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Los cuentos de Martha Cecilia Ruiz generan reacciones diferentes entre los lectores. Según ella, las mujeres le dicen que sus cuentos son divertidísimos, mientras los hombres la han acusado de escribir un libro de terror o una apología del delito. 

“Familia de cuchillos” se titula el libro de cuentos que Ruiz presentó la semana pasada en Managua, bajo la edición de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (Anide). Incluye 27 cuentos, microrrelatos y relatos breves. 

En esta entrevista, la escritora, poeta y periodista de 45 años habla sobre la literatura como un reflejo de la realidad y sobre la violencia contra las mujeres como hilo conductor en su primera obra de cuentos. 

¿Cómo se combina el humor negro con un tema tan sensible como la violencia de género?

Esa es la vida misma. A veces no nos queda otra opción más que reírnos de nosotros mismos, y en la literatura los grandes temas son siempre los mismos: la muerte, el amor, el desamor, el dolor y las preguntas existencialistas. Pero vamos cambiando los formatos. La idea es escribirlo bien, que no sea panfletario, que no sea políticamente correcto. Porque la literatura tampoco tiene que ser moralizante, pero no te puede dejar indiferente. Puede que irrite a los machistas, puede ser que haga reír a las mujeres. Alguien me dijo que empezó leyendo y riéndose, pero después del cuarto texto se puso a llorar. 

¿Qué respondés a los comentarios negativos que los hombres te envían?

Yo no les respondo. A mí me da mucha tristeza. Porque la literatura es libre, una vez que sale el libro es de quien lo lee. Y no es trabajo de la escritora andarle explicando a cada persona. Cada uno lo va a procesar desde su capacidad, su interés, su formación. Puede ser que yo tengo un rol como defensora de derechos humanos, pero en mi rol de escritora no es eso. Prefiero invertir mis energías en un taller con adolescentes, que perder el tiempo con alguien en Facebook cuando su formación no se la voy a cambiar con una opinión. 

Se asustan por un cuento, pero a esas mismas personas no las veo reaccionar así por los crímenes que cometen los hombres contra las mujeres. Y quizá lo que yo estoy escribiendo es lo que la mujer imagina, pero nunca llega a hacer. No comprenden en su mente tan cerrada que se trata de una ironía, de una burla. También tiene que ver con la pobreza de lectura. 

¿Por qué creés que es importante reflejar en la literatura esos temas relacionados con la violencia, especialmente la de género?

Creo que los escritores, las escritoras, reflejan sus tiempos. Aquí hubo gente comprometida con la revolución y se metió de cabeza. En ese momento ese era el tema. Ahora los cambios, las transformaciones las vemos de otra manera y escribimos sobre eso. Ese es el tiempo que nos tocó vivir y no podemos ser indiferentes. Pero no de una manera panfletaria. A veces uno sin pensarlo manifiesta el tema de la violencia de género. Es que te permea. Pero hay que hacerlo con responsabilidad, de una manera que sea estéticamente correcta, tiene que estar bien escrito y también éticamente hablando. No porque hable del tema de los derechos de las mujeres, la gente tiene que comprar el libro. No se trata de eso. 

Estos cuentos, ¿los escribiste pensando en reunirlos en forma de libro o es una recopilación de lo que ya habías escrito? 

Son cuentos trabajados durante varios años, y algunos más recientes escritos durante un taller. Yo no me dije: “Voy a hacer unos cuentos con enfoque de género”. Salieron por mis vivencias, por mi experiencia. Los dos cuentos más largos se refieren a situaciones donde las protagonistas son periodistas. Yo vengo de una experiencia de prensa escrita, radio y televisión, y todo eso alimenta las historias de cosas que yo viví como periodista y luego como divulgadora de derechos humanos. En Unicef, por ejemplo, tuve la oportunidad de viajar bastante al Caribe y una de las cosas que me llamaba la atención era la historia de los chinos en Bluefields. A partir de allí nace un cuento que se llama “Memorias del club chino de Bluefields”. 

Si te fijás, en mis cuentos no todas las mujeres somos pobrecitas, somos víctimas, sino que es una realidad que se retrata con humor. Algunas veces las mujeres también, rayando en la locura, son agresoras."Uno escribe por la necesidad de escribir, pero también por la necesidad de que lo lean, de dar a conocer esas historias”.  Martha Cecelia Ruiz  escritora.

