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Ángela Norori no le aconseja a ninguna mujer dejar a sus hijos para irse a trabajar a otro país. “Es duro lo que viven ellas allá e igual la pasamos nosotras aquí”, dijo al recordar a su hija que vive en Roma, Italia, pero quien dejó a una niña de dos años de edad.

La mujer de 56 años vive en el Reparto Alejandro Dávila Bolaños, en la periferia de la ciudad, y recibe una remesa mensual para la manutención de ella y su nieta, a quien desde hace siete años viste, cuida, supervisa sus tareas escolares y su salud.

“No es fácil. Lo hago por amor a mi hija que está lejos. Yo no le recomiendo a nadie que (migre), para nosotras las personas de edad es cansado y a la niñez que queda le hace falta sus madres”, aseguro Angelita, quien considera que la familia se fracciona con la migración.

Esmelda Mercedes Martínez está también al cuidado de un nieto por la migración. A sus 62 años, cuida a un niño de tres años de su hijo menor. “El padre se fue a Panamá porque no halló empleo en este país. Se graduó de licenciado en Matemáticas y le fue imposible conseguir una plaza”, dijo apesarada.

Martínez, agrego: “Si yo estuviera bien fuera otra cosa. Pero con estas pestes y mi actividad lenta, es difícil”.

Las dos mujeres, viven en la misma cuadra del reparto. Ellas coinciden que las remesas vienen puntuales y que se gastan en provisión y medicinas, Martínez afirma: “porque la comida es indispensable y mis medicamentos inevitables”.Yasser Gutiérrez. Foto: Nayira Valenzuela

En Chinandega se encuentra un buen porcentaje de mujeres fuera del país, “el destino sigue siendo Costa Rica, Guatemala, Panamá, Estados Unidos y Europa”, informo Pedro Emilio Soza, responsable del Comité de Migrantes en este departamento.

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¿Por qué son las abuelas quienes crían?

Es una cuestión de practicidad y de delegación de confianza, afirman expertos. 

Lea Montes, directora del Servicio Jesuita de Migrantes (SJM) asevera que en todos los casos quien se hace cargo de los niños y adolescentes cuando los padres migran es la persona más cercana a la familia, quien es casi siempre la abuela.

El sicólogo Yasser Gutiérrez opina que la abuela es la persona quien asume esa responsabilidad porque casi siempre es una persona mayor, que está en la casa, que no trabaja y que puede garantizar el buen cuidado de los hijos. 

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De acuerdo con el último perfil migratorio de Nicaragua, publicado por la Organización Internacional para las Migraciones en 2012, dentro del Sistema de Registro Consular de Costa Rica los nicaragüenses con hijos dependientes llegaban a 58,890, de ellos 3,303 los tenían en Nicaragua y de ese total, el 53% estaba bajo el cuidado de sus abuelas. 

Es decir, unas 1,750 abuelas han quedado cuidando a sus nietos, si se contabilizan solamente los datos de nicaragüenses que han migrado legalmente hacia Costa Rica.

También se especifica que el 31.7% de los hijos quedó bajo el cuidado de las propias madres, cuando es el padre quien migra, y el 4.7% bajo el cuidado de sus padres cuando es la madre quien sale del país en busca de oportunidades laborales. Porcentajes menores quedan en manos de hermanos mayores, tías o parientes políticos. 

Según ese mismo documento, la cifra aproximada de nicaragüenses en el exterior es de 791,528 personas, de las cuales la mayoría son mujeres. En España, el 76% del total de migrantes nicaragüenses son mujeres, en Panamá el porcentaje es del 59%, y en Costa Rica y Estados Unidos la población migrante femenina es del 53%.Lea Montes

Modelo de crianza

Fiore Bran, investigadora del SJM, asegura que el modelo de crianza que asumen las abuelas se establece en el principio básico de la lealtad familiar, a través de la cual se cría a los nietos para que no abandonen el núcleo familiar como lo hicieron sus madres. 

“Una de ellas incluso acuñó el término de “mamismo”, refiriéndose al hecho de permanecer atado a la madre”, cuenta Bran, pero manifiesta que lo curioso es que por el mismo sistema en que viven, “por la falta de oportunidades y escasez económica, muchos de estos niños también planean migrar, ya sea para reunificarse con la mamá en destino o por cualquier otro motivo”. 

