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La escritora, novelista y poeta Sandra Cisneros dice lo que piensa sin rebuscar palabras.  En esta entrevista detalla algunos de los obstáculos con los que se ha enfrentado y cuenta también aspectos de su obra. 

Es autora del libro “La Casa de Mango Street”, del que ha vendido más de 6 millones de copias. 

Obtuvo en 2015 la Medalla Nacional de Artes, la más alta condecoración que el Gobierno Federal de Estados Unidos otorga a artistas y escritores; así como Premios American Book, Becas MacArthur, Anisfield-Wolf Book Award, Lannan Literary Award for Fiction, entre otros. 

Los libros de Cisneros son The House on Mango Street (La Casa de Mango Street), Woman Hollering Creek, Loose Woman, Vintage Cisneros; ¿Has visto a Marie?, Una Casa Propia: Stories from my life y Caramelo.  

Está compartiendo con unos 90 narradores en la quinta edición de Centroamérica Cuenta, ¿qué le parece esta iniciativa?

Quiero felicitar a los organizadores porque han hecho un gran esfuerzo para tener cinco años invitando a tantos países. Yo fui directora de un centro cultural  y sé lo que es organizar, además es una iniciativa tan buena que ni siquiera la he visto en México y Estados Unidos. Me siento muy afortunada y bendecida por ser invitada, especialmente en estos tiempos que estoy aquí gracias a la embajada estadounidense.  No me escapa la ironía que yo, hija de migrantes mexicanos, estoy representando a Estados Unidos. Me da mucho orgullo y estoy intentando hacer lo mejor que puedo al encontrarme con los jóvenes y estudiantes para animarlos con mi  propia historia. 

Yo soy de casa humilde y me hice escritora por un milagro, con becas y la ayuda de muchas personas, también la gran fortuna de tener maestras mujeres, hombres que tuvieron fe y me ayudaron. 

Intento compartir y darles ánimo a los jóvenes para soñar grande  al cumplir sus propios sueños, más allá de un vestido blanco y tener hijos, es soñar  con estudiar y ganar su propio dinero.  Yo siempre le digo a las jóvenes que para avanzar hay que hacer tres cosas: ganar tu propio dinero, y para eso necesitás estudiar, controlar tu fertilidad; y eso es importante en estos tiempos, cuando los políticos y la iglesia nos quieren quitar ese derecho. El tercero es aprender a estar sola. Sin esos tres ideales no puedes avanzar como mujer y se los digo  aunque sean niñas.

¿Por qué y para quién escribe Sandra Cisneros? 

Yo escribo para la mujer latina, indígena, la que tiene pocos recursos, aunque tengo de todo tipo de lector, ella es la principal. Intento liberar ideas que no las deja desarrollarse, principalmente avanzar. A veces  quebrar con lo que desea nuestro papá, porque hay otros caminos o ‘modos de ser’,  como dijo Rosario Castellano. Mi feminismo es de las Américas e intento  compartir lo que he aprendido de muchas feministas para darle paso a mis hermanas. 

¿Quién le puso más dificultades a su ascenso profesional?

Primero mi papá. Tuve que chocar con él desde el principio porque mi mamá siempre quiso estudiar, así que ella siempre me dio ánimos  y me dijo que una mujer tiene que ganar su propio dinero. Mi padre me dio mucho amor, tengo que agradecer que me dio una fuerza interior y autoestima muy alta  porque fui su favorita al ser la única hija de seis hermanos. Es muy importante que los padres den mucho amor incondicional  a sus hijas  para que puedan avanzar. 

Mi padre fue tapicero y sus sueños eran pequeños, uno era que yo fuera a la universidad para casarme, para encontrar un profesional y me di cuenta hasta años después. Lo bueno es que él estaba siempre ahí y cada vez que regresaba a casa sin dinero y pedía prestado, él me apoyaba. Alcanzó a vivir para reconocer mi éxito. La manera que  pudo reconocerlo —pues no era un lector y nunca entendía  lo que hacía y por qué lo hacía— fue hasta que gané el Premio MacArthur, que brinda mucho dinero, te dan el salario de cinco años y no puedes dejar de trabajar y escribir durante cinco años. Me dieron un cheque y mi papá  miró la carta con la cantidad de dinero y dijo: ‘¿Cuántos años tendría que trabajar para ganar este dinero?’ Entonces él me dijo que no me casara porque  me quitarían los centavos. Luego me pidió perdón y yo entendí que mi padre se preocupaba por mi bien. 

¿Se puede decir que la novela The House on Mango Street lleva parte de su historia?

Sí y no. La  historia empezó de una emoción, deseo y barrio verdadero porque empecé en la universidad cuando me callé dos años para mi maestría, no me sentía inteligente como mis colegas y muy avergonzada de estar ahí, hasta que un día me di cuenta el porqué, y era algo que no mencionamos en Estados Unidos, que es clase la económica. 

Cuando lo empecé, era un dolor de una herida verdaderamente mía, pero me fui de la maestría a trabajar en un barrio muy pobre de mexicanos en Chicago y me di cuenta que la niñez y juventud de mis alumnos fueron muy distintos a las mías, me partían el corazón, y  así empecé a recoger las historias de esas chicas. El sueño y las emociones son mías y los personajes son variedad de muchas mujeres. 

