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El período de la intervención militar de Estados Unidos en Nicaragua (1912-1933) marcó no solo la historia política del país, sino también la vida cultural y social, especialmente en lo concerniente a la modernización del sistema de salud pública. 

La historiadora e investigadora Ligia Peña ha centrado buena parte de sus trabajos a indagar sobre dicha modernización y señala que uno de los elementos asociados a las políticas públicas de salud fue la llegada al país de la Fundación Rockefeller, entidad de corte filantrópico que tuvo mucha incidencia en América Latina desde inicios del siglo pasado. 
“La Fundación (Rockefeller) llega a Nicaragua en el contexto de la intervención  norteamericana y plantea desarrollar un proyecto: una campaña para erradicar la uncinariasis, una enfermedad parasitaria que entre otras cosas provoca anemia; sin embargo, la implementación de esta campaña va a generar disputas y choques porque la población rural estaba acostumbrada a curarse haciendo uso de los curanderos”, explica Peña.

Ligia Peña ha estudiado la modernización de la salud pública entre 1915  y 1928.

La primera fase de su trabajo de investigación documental “Entre curanderos y médicos: disputas por las prácticas curativas en Nicaragua 1915-1928” aborda precisamente estos elementos. La investigación será una de las que se presentarán en el VI Congreso Centroamericano de Estudios Culturales, el cual se desarrollará a partir de este martes en la UCA.

¿Cuál es la diferencia entre un curandero y un sanador?

El curandero generalmente utiliza para sus prácticas todos los conocimientos ancestrales que vienen desde nuestras comunidades indígenas, generalmente las comunidades indígenas tienen un conocimiento muy fuerte sobre toda la botánica, y entonces utilizan las hierbas, tienen conocimientos muy sólidos sobre la herbolaria. El sanador podría ser sinónimo también de curandero, lo que pasa es que en algunos países coexisten curanderos, sanadores, sobadores (los que se  dedican a componer huesos y fracturas). 

¿Hay alguna diferencia entonces entre la medicina tradicionalista y las prácticas de curandería?

Los curanderos generalmente utilizan todos estos elementos de la medicina tradicional ancestral para aliviar las dolencias de las poblaciones, pero sobre todo aquella población que no tiene suficientes recursos.

Usted ha denominado su investigación “Entre curanderos y médicos: disputas por las prácticas curativas”, ¿cuáles fueron esas disputas a las que hace alusión?
En el instituto nosotros tenemos dos grandes líneas de investigación, una tiene que ver con memoria, democracia y construcción de ciudadanía, que abarca un período más reciente de la historia, 1979-2016, ahí lo que nosotros postulamos es que la memoria tiene un papel fundamental en toda esta reflexión sobre el impacto que tuvieron los conflictos sociales no solamente en Nicaragua, sino en Centroamérica.

La otra línea de trabajo es modernización, cambios culturales y conflictos sociales en el siglo XX, es en esa área donde se inserta mi trabajo. Nosotros nos enfocamos en estudiar cómo los proyectos de modernización impulsados desde el Estado en diferentes áreas, la cultura, la educación, la política, impactaron en determinados sectores sociales, sobre todo en aquellos que no están cercanos al poder, que no son sectores hegemónicos; además estudiamos cómo estos sujetos sociales se posesionan, cómo reaccionaron, si aceptaron, si entablaron negociaciones, si se resistieron, a mí me ha interesado estudiar la modernización de la salud pública en un período  que va de 1915 a 1928.

¿Qué ocurre en ese período? 

En esa época se situó el  proceso de modernización de la salud pública impulsado por la Fundación Rockefeller, esta institución de corte filantrópico va a tener incidencia en América Latina desde inicios del siglo XX, Nicaragua no fue la excepción, la fundación llega a Nicaragua en el contexto de la intervención  norteamericana y plantea un proyecto: desarrollar una campaña para erradicar la uncinariasis, esta enfermedad parasitaria, uno de los síntomas que provoca es la anemia y generalmente la padecen las personas que están en el campo. Esta anemia era considerada uno de los elementos que provocaban la falta de productividad de los trabajadores agrícolas, por eso esta campaña inicia en las plantaciones de azúcar del Ingenio San Antonio. 

¿Y cómo entran los curanderos en este asunto?

Bueno la fundación trae unas concepciones, esquemas de salud que son de corte norteamericano, un  poco lo que se trata es incidir en dos áreas: curar la enfermedad y cambiar los hábitos culturales, higiénicos de las poblaciones porque se consideraba que si no se atendía esas dos cosas el proyecto iba a fracasar.

¿Qué implicaciones trajo esta disputa cultural?

