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Las manos laboriosas de Anastasia del Socorro Hernández García, de 58 años, le dan vida a los comales de barro que se ocupan en los fogones para echar tortillas y tostar maíz y café.   

Hernández García es originaria de Comalapa, pero desde los 14 años habita en Las Lajitas, un poblado que está a cinco kilómetros de Juigalpa, sobre la carretera a Managua. 

El poblado, que cuenta con aproximadamente 400 habitantes, está en una intersección entre Juigalpa, Managua y Cuapa. 

Desde que se entra a la vivienda de Anastasia se observan comales de barro de distintos tamaños, unos acabados de hacer, secándose, otros ya hechos, listos para su comercialización.     

La mayor demanda de los comales de barro para su comercialización está en los municipios de Santo Domingo, El Ayote y El Rama.    

Anastasia comentó que la gente llega hasta su casa a comprar los comales y que a veces se los encargan por teléfono.   

Tiene 28 años de experiencia en hacer comales, ollas y maceteras de barro, pero esta labor no ha sido fácil debido a que tiene que ir al río a traer leña y barro para la elaboración de sus productos.  

“Me levanto a las 4:00 a.m. para los quehaceres y a las 10:00 a.m. me voy al monte a buscar leña y a traer barro al río”, detalló. Durante el invierno el comal demora cinco días en secarse y en verano dos días.  

“Hago ocho comales al día, pero esto no se vende a diario, cuando se logra vender hasta cinco cajas de un solo vendo. Una caja trae 24 comales”, reveló. 

Historia

Antiguamente en la comarca Las Lajitas la mayoría de las familias se dedicaba al trabajo de barro; no obstante, esto fue decayendo debido a que algunas familias dejaron de hacerlo, algunas por enfermedad, otras por su avanzada edad o porque han migrado.  

Carmen Genara Amador, de 98 años, recuerda cuando ella elaboraba tinajas grandes para vender.  

“Mi mama sabía hacer comales y ollas de barro, a los 10 años hacía comales y ollas y los llevaba a vender a Juigalpa, uno de ver aprende, eso no tiene ciencia: primero se amasa bien el barro, se moldea, se pone a secar y se pone en el horno”, relató Carmen Genara.

Haydée Reyes, de 69 años, también habitante de la misma comarca, sostuvo que ella trabajó con el barro alrededor de 45 años, pero que dejó de hacerlo a causa de una enfermedad.        

“Crié a punto de barro a mis hijos. Antes había bastante demanda de los comales, ahora no, porque están los comales de hierro, manifestó Reyes.  

A Modestana Álvarez Gudiel, de 62 años, el médico le prohibió seguir trabajando el barro. Ella sustentó su hogar, compuesto por nueve hijos, elaborando accesorios de barro. Dice además que las tortillas en el comal son más ricas que en los comales hechos de hierro.   

La empresaria Edelmira Acevedo, quien tiene un restaurante ecológico en Las Lajitas, lamentó que se ha ido perdiendo la tradición de la elaboración de los comales y ollas de barro, no obstante se mostró contenta porque la comarca poco a poco se va desarrollando.  

Las Lajitas cuenta con una escuela, agua potable, luz, estadio municipal, un hotel ecológico y la subasta ganadera La Chontaleña. Además tiene un puesto policial para el control del ganado que entra y sale. Sin embargo, carece de un puesto de salud y de una casa comunal. 

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