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Gutiérrez afirma que una de las abuelas con las que tuvo contacto señalaba que ahora le tocaba cuidar bien a sus nietos “para que no tengan que estar rodando como mis hijos”. 

En la mayoría de los casos los buenos cuidados implican estar siempre presentes, con cariño y disciplina, manifiesta Bran. “Las abuelas asumen ese rol de estar siempre presentes, porque muchos de los niños consideran la migración como una especie de abandono”.

Pero también tienen que lidiar con los problemas de conducta de sus nietos, niños y adolescentes. “Hemos identificado un problema de desafío de autoridad porque no está la figura materna ni paterna”, dice Bran. Con ella concuerda Gutiérrez, contando la anécdota de una abuela a quien “a veces le daba tanta cólera que sus nietos no le hicieran caso, que el enojo llegaba a tal punto de que si no se acostaba, se desmayaba”.

“Una abuela decía: ‘He pensado que la vida carece de valor y sería mejor morirse, me he sentido con poco valor, pensando en mí misma como una fracasada, me he sentido triste y con bajo estado de ánimo’”, afirmó Yasser Gutiérrez, en el primer congreso de Migración y Salud Mental realizado en la Universidad Centroamericana de Managua.

Daños físicos y emocionales

Negativo • Es una razón de orgullo para una abuela encargarse de los cuidados de sus nietos cuando uno de sus hijos migra a otro país, asegura Yasser Gutiérrez, pero comparte que esa responsabilidad también puede provocar daños en la salud mental de las mujeres que asumen una nueva maternidad. 

“Todas hablaban de depresión, de sentir angustia, de tristeza”, comenta Gutiérrez, sobre entrevistas que realizó a 16 abuelas de Chinandega cuyos hijos habían migrado, y cuyos nietos estaban a sus cuidados. 

Para Fiore Bran, primero estas abuelas reconocen su papel como madres antes que como mujeres al sentirse orgullosas por cumplir los cuidados de crianza de sus nietos, sin embargo también aceptan el cansancio y las consecuencias físicas que ello conlleva. 

“Ellas dicen: ‘sabemos que cuando somos abuelas nos toca volver a ser madres con los nietos’, pero también hablan del cansancio porque ya es una edad para que estuvieran descansando, son personas mayores que ya han cumplido con todos los roles de cuidado que implica hacerse cargo de una generación de más de tres hijos, y después tener que asumir nietos de uno o más hijos”, señala Bran. 

Aunque en la mayoría de los casos, según ambos expertos, las abuelas no relacionan directamente su papel de maternidad como causante de trastornos mentales o dolencias físicas. 

“Yo les preguntaba si había alguna relación directa entre el cansancio o algunas otras secuelas a nivel físico o emocional, y la migración. En la mayoría de los casos dicen que no, pero cuando avanzaba en el proceso de entrevistas ellas lo iban identificando. Por ejemplo, relacionan los cambios en la presión arterial, alteraciones en la presión por el enojo, porque sus hijos ya no les envían remesas, o ya no les contestan el teléfono”, apunta Bran, encargada de realizar una investigación sobre esta temática desde el SJM. 

Los daños a nivel físico normalmente son enfermedades relacionadas con el estómago, debido al estrés, asegura Bran, quien comenta sobre la falta de tiempo de las abuelas para el autocuido. “Tienen que asumir el rol de cuidadoras aparte de las tareas domésticas, y de sus actividades cotidianas. Muchas de las mujeres que entrevisté participan en una iglesia, en un partido político, entonces tener que distribuir su tiempo entre todas esas tareas hace que no tengan tiempo para sí mismas”.

Gutiérrez también comenta que las mujeres a quienes entrevistó tenían enfermedades y malestares físicos, siendo los más comunes la artritis, la hipertensión, problemas del corazón, dolores de espalda y problemas de la vista. 

Aunque afirma que estos no son problemas desencadenados específicamente por la crianza de los nietos, señala que sí repercute en ellos la responsabilidad asumida del cuidado.

El trastorno emocional más común que padecían las abuelas que entrevistó Gutiérrez para su investigación fue la depresión. 

Por su parte, Lea Montes comenta que la depresión se relaciona con los duelos migratorios, que son situaciones no resueltas de abandono, “situaciones emocionales que no han sido atendidas ni reflexionadas” ni por los sicólogos ni en grupos de autoayuda, puesto que el asunto migratorio se toma como totalmente privado, y pocas veces se cuenta si un miembro de la familia ha migrado.

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