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Graduado de la carrera de derecho en la Universidad Centroamericana (UCA), Carlos Riuzzhet Núñez recibió con aplomo el primer consejo de su docente de introducción al derecho: “El derecho es una carrera muy buena, pero ustedes deben pensar en grande. No esperen que un bufete los vaya a contratar o que ustedes vayan a andar con su maletín por los juzgados buscando clientes. Busquen algo propio”.

Carlos pensó para sí que realmente la carrera de Derecho era buena y que cuando la concluyera establecería un bufete de abogados para tener algo propio. “Pero en la marcha noté que los demás docentes te van motivando a que vos generés fuentes de empleo, que no seás el abogado con el maletín que trabaja para sí mismo, sino el abogado que genera empleo”.

Aunque su negocio hoy en día dista mucho de un bufete jurídico, alcanzó otras metas de aquel primer consejo: generar empleos. Puso en marcha un negocio que está siendo rentable y además goza del gusto de los consumidores. Betulia Foods empaca alimentos al vacío y son distribuidos y comercializados en varios supermercados.

“Mi negocio tiene vinculación con ese consejo y hoy tengo 16 colaboradores y resuelvo temas jurídicos dentro de la empresa que tienen que ver con el establecimiento de contratos comerciales, contratación del personal, entre otros”, refiere Riuzzhet Núñez.

Este joven emprendedor cuenta que la idea surgió un domingo, hace seis años aproximadamente. Asegura que estaba muerto de hambre y se preguntó por qué nadie vendía comida fácil de hacer y que además sea sabrosa. Y de esa pregunta pasó a poner en práctica los conocimientos que tenía de cocina (tenía un negocio de cocina) y de gastronomía profesional (llevaba un curso de cocina en una escuela técnica paralelo a Derecho) y valoró que empacar gallopinto sería una buena alternativa.

Fue así como nació la idea de Betulia Foods. El siguiente paso fue empezar. “No tenía máquinas, infraestructura, medio de transporte. Así que busqué una bolsa súper sencilla y una etiqueta súper sencilla, empaqué el producto y llevé seis bolsas a un minisúper para probar si se vendía”.

Cinco días después recibió una llamada del dueño del minisúper: “Mirá, se vendió todo el gallo pinto y necesito que me traigás más”. Este fue el inicio de un emprendimiento de éxito.

Antes de aventarse a realizar una fuerte inversión, Riuzzhet Núñez presentó su producto al responsable de adquisiciones de Walmart, quien valoró de muy positivo e innovador el producto, dado que esto le permitiría “simplificar los procesos, controlar las porciones y estandarizar el sabor”, según cuenta le expresaron.

Con las puertas abiertas de varios negocios que apostaron por comercializar el producto, el emprendedor compró una máquina selladora al vacío y se preocupó y ocupó de perfeccionar sus  procesos, de manera tal que el resultante es un producto más perdurable en el tiempo, sin preservantes y con excelente rotación en el mercado.

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