación a leyes de Nicaragua, le “aconsejaron” asegurar que los abogados Hernández Ordeñana y Juan José Domínguez, lo habían amenazado para que no declarara en su contra.
Vindel espera justicia de parte del tribunal de California contra las trasnacionales, porque aseguró que éstas sabían de los daños que provocaban el Nemagón y el Fumazone, no obstante, no les proporcionaban equipos especiales como guantes, mascarillas y vestuario adecuado para la protección.
Añadió que la trasnacional le entregaba un mapa para dirigir el riego del Nemagón, que tenía color miel y olor agradable.”Esa labor la hacía descalzo junto a mis compañeros de trabajo, porque el salario no me alcanzaba para comprar un par de botas de hule. El veneno venía en presentación de barriles con capacidad de treinta galones; con una calavera pintada, una franja blanca y azul y el letrero de Nemagón y de Fumazone.
Manifestó que con el Nemagón y el Fumazone las translaciones obtenían mejores rendimientos de producción y eliminaban plagas en las plantaciones.
Por su parte, Fanor Emilio Guerrero Núñez, de 54 años, aseguró que trabajó como supervisor de bombas desde 1976 hasta 1979, en las fincas bananeras San Pablo, El Paraíso, Las Mercedes, Candelaria, El Hular, El Cardón, María Elsa, Emma, Alfonso, El Relámpago, Angelina y San Carlos, donde por exigencia de las transnacionales aplicaba Nemagón y Fumazone durante doce horas diarias, principalmente durante la noche. “Sólo nos daban una linterna y un par de botas de hule, sin mascarillas ni ropa adecuada, por lo que ahora sufro de varias enfermedades y no puedo engendrar”, afirmó.
Reveló que el costarricense Luis Madrigal y el mexicano Francisco Valadez, le hicieron los mismos ofrecimientos que a José Benito Vindel, pero por dignidad no los aceptó, debido a que confía que el tribunal de California hará justicia y las empresas transnacionales deberán pagar indemnizaciones, porque los representantes de éstas sabían el daño que provocaban los tóxicos.
Versión de la Dole Food Company, Inc.
En una comunicación procedente de Westlake, Village California, Dole Food Company, Inc., negó los señalamientos de afectados por el Nemagón y el Fumazone, sobre ofrecimientos de dinero y otras prebendas.
“Nadie ha presentado evidencia admisible alguna en el tribunal supremo de Los Ángeles, California. Tales actividades están estrictamente prohibidas por la compañía en todos los países del mundo”, dice la versión de la Dole Food Company, Inc.
Añade que Dole ejecuta negocios en América Central hace casi un siglo, y ha invertido mucho en la creación de empleos con comunidades sustentables que ofrezcan mayores beneficios para los que vivan allí.
“Dole exige a todos sus empleados que se ajusten a las más altas normas éticas de integridad y buena ciudadanía corporativa”, declaró Jonathan Bass, presidente de Dole Latinoamérica. “Como compañía, estamos orgullosos de nuestra sinceridad y nuestra transparencia en toda América Latina y nuestras operaciones globales”.