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Para evitar transmisión de enfermedades que se pudieran propalar a través de moscas y mosquitos a los comunitarios del balneario de Jiquilillo, en Chinandega, enterraron a la medianoche del jueves a la ballena jorobada que apareció ayer muerta, flotando en aguas del Pacífico.

El cetáceo, de 15 metros de largo, de la cual se desconoce su sexo, fue enterrada en la playa por recomendaciones de la bióloga Ana Julia Vargas, delegada del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena).

La comisión gubernamental que viajó el jueves por la tarde a Jiquilillo, encabezada por Marvin Meléndez, responsable de gestión de riesgo de la municipalidad de El Viejo, no determinó la edad de la la fiera marina, aunque todos coincidieron en que se trataba de un animal joven.

En este sitio ha sido enterrada la ballena en Jiquilillo, Chinandega. Carol Munguía/ENDAlan Quiroz participó del espectáculo que vino del mar, pues la inmensa masa de carne flotaba entre las olas, hasta que finalmente la fuerza del mar la expulsó a la arena.

Quiroz dijo que la ballena salió en estado de descomposición, que se comprobó al llegar la representación del Ministerio de Salud (Minsa), instancia que determinó que se sepultara a lo inmediato.

"Se hizo un movimiento de tierra tres veces mayor al tamaño del cetáceo, al que se le aplicó formalina y 50 quintales de cal", dijo Meléndez.

Es la tercera vez que aparece una fiera marina en esas costas. En la década pasada apareció una foca, luego un delfín y ahora es una ballena jorobada.

Los pescadores de Jiquilillo aseguran que está ballena pudo sufrir golpes por parte de los barcos pesqueros que faenan en alta mar, lesión que no le permitió seguir a la manada con la que regresaba a su lugar de origen.

Pedro Escalante, pescador, aseguró que también han aparecido tortugas y tiburones jóvenes, que pueden ser producto del calentamiento de las aguas por efecto del cambio climatico.

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