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Los chinandeganos se levantaron ayer con un panorama inusual: del cielo caía cenizas. Por esta causa debieron usar nasobucos, anteojos y sombrillas. Se calcula que 50,000 personas fueron afectadas por la actividad volcánica del San Cristóbal, coloso que según las autoridades “no representa actualmente mayor peligro para la población”.

El codirector del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred), Guillermo González, recordó que las cenizas pueden causar problemas respiratorios y de contaminación, por lo que llamó a la población a tomar medidas de precaución.

Según el vulcanólogo del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), Armando Saballos, eventos como este suelen presentarse una o dos veces al año en el volcán San Cristóbal, y no descartó futuras explosiones en el cráter, o que continúa emanando cenizas, aunque afirmó que esto irá disminuyendo.

Las cenizas alcanzaron 86 localidades en el municipio de Chinandega y 92 en El Viejo, para totalizar 178 barrios y comunidades afectados.

El San Cristóbal, de 1,745 metros de altura, es el volcán más alto de Nicaragua y pertenece a la cordillera volcánica los Maribios, que está constituida por 13 conos y que pertenece al “cinturón de fuego del Pacífico”, la zona geológica más activa de la Tierra.

La ciudadanía de Chinandega comenzó ayer a realizar labores de limpieza y escombreo de techos, patios y aceras.

Las clases se suspendieron. El director de la escuela Luis Alberto Cabrales confirmó la salida de sus alumnos por la preocupación de sus padres, aunque los maestros cumplieron con el horario, porque hubo niños que se quedaron en las escuelas.

Ana Salinas, de 25 años, se disponía a bajar a la ciudad para hacer compras cuando salió de su casa. “Mi sorpresa fue ver la lluvia de cenizas que caía desde la madrugada. No supe a qué hora comenzó”, dijo.}

Su vecina Greta Reyes lavó toda su ropa el jueves y la dejó tendida en el patio de su casa. “Mi ropa estaba negra, la arena del cerro le cayó desde la madrugada y no tuve más remedio que recogerla”, expresó mientras desempacaba una chaqueta de dril para usarla como protección.

Hubo un tramo de siete kilómetros en la carretera Panamericana donde los vehículos avanzaban lento, porque no había visibilidad a 20 metros.

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