¿Tenés alguna preferencia por los cuentos cortos? 

Me gustan los cuentos cortos porque también son retadores, porque el lector tiene que entrar en el juego con la autora. El cuento corto permite que la persona esté en sintonía en ese momento, porque como te lo leés de un solo tirón, tenés que agarrar la onda del cuento y es un gran reto para uno como escritora. 

¿Escribís con un propósito específico o solo por la necesidad de escribir?

Uno escribe por la necesidad de escribir, pero también por la necesidad de que lo lean, de dar a conocer esas historias. Creo que el acto de escribir es un acto solitario, pero también es un acto egoísta, porque sos vos con tu mente, con tus ideas, y querés que la gente oiga esa historia. No importa si les gusta o no les gusta, lo que importa es que no las deje indiferente. Si los mueve, yo me siento realizada. 

Aquí aparece el primer cuento que yo leí en público, que habla sobre Nat King Cole. Ese cuento se lo dediqué a Mario Fulvio y él me convenció de que lo leyera en el programa de radio. Eso fue hace como trece años. Y nos pasó algo bien interesante: cuando leímos este cuento, la gente después llamó al programa para solidarizarse con la protagonista del cuento. No sé en qué momento se perdió la idea, se entendió que era una carta que alguien envió al programa para contar su historia. Nosotros no quisimos romper la magia y dejamos que las llamadas fluyeran. Para mí fue muy emocionante que la gente de verdad creyera que era una historia real, porque entonces si vos convencés a la gente de que se enoje, que se ría, que se alegre, lo lograste. Convertir la fantasía en la realidad de esa persona que lo está leyendo en ese momento. 

¿Vos misma has vivido situaciones de violencia?

Todas hemos vivido situaciones de violencia. Todas. Cuando uno va llegando a la adolescencia, empieza a recibir esos choques. Una sale a la calle y te silban, y te dicen, alguien te quiere rozar en el bus. En los trabajos alguien se quiere propasar con vos, a veces dentro de tu misma casa hay situaciones que son violencia, de discriminación, o de sobreprotección por el hecho de ser niña o mujer. Todas las hemos vivido. A veces hemos hablado o callado, o nos hemos apartado de ese lugar o de esa persona. 

¿Creés que debería haber más mujeres escribiendo literatura con enfoque de género? 

Creo que más mujeres deberían escribir sobre su experiencia, sobre sus memorias, sobre sus vivencias. Un problema que tenemos nosotras es que nos da miedo. A mí me costó asumirme como escritora. Yo me presentaba como periodista. Fue Vidaluz Meneses la que me llevó a Anide y allí me aceptaron sin tener libro publicado, solo con lo que publicaba en los suplementos y revistas. Un estudio de Anide reveló hace un par de años que la edad media de las mujeres cuando publicaron su primer libro de poesía era a los 50 años. ¡Las mujeres hasta los 50 años nos decidimos a publicar el libro!, ya cuando perdemos el miedo. 

¿Qué te daba miedo de publicar?

Me sentía insegura. Ese miedo permanente de ¿irá a ser bien recibido? ¿Le falta? ¿Lo debo pulir más? Incluso cuando el libro va a la imprenta, ¿y si no queda bien? ¿Y si el diseño? ¿Y si se movió? Pero el libro perfecto no existe. Como todo en la vida, lo perfecto no existe, pero sí existe el trabajo de calidad. Creo que con esto ya perdí el miedo, tanto que ya tenemos incluso la segunda edición. 

¿Escribís más poesía o narrativa?

Las dos cosas, y a veces se cruzan. Tengo un cuento que se llama “Pájaro de ceniza”, es una narración poética. Tengo algo que se llama “Te quiero partir la corona”, que lo publiqué como un poema, pero la crítica literaria me ha dicho que es un  microrrelato.

¿Cuál es la mayor estocada que das a través de tus cuentos?

Los finales inopinados, inesperados. Como dice Cortázar, el cuento debe ganar por knock out. Para mí, los finales inesperados y sorpresivos son la mayor estocada que doy en mis cuentos. 

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