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Un huracán, un ave o un cazador pudieron haber transportado las mojarras a las lagunas cratéricas de Nicaragua, desde los lagos Cocibolca, Xolotlán o río San Juan. Este pez diverso, del que hay muchas especies, se encuentra amenazado. Hay un tipo endémico que solo habita en la laguna de Apoyo y está al borde de la extinción.

En la laguna de Xiloá, ubicada en Managua habitan cuatro especies de mojarras.

Los expertos han llegado a la conclusión de que hubo un proceso de evolución divergente, es decir, que existió un ancestro común que se fue separando.

Fabio Buitrago, biólogo marino que se ha sumergido en las lagunas de Xiloá y Apoyo para realizar estudios sobre estos peces, afirma que “las lagunas son islas ecológicas que no tienen conexión con otro cuerpo de agua y por ende las especies no tienen contacto genético entre sí”, por lo que “las que quedaron en el lago de Nicaragua evolucionan en un camino distinto a las de las lagunas. Es un ejemplo de la teoría de Darwin, del proceso de selección natural”.  END

El biólogo estadounidense Jeffrey McCrary, quien ha estudiado por muchos años a estos peces, asegura que “a partir de  una sola especie de mojarra se dividieron varios especímenes, como resultado del aislamiento en cada laguna”.   Está comprobado que estos animales son capaces de sobrevivir en ambientes contaminados y reducidos por la depredación. 

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En 1976, George Barlow, colega de McCrary, descubrió en Apoyo una mojarra y poco después, a través de pruebas genéticas, se determinó que era un pez nuevo para la ciencia. 

Atraído por la curiosidad de estudiar los peces de esta laguna, McCrary instaló para 1979 una cabaña de estudio en Apoyo. Desde entonces se encuentra ahí. Fundeci-Gaia es la organización con la que trabaja para instruir a las comunidades aledañas a Apoyo en desarrollo sostenible y conservación. La tarea que inició hace años con los peces de la laguna, no ha terminado y se extendió a otras. 

De acuerdo con Fabio Buitrago, a pesar del valor biológico de las mojarras, estas se encuentran en el anonimato para la población y las instituciones.

“A medida que estudiemos y conozcamos las especies endémicas de las lagunas, podremos manejar mejor estos recursos naturales. Si se pierden estas especies, se perderán en todo el mundo”, expresa.         

Según McCrary, existe la hipótesis de que existen 40 especies de mojarras que habitan en las lagunas, los lagos Xolotlán y Cocibolca y el río San Juan. 

En la laguna de Xiloá existen cinco especies endémicas, todas mojarras del género Amphilophus, salvo una Atherinella xiloaensis. 

En cambio, en la laguna de Apoyo hay seis especies endémicas del género Amphilophus. En la laguna de Asososca vive una especie endémica identificada.  McCrary afirma que es muy probable que en otras lagunas como Tiscapa, Apoyeque y Asososca de León, también existan especies únicas genéticamente. 

“El motivo por lo que no se han estudiado, es que algunas son de difícil acceso o están contaminadas”, señala el experto. 

Valor científico

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés) establece las clasificaciones de riesgo que tiene cada especie de planta y animal en el mundo. 

Una de las especies endémicas de mojarra de la laguna de Apoyo, Amfilopus zaliousus o Mojarra Flecha, está en la lista de especímenes en peligro de extinción de dicha organización. 

Según los detalles de la Lista Roja de dicha institución, la Mojarra Flecha fue descubierta por George Barlow en 1976, sin embargo, cuando empezó a evaluarse su situación fue en 2007 y finalmente en 2009 fue incluida en lista oficialmente. 

Lo que se tomó en cuenta para darle el estatus fue “la presencia de una especie introducida en la laguna, la creciente incidencia de parásitos en los peces nativos, por una disminución continua en la calidad del hábitat y el número de individuos maduros en la población”, señala el informe de la IUCN.

McCrary, el biólogo que promovió la valoración de esta especie, sostiene que  las otras cinco especies de la laguna de Apoyo no están evaluadas, de igual manera las de Xiloá y Asososca. “Sabemos que solo por la dimensión del espejo de agua que ocupan estarían bajo algún grado de riesgo”.

En cuanto al interés que dichas especies pueden despertar para la investigación científica, Buitrago destaca que prácticamente es un área virgen. “No conozco de alguna universidad que haga actualmente una investigación rigurosa. Los ecosistemas subacuáticos, como las lagunas no son explorados”, dice.  

Centro de investigación

Jaime Íncer Barquero propone que se abran estaciones biológicas en Apoyo y Xiloá para que investigadores tengan condiciones de trabajo y la población en general conozca las especies endémicas que ahí habitan. 

Buitrago destaca que hay tantas especies en Xiloá y Apoyo que podrían construirse un acuario con los especímenes, para que la gente pueda verlos y a entender qué pasa en las lagunas. 

McCrary recibe a estudiantes de Biología, extranjeros y nacionales que realizan avistamientos de aves o mamíferos, recolección de insectos y reconocimiento de especies de árboles. Algunos practican buceo en la laguna de Apoyo con el objetivo de ver a las mojarras y estudiarlas. 

El resto de especies endémicas que se han descubierto en las lagunas cratéricas ha sido por el interés de estudiantes extranjeros o nacionales, dice McCrary.