¿Por qué este libro estuvo en la lista de libros prohibidos en Arizona?

Porque en Arizona son unos cabrones, colonizados. Los políticos son personas que no saben su historia, no saben que nosotros estuvimos ahí antes, llegaron y quieren colonizarnos. Los políticos  son gente anglosajona que están en el poder, no son los indígenas, gente de las Américas que están en posiciones de poder y no les gusta compartirlo, por eso es que prohíben libros que despiertan a la comunidad, a nuestra historia. 

Quieren ser los historiadores y divulgar la historia oficial: que  ellos llegaron y civilizaron el mundo, que no había comercio, no había comunidades y solo había personas para  matarlas y hacer espacio para ellos. 

¿Se considera una escritora polémica por expresar su opinión libremente?

Yo soy una escritora que dice  la verdad y he tenido el privilegio que me escuchen, que me apoyen, que me compran mis libros y me publican. Es una suerte. El mensaje de The House on Mango Street es que no podemos esperar a los políticos, pues cada uno de nosotros es una revolución y debemos hacer los que nos toca sin esperar a la iglesia o Estado, nosotros mismos, si conocemos  un problema tenemos que levantarnos a corregirlo, porque si no somos parte de la solución, somos parte del problema. 

Cada vez  hay más mujeres escritoras promoviendo la igualdad, ¿cree que es un avance para cambiar la mentalidad de las nuevas generaciones?

A mí me gusta que el internet y el social media  animan a las mujeres a escribir. Lo que no me gusta es que la gente dice lo que piensa y lo publica, no hay una manera de controlar sus pensamientos y editarlos, porque eso es falta de cuidado. 

Nosotros tenemos una responsabilidad con nuestras palabras, pueden ser bombas o semillas de flores, y cuando estamos enojados o apasionados, lanzamos flechas o bombas. Creo que hay bastante violencia  en el mundo y no necesitamos añadir más, especialmente las mujeres que somos víctimas de esta violencia y hay que pensar, aprender a controlar nuestras emociones.

No enseñamos alternativas a los jóvenes de cómo controlar  sus emociones, tenemos modelos de resolver violencia con violencia, tenemos películas y programas, hombres que resuelvan sus problemas con los puños, así que enseñemos a nuestras comunidades cómo convertir informaciones en sabiduría.

En 2015 recibió la Medalla Nacional de Artes de parte del presidente Barack Obama, ¿se imaginó que su obra sería tan relevante?

Yo no confío en ningún político, incluso a los que apoyo, solo en Gandhi, Martin Luther King, César Chávez, Nelson Mandela, Rigoberta Menchú, personas de ese nivel. Soy muy desconfiada, hija de mi abuelo. Vivimos muchos abusos en la revolución mexicana y soy hija de esa gente que no confía  en cualquier gobierno, pues con ellos viene el poder y la corrupción. Intento no acercarme mucho a los políticos, el oficio de un político es quedar bien, el oficio mío es decir la verdad.  

¿Sigue viviendo en Estados Unidos?

No, me fastidié viviendo en los Estados Unidos porque vivía en Texas, en un lugar muy patriarcal y militar, soy pacifista y vivir en un pueblo militar no. Soy soltera en un pueblo de madres, yo no me sentía bien, aunque hubo una etapa que sí porque me acercaba mucho a los artistas y especialmente a los gay, que tienen una manera de vivir muy  bonita, así que tenía a mi familia mujeres, hombres y comunidad gay que me atraían mucho, pero ya cada uno de nosotros nos fuimos desarrollando y se alejaron. Me quedé huerfanita y me pregunté para qué me quedé viviendo aquí: no tengo mi familia  espiritual y un día me fui a una lectura a San Miguel de Allende (en México) y me gustó mucho. Ahí tengo raíces, mis abuelos son de esas tierras y tuve un mensaje interno que me indicó que ese era mi hogar. Vendí la casa, cerré mi fundación, me alejé del taller y empecé a encerrarme y concentrarme en mi escritura y eso es lo que me estaba indicando el mensaje que llegó de los angelitos, mis antepasados. 

¿Seguirá luchando por el derecho de las mujeres en el mundo?

Yo intento apoyar no solamente publicando, sino que encuentren su poder  como mujer porque los estados y las iglesias no quieren dar ese espacio y, ¿por qué tienen tanto miedo de darnos ese poder? Debemos de ser muy peligrosas si no nos quieren compartir y no queremos más que nuestro poder. Para mí fue importante no tener hijos, decidí no tenerlos y para otras mujeres la decisión sea de estudiar, hacer arte, ganarse su dinero, pero quiero darles permisos a pasar adelante.

También necesitamos defender a los inmigrantes, los derechos de los latinoamericanos en este tiempo que está sufriendo tanto, estoy representando a mí país Estados Unidos, que también es mi país como México, y mis antepasados estuvieron aquí antes, hemos estado aquí por milenios y eso está documentado, antes que existieran las fronteras nosotros estuvimos aquí, son nuestras tierras, debemos recuperar nuestra historia como mujeres, porque así recuperamos nuestro orgullo y poder. 

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