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Paola silva
psilva@elnuevodiario.com.ni 

Sevir nos hace útiles, nos motiva y cambia nuestra realidad y es ese precisamente el objetivo del voluntariado, cambiar perspectivas, hábitos y actitudes a través de experiencias que nos conviertan en humanos más valiosas para la comunidad.  

De acuerdo a la sicóloga, capacitadora y oradora motivacional, Paola Marchena, cuando ayudamos a las personas nuestro cerebro se beneficia porque al servir secretamos neurotransmisores como serotonina, dopamina y oxitocina, hormonas que se encargan de contrarrestar el estrés y brinda una sensación de felicidad y tranquilidad.

Marianela Mendoza, responsable de consejería estudiantil de la Universidad Americana (UAM), dice que es importante que las universidades motiven a los alumnos para ser agentes de cambio en la sociedad, “como UAM, nosotros consideramos que es importantísimo que nuestros estudiantes tengan esta vivencia porque en la medida que ellos tienen esta experiencia de servir, ya sean visitando un asilo de ancianos, el hospital siquiátrico o brindarle horas a los niños afectados con cáncer del hospital La Mascota, se van volviendo más valiosos para la sociedad. Todos estos proyectos crean un espíritu de sensibilidad humana increíble y eso es muy enriquecedor en sus prácticas profesionales, laborales y sociales, porque les permite crecer”.

Recogimos los testimonios de dos jóvenes que han vivido en la universidad la experiencia de ser voluntarios y servir a su comunidad:

“Estuve trabajando en muchos voluntariados desde que entré a la universidad y comprendí lo importante que era hacer cambio social en nuestro país, sin embargo, el proyecto que más marcó mi vida fue el del Servicio Jesuita para Migrantes de Nicaragua, estuve en esta organización como voluntaria por casi seis meses y fue una de las experiencias más bonitas  e inolvidables. Ahí apoyan a  personas migrantes y a sus hijos, luchando por la promoción y defensa de sus derechos. De igual manera ayudan a familiares  de migrantes desaparecidos. Se  trabaja  con diferentes barrios de Managua y Chinandega en los que se orienta a los jóvenes en riesgo acerca de temas migratorios y otros de interés social. En esta organización aprendí que migrar es un derecho y no hacerlo también, de igual modo comprendí que nadie es ilegal  y que debemos solidarizarnos  con nuestros hermanos migrantes. Considero muy necesario que los jóvenes nos interesemos en temas como la migración y nos integremos en organizaciones como estas, que no so
lo nos ayudan a cambiar pensamientos negativos, sino también  nos brindan muchas oportunidades para crecer como personas”.  Adamar, 21 años, estudiante de la Universidad Centroamericana, UCA.

“Ser voluntario ha sido una experiencia bonita porque te vas sumergiendo en la parte social, te das cuenta de una realidad que muchas veces la tenemos tan cerca y nos hacemos los indiferentes. Yo he participado activamente desde mi primer año de universidad en proyectos y recolectas con programas como Techo, Teletón y Conanca. Una de las experiencias más bonitas fue apoyar a la organización Flesnic que trabaja con personas afectadas por el lupus, fue una colecta y la gente no conocía ni la fundación ni la enfermedad, por eso creo que como estudiantes deberíamos apoyar a esas pequeñas organizaciones a las que usualmente no se les da seguimiento. Ser voluntario en la UAM ha sido una experiencia enriquecedora y la mejor parte es que la universidad nos facilita y acompaña con el transporte para que podamos servir a esas personas que necesitan. Yo alentaría a todos los universitarios para que se animen. Servir te hace más útil y humano”. Óscar Sánchez, 20 años, Universidad Americana (UAM). 

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