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En el seno de una familia bautista, de madre rivense y padre cubano, el 28 de febrero de 1993 nació en Masaya Cinthya, quien 15 años más tarde se transformaría en lo que hoy es: un hombre trans. 

Un trans masculino es una persona que nace biológicamente mujer, pero que adopta una identidad de género masculina. Él tiene ojos verdes, contextura delgada y voz grave. Es varonil y le gustan las mujeres, sobre todo las mayores que él.

“Siempre me han atraído las mujeres, desde preescolar. Pero me criaron en un sistema que me decían cómo me tenía que sentar, cómo tenía que hablar, con quién estar y con quién no. Crecí escuchando pestes sobre la homosexualidad y por eso mi transformación fue dura y tardía, sobre todo por el rechazo de mi familia”, relata el joven.

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Él fue una niña irreverente, jugaba con varones, detestaba las muñecas y no salía con amigas. En una ocasión cuando estaba en quinto grado le confesó a una compañera que le gustaban las niñas y el infierno comenzó: sufrió acoso, rechazo, golpes y se cambió de colegio durante cinco veces hasta que terminó la secundaria. Su comportamiento nunca le agradó a su mamá. 

Lo peor llegó cuando cumplió 15 años y sintió la necesidad de asumir públicamente su identidad de género. Una publicación a través de su perfil de Facebook indicando que estaba saliendo con una chica fue la forma de decirlo. Su familia estalló de rabia.  

La identidad de género se refiere a la vivencia individual del género (masculino o femenino) tal como cada persona la siente, y que puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento.

“Fue un escándalo, me decían que tenía el demonio adentro, me llevaron a psicólogos y rezaban por mí, creían que estaba mal”, recuerda. Hasta ese momento pensaba que era lesbiana. Jamás había escuchado que podía ser un trans masculino, siempre pensó que las trans solo eran los hombres que se visten de mujer.

Siguió viviendo con su mamá, aunque esta nunca lo aceptó. Con la etapa universitaria le llegó un toque de libertad e independencia. Ingresó a estudiar diseño gráfico en la Universidad Centroamericana y en tercer año de la carrera su mamá lo corrió de la casa. Tenía 20 años.

“Mi familia ya no me daba  dinero y me tuve que venir a vivir a Managua, trabajaba en un comedor y rentaba un cuarto. Afortunadamente tenía una beca del 75% por excelencia académica y  así fue que logré terminar la carrera”, relata.

Cuando terminó la universidad conoció una chica y al cabo de dos meses estaban viviendo juntas en Panamá, pero a la semana de estar allá se separaron. Tuvo que trabajar en construcción durante seis meses para poder ahorrar y regresar al país.

Conseguir el empleo en Panamá fue fácil, principalmente por su apariencia, pero en el ámbito del diseño después de cuatro años de estar graduado, no consigue un empleo. La principal traba es que no se parece a la persona que sale en su cédula y las empresas a las que ha ido a entrevistas no lo toman en cuenta por su apariencia masculina.

LEY DE IDENTIDAD

Ludwika Vega, presidenta de la Asociación Nicaragüense de Personas Trans, indica que la aprobación de una ley de identidad de género es necesaria para que los documentos de estas personas lleven el nombre con el que se identifican y se les garantice otros derechos básicos como el acceso a salud, más educación, pero sobre todo a un empleo digno. 

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“Los hombres y mujeres trans no tenemos trabajo digno.  Habemos una gran mayoría que somos profesionales, pero no hay reconocimiento. Si alguien nos quiere dar trabajo tenemos que volver a la identidad de nacimiento, no existe una persona trans en este país que trabaje en una oficina”, lamenta Vega.

Debajo de un pedazo de plástico que lo cubre del sol, en un pequeño tramo que se ubica en las afueras del mercado Israel Lewites, sobre la pista Juan Pablo II, está Juan López palmeando tortillas, sudando y anhelando que llegue la noche para volver a casa y estar con su pareja. Este empleo es el único que ha podido conseguir después de haber trabajado en una zona franca. Juan también es un hombre trans.

Su nombre legal es Carol López. Creció como niña, pero a los 14 años se dio cuenta que le gustaban las mujeres y empezó el cambio. Sabía que era lesbiana, pero desconocía que podría llegar a ser un hombre trans, algo que en el fondo fue lo que siempre quiso: sentirse y vivir como hombre.

De niña siempre jugaba chibolas, trompo y carros. En la escuela no le fue del todo bien cuando empezó a exteriorizar sus preferencias a través de su apariencia. “La cochona va, la cochona viene era cuestión de todos los días, pero he sido una persona de carácter fuerte. Las críticas me han valido porque desde la edad de 15 años yo ya me mantenía solo”, asegura.

Su jefa actual nunca ha respetado su identidad de género y lo llama por su nombre de mujer porque así aparece en la cédula. Tiene tres años de trabajar en la venta de tortillas: llega al tramo a las siete de la mañana y sale a las ocho de la noche después de estar 13 horas de pie palmeando tortillas.  En el negocio la única que tiene una silla es la jefa.

A los 14 años dejó de ponerse la ropa que le compraba su mamá y decidió cortarse el cabello sin su permiso, “cuando volví a mi casa recibí una de las más grandes palizas de mi vida, fue un momento muy duro”. Su papá nunca ha vivido con ellos. 

CAMBIOS CORPORALES

Pese a que nació mujer y siempre ha querido ser un hombre, Juan nunca se ha hormonizado porque sabe que es un proceso caro, largo y peligroso. “He descubierto que puedo ser hombre a pesar de tener vagina y los pechos como una mujer. El ser mujer u hombre va más allá del cuerpo”, explica.

Quien sí comenzó a inyectarse testosterona es Cinthya. Esto ha provocado que su voz se vuelva más fuerte, su menstruación se reduzca en tiempo y cantidad y usa unas vendas para ocultar sus pequeños pechos. 

Si alguien nos quiere dar trabajo, tenemos que volver a la identidad de nacimiento”. Ludwica Vega 

Lo difícil para él es que debe conseguir las inyecciones por su cuenta porque el sistema de salud público no se lo permite, asimismo quiere realizarse una mastectomía pero también está prohibido. 

“Siendo mujeres nos cuesta salir de ese sistema patriarcal al querer ser diferentes. Siento que son más aventados los hombres que quieren ser mujeres trans y están un poco más aceptados y visibilizados que nosotros. En Nicaragua los trans masculinos somos los fantasmas de la diversidad sexual, es como que no existiéramos, no estamos visibilizados”, lamenta el joven.

Nueve años después de haberle confesado a su familia que es un hombre trans, aún no admiten sus preferencias. “Pero no necesito que mi familia y la gente me acepten, me basta con que me respeten”, dice.

Mañana marchan

Diferentes organizaciones de la comunidad LGBTI de Nicaragua saldrán a las calles de Managua mañana para celebrar, como en el resto del mundo, el Día del Orgullo Gay. 

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Se espera la participación de centenares de personas de todo el país y por primera vez en 12 años de marcha esta será encabezada por familiares integrantes de este colectivo. La salida será de la gasolinera ubicada frente al Colegio Teresiano y culminará en la rotonda de Metrocentro con un acto cultural.

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