Este proyecto se desarrolla en el campo principalmente  y entonces ahí es donde van a iniciarse esas resistencias a estas intervenciones que les llamo modernizantes de la salud, porque cuando se llega al terreno la población rural está acostumbrada a curarse haciendo uso de los curanderos porque históricamente las poblaciones no han tenido acceso a la atención médica, entonces ahí comienzan los choques y las contradicciones porque los funcionarios de la fundación traen una mentalidad diferente, consideran todas estas prácticas como cosas de gente ignorante y empiezan a chocar con este tendido de curanderos que históricamente habían sido los que resolvían los problemas de salud de las poblaciones subalternas, marginadas.

¿cuál es la respuesta de estos sectores?

Van a resistir, van a presentar elementos de rechazo a toda esta invasión que están sintiendo en su campo de acción y hacen uso para esta resistencia de su cosmovisión, del papel que históricamente han tenido los curanderos en las comunidades que son reconocidos y tienen un estatus diferente porque se considera que ellos tienen el poder de sanar las enfermedades, y también una manera de incidir en todas aquellas cuestiones espirituales.

Justo es cuando inician esos choques y esas contradicciones es que me he situado y he continuado trabajando. La ponencia que yo estoy postulando para el congreso aborda esas disputas entre los curanderos y los médicos profesionales en el espacio público. ¿Qué es lo que encuentro ahí? Descubro que para poder ejercer el oficio de curar, los curanderos tenían que pasar un doble control, una legislación que había sido emitida por la Facultad de Medicina, que era la encargada de regular y vigilar el ejercicio de la práctica médica, y entonces ellos establecían algunos criterios. Para que un curandero pudiera ejercer tenías que estar en ejercicio de tus derechos, pero qué pasa, la mayoría de las constituciones del siglo XIX y parte del siglo XX no contemplaban que los sectores subalternos fueran considerados ciudadanos, porque se establecían mecanismos que decían que para poder acceder a la ciudadanía tenías que tener un capital de determinada cantidad, cosa que los sectores subalternos no poseían.

Además tenías que demostrar que poseías buena conducta, y sobre todo, se les dejaba practicar siempre y cuando en esa localidad no existiera un médico.

¿Ha logrado determinar cuántos curanderos existían en el país en esa época?

Número no, pero percibo que en el campo eran bastantes.

Usted dice que como una manera de resistencia en este contexto recurrían a su cosmovisión, ¿como cuáles?

La resistencia de los curanderos fue fuerte, ellos utilizaban su cultura para deslegitimar la ciencia. Hay toda una recreación de sus elementos culturales y cosmovisión que la aplican. Te menciono un ejemplo: para poder detectar la uncinariasis había que hacerse un examen de sangre para indicar el grado de anemia, para eso se utiliza el microscopio y los curanderos empezaron a revertir eso. Decían que el microscopio era un instrumento del diablo y que el papel con el que después de tomarte la muestra te secan la sangre era recogido por los laboratoristas y luego enviado a una cueva, donde estaba una bruja que contabilizaba las pruebas, y que más adelante quienes se practicaban las pruebas iban a ser llevados por el diablo... un poco ese tipo de resistencia.

Todavía tengo que trabajar un aspecto, que es el de género, porque en la selección de noticias que hice aparecen también las hechiceras, las brujas, a las que las personas recurren a hechizos para cuestiones amorosas con el fin de atraer a la pareja que se le ha ido, esa es otra veta que es superriquísima, pero que todavía no la he explorado.

 ¿existe eso de la magia blanca y la magia negra?

Es que mira, hasta lo que yo he trabajado hay dos tipos de magia: la magia que le llaman blanca  y la que se conoce negra. Una magia es curativa y otra que se supone se utiliza para neutralizar conflictos individuales o entre una misma comunidad. Como te digo, no he profundizado.

De ese tipo de cosmovisión y prácticas, ¿cuáles se conservan todavía?

Creo que aún es muy fuerte en las comunidades de la Costa Caribe, porque desde hace mucho tiempo las políticas no eran lo suficientemente fuerte en ese sector y ahí sí tiene mucho peso todo lo que son los curanderos, los chamanes, los brujos, y en algunas zonas del Pacífico también. Si lo queremos ver desde una manera geográfica, en la zona de Masaya, en los Pueblos Blancos, ahí la gente todavía recurre a estos practicantes, a los médicos tradicionales.

Ligia Peña Torres 

Se graduó por la Universidad Nacional Autónoma como licenciada en ciencias de la educación, con mención en ciencias sociales.  Tiene una maestría en historia de Nicaragua y Centroamérica y otra en estudios culturales, ambas certificadas por la UCA. 
Actualmente se dedica a la docencia e investigación en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (Inhca). En 2014 publicó el libro “Historia de la Salud Pública de Nicaragua: del protomedicato a la Dirección Nacional de Sanidad 1859-1956”.

 

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