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Nicaragua es uno de los países donde las aves migran para alimentarse durante el invierno en el norte de América, la variedad de recursos hídricos como los humedales hacen muy atractivo al país, no obstante, según Salvadora Morales, directora del movimiento ambiental Quetzalli, estos hábitats han sufrido deterioro a causa del cambio climático y la depredación en los últimos años.

A pesar de eso, “en los últimos 3 años hemos contabilizado un total de 62,546 individuos de aves acuáticas, de 83 especies, de las cuales 49 son aves migratorias como los pelícanos blancos, gaviotas, chorlos y correlimos. Además de varias especies de patos que migran desde Norteamérica donde se reproducen y cada año vienen en busca de alimento en nuestras latitudes”, informó el biólogo Orlando Jarquín. 

Solo el censo en el delta del Estero Real contabilizó un total de 18,735 aves acuáticas, identificando 45 especies distintas, en su mayoría gaviotas, chorlos, correlimos y ostreros, aseguró Jarquín.

Unas 34 especies de aves acuáticas son residentes, es decir, que permanecen todo el año en el país, como garzas, piches, cormoranes, jacanas, entre otras.  

El movimiento Quetzalli visitó en tres años 27 sitios entre los que destacan: las lagunas de Tisma en Masaya, El Guayabo en Granada, Las Peñitas en León, la Bocana de Potosí, Piquín Guerrero, Apacunca y humedales de Pueblo Nuevo, en Chinandega. 

Sin embargo, Morales indicó que hay amenazas ambientales, uno de los ejemplos más trágicos sucedió hace dos años, una de las peores épocas para los humedales, cuando la laguna de Tisma, en Masaya se secó. 

“Antes del 2015 en Tisma había un conteo de 20,000 individuos de patos, la pregunta es qué pasa con ellos cuando el hábitat entero desaparece, hacia dónde se van”, señaló la ambientalista.

La directora de Quetzalli indicó que este problema lo identificaron durante la realización de un censo o conteo de aves acuáticas que han realizado desde hace 4 años, en distintos puntos del Pacífico donde hay humedales. 

De acuerdo con la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas (Ramsar), un acuerdo intergubernamental sobre medioambiente para proteger los hábitats como los ríos, lagos, lagunas, pantanos, pastizales húmedos, entre otros, son indispensables ya que proporcionan alimento a la fauna, de igual manera a los humanos les brinda agua. 

El biólogo Orlando Jarquín, quien también trabaja con Quetzalli, afirmó que los humedales son muy importante sobre todo para las aves acuáticas, de las cuales existen dos poblaciones, migratorias y residentes. 

Explicó que las aves acuáticas migratorias, después de viajar miles de kilómetros desde el norte de América, se detienen en los esteros, lagunas o pantanos para comer o reproducirse. Mientras que para las aves acuáticas residentes representa su entorno de vida. 

Temporada seca 

Jarquín reveló que en los censos hechos por Quetzalli,  el número de aves acuáticas observadas es bastante constante, sin embargo “en 2016 algunos humedales como Pueblo Nuevo y Apacunca en Chinandega,  Moyua y las Playitas en Ciudad Darío, incluso la laguna de Tisma en Masaya, no presentaban el habitual número de aves debido a la sequía que sufrió el país los dos años anteriores a causa del mal invierno”.

El biólogo también señaló que afectaciones directas como el cambio de uso de suelo convirtieron algunos humedales para la agricultura y destinaron el agua para el riego de hortalizas, cultivos de arroz y otros productos, además de la cacería ilegal que afecta algunas especies de aves como los patos. 

Morales agregó que el año antepasado para el mes de junio, Tisma estaba totalmente seca, de igual manera, humedales cercanos del lago de Nicaragua como El Guayabo, en Granada, lo estaban parcialmente. “Tisma ha sido un caso ícono porque se secó y está en proceso de recuperación, esperamos que este invierno se recupere”, manifestó. 

Censos

La directora de Quetzalli explicó que el conteo de aves acuáticas en Nicaragua nace de la iniciativa de los Censos Centroamericanos de Aves Acuáticas (CCAA), promovida por Birdlife Internacional y Manomet, organizaciones conservacionistas. 

“El monitoreo de las aves y humedales se hacen en dos temporadas, a inicios de verano, entre enero y marzo, cuando el norte el invierno está de lleno y en nuestra región los humedales no se han secado. El otro conteo es en junio, cuando las aves residentes comienzan el periodo reproductivo y los humedales están con más agua”, explicó Morales. 

El 28 de enero de 2017 se llevó a cabo un censo trinacional en el Golfo de Fonseca, organizado por Salvanatura de El Salvador, Asociación Hondureña de Ornitología y Quetzalli Nicaragua.

Con los resultados de los censos realizan base de datos, además obtienen información de los hábitats, identifican amenazas, especies de aves y el número individuos. 

Morales reveló que a nivel centroamericano se ha creado una alianza de monitoreo de aves acuáticas donde se comparten datos. En el censo que realizaron en enero lograron juntar 24 personas entre voluntarios y especialistas. 

El conteo de aves dura al menos 15 días. Para el 20 de julio esperan haber terminado con el segundo censo de la temporada en los humedales de Apacunca, Pueblo Nuevo, delta del Estero Real, Salinas Grande, en Chinandega, Mateare a la orilla del lago Xolotlán y El Guayabo en Granada. 

El biólogo estudioso de las aves, Marvin Torres, quien publicó hace menos de dos meses un libro sobre la muda de las aves, aseguró que los datos provenientes de los censos que realiza Quetzalli son confiables porque este conteo de aves se realiza desde hace varios años por gente que tiene conocimiento del tema. Afirmó que la mayoría de las aves acuáticas son migratorias.

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