Jaime Villa es uno de los expertos que en esa dinámica realizó el hallazgo de Atherinella xiloaensis, una sardinita endémica de Xiloá. De igual manera,  Axel Meyer descubrió a Amphilophus tolteca y Amphilophus viridis, en Asososca y Xiloá, respectivamente. 

Las increíbles mojarras de la laguna de Masaya

En la laguna de Masaya también hay mojarras, pero por la contaminación de este cuerpo de agua están condenadas a muerte. Según McCrary, las autoridades municipales de Masaya han hecho un esfuerzo para detener la destrucción, pero todavía caen aguas residuales, gran cantidad de plástico y otros desechos. 

A pesar de esta situación, las mojarras se adaptan a eso niveles de contaminación,  lo que las convierte en una especie increíblemente resistente y adaptable. McCrary afirma que eso es parte de su valor genético. 

Sospecha que en la laguna hay cinco especies de mojarras que solo habitan ahí. El experto relata que, desde 1990, comenzó el estudio con un grupo de estudiantes extranjeros y nacionales, pero que en 2009 y 2010 hizo una recolección de mojarras y comenzaron a analizar cuáles podrían ser endémicas. 

“Son especies diferentes a las identificadas en la laguna de Apoyo y Xiloá. Envíe la foto de un hueso a un colega en Estado Unidos, una mandíbula faríngea, con lo que podemos diferenciar cada especie, porque es una parte donde la evolución se aplica. Es decir que la mandíbula faríngea de una mojarra encontrada en la laguna de Masaya es diferente a una de Apoyo y Xiloá”, explica McCrary.  

Destaca que estos peces no existen todavía según la ciencia, porque no han sido incluidos en una lista oficial. “Estoy en un proyecto hace varios años que fue aprobado por el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena). Con un colega de Estados Unidos, Jay R. Stauffer, hacemos un análisis para darles sus nombres”, afirma McCrary. 

Aún falta medir diferentes partes del pez y comparar las mandíbulas. “Así podemos demostrar que son diferentes a las otras especies ya identificadas”. 

El actual hábitat de la mojarra en este espejo de agua es de solo el 20% en comparación con el de la laguna de Apoyo.  “El espacio efectivo de la laguna de Masaya es pequeño porque está destruida. Los peces viven en rincones”, afirma McCrary. 

Amenaza latente

Lo cierto es que las lagunas cratéricas, consideradas por los expertos como las Islas Galápagos de Centroamérica, están amenazadas por el irrefrenable avance del urbanismo. Algo que los expertos no comprenden por los beneficios que dan a las comunidades cercanas a ella: reducen la contaminación atmosférica, aportan agua, refugian a especies de aves o mamíferos, además ofrecer belleza paisajística.

Buitrago señala que en el caso de Xiloá hay más asentamientos cerca que aportan basura, además de los desechos de turistas.  

Añade que  en este cráter, más pequeño que Apoyo, se permite la navegación con medios de transporte que utilizan combustible y aceites, que va en detrimento del agua, ya que la llenan de estas sustancias. 

McCrary plantea que “la erosión está tapando las rocas y eliminando el lugar efectivo para que estos peces puedan vivir bien”. 

La falta de lluvia afecta el equilibrio hídrico de las lagunas, de esa manera están perdiendo volumen de agua.  

Un informe sobre la evaluación de los resultados del muestreo de agua de 2005 sobre la laguna de Apoyo, realizado por el Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos de Nicaragua (CIRA), determina que ha habido una reducción gradual del volumen de agua en el transcurso de los años provocado por una barrera hidráulica que impide la descarga de agua subterránea y por la evaporación. 

En el año que se realizó dicho estudio, solo tres puntos de la laguna tenían problemas sanitarios o de contaminación. El resto está en condición óptima, menciona el documento. El CIRA destaca que esta laguna tiene un nivel de salinidad cercano al mar, por lo cual no es apta para consumo humano ni riego. 

Esto es un punto a favor de las mojarras, ya que demuestra que otra de sus cualidades evolutivas es la adaptación. 

El estudio dice que urge establecer un plan de monitoreo del agua de Apoyo. Sobre la calidad del agua de Xiloá no existen informes actuales, muchos menos del estado del hábitat de sus peces.  

McCrary asegura que la introducción de peces que no son de las lagunas, como la tilapia y la guabina, ha tenido un impacto negativo en el hábitat de las especies endémicas. La guabina fue introducida en 1991 en Apoyo. “Las guabinas prosperaron y ahora son muy abundantes. Se están comiendo a las otras especies”, afirma. 

En el caso de las tilapias que fueron introducidas en Apoyo, McCrary indica que la segunda generación no progresó. 

Cumplir el plan de manejo

El Plan de Protección y Manejo de la Laguna de Apoyo, aprobado por la Asamblea Nacional en 2010, en al Artículo 6 titulado Objetivos de Conservación, dice que los principales valores del área protegida son las especies de flora y fauna con alto grado de endemismo. 

Sin embargo, no hace referencia a las especies endémicas de peces. Xiloá forma parte del área protegida de la península de Chiltepe. No tiene su propio plan de manejo. 

La gran tarea es promover  la investigación en el resto de lagunas donde se sabe que hay mojarras, para saber si son únicas en el planeta. Mientras, Asososca de León, Apoyeque y Monte Galán esperan ser estudiadas.

“Sufriremos extinciones que jamás veremos, porque no conocemos a las especies.  Hay muchos peces que no conocemos y que podrían extinguirse”, sentencia McCrary. 

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