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Cuando en las iglesias una mujer acude al pastor o al sacerdote para contarle la violencia que está viviendo en su casa a manos de su pareja, algunos líderes religiosos suelen decirle: “Aguantalo porque es tu cruz”, reconoce el sacerdote capuchino Berman Bans, párroco de El Rama, en la Región Autónoma del Caribe Sur.

La frase “Aguantalo porque es tu cruz” para Berman Bans “es inadmisible en la enseñanza del evangelio y el cristianismo latinoamericano, eso no puede ser porque entonces estamos diciendo que la mujer debe aguantar hasta que el hombre la ponga en un ataúd. Se ha ocupado una mala interpretación fundamentalista del Antiguo Testamento para justificar la violencia sistemática contra las mujeres”, afirma el capuchino.

“En Nicaragua la gente tiene mucha creencia en el cristianismo y confianza en los líderes religiosos. En este sentido tenemos una gran responsabilidad porque la gente nos deja entrar donde la Policía no entra. Los pastores y sacerdotes debemos ser autocríticos y ver hasta dónde nosotros desde nuestros discursos estamos fomentando esa violencia de género en vez de ayudar a prevenirla”, afirma Bans, quien tiene dos años de ser el párroco de El Rama y atiende al menos 80 comunidades rurales que visita dos veces al año.

Por su parte William Molina, pastor de la iglesia de Dios del barrio El Recreo de Managua, reconoce que es erróneo pensar que a Dios no le agradaría la separación de una pareja casada porque el hombre es violento.Berman Bans, cura párroco de El Rama. 

“En todo matrimonio hay problemas, se aconseja y se dan charlas pero si un hombre violenta a una mujer y es necesario que utilice a las autoridades, lo tiene que hacer, las mujeres no se deben dejar maltratar por nadie”, asegura Molina. 

Violencia se dispara este año

El Observatorio de Violencia de la organización Católicas por el Derecho a Decidir (CDD) contabiliza 42 mujeres asesinadas en lo que va del año. A esta cifra se suma el femicidio de Dina Medina Salazar, reportado este lunes por la Vicepresidenta de la República, Rosario Murillo. Cesario Gómez, de 56 años, asesinó a golpes con un objeto contundente a Medina Salazar, de 60 años, este domingo, en el municipio de San Carlos, del departamento de Río San Juan. Gómez, el femicida, es expareja de la mujer asesinada. Según las autoridades, tenían cuatro meses de separados y Gómez amenazaba a Medina Salazar con matarla sino regresaba con él. Con este caso se reportan este año 43 mujeres asesinadas: 40 fueron femicidios, dos asesinatos y un homicidio.

Entre otros casos están el de una mujer con ocho meses de embarazo que fue asesinada y cercenada de uno de sus brazos en San José de Bocay, otra fue quemada viva en Rosita, otra fue decapitada en Managua y unas cuatro ancianas han sido asesinadas a cuchilladas en varias zonas del país en este mismo año. Los hechos han sido catalogados por las autoridades como “crímenes atroces”.

Educación es clave

La experta en educación Sobeyda Zamora indica que en la asignatura de convivencia y civismo, que se imparte en las escuelas primarias y secundarias del país, se abordan temas relacionados con la equidad de género, roles sociales y se analizan algunas teorías sobre el machismo y feminismo. En sexto grado hay una unidad de ciencias naturales que la denominan género, sexo y sexualidad, donde hablan de equidad de género. 

“Pero con tantos femicidios que hemos estado viendo debería de haber una materia aparte, sobre todo en secundaria para profundizar en estos temas, porque a los hombres desde el hogar se les enseña a ser violentos, pero a las mujeres no se les enseña cómo detectar un hombre violento y que se les enseñe a ambos el amor propio”, sugiere Zamora. 

La psicóloga Meyling Palma atribuye la existencia de la violencia de género a la educación sexista que se recibe desde la infancia.

“Se nos ha enseñado que los niños son fuertes, no lloran y que cuando están enojados golpean, en cambio las niñas son débiles y si están molestas lo manifiestan llorando. Esas son enseñanzas de los padres que se deben eliminar desde el hogar”, refiere. 

Berman Bans, párroco de El Rama, agrega que se debe enseñar de forma más igualitaria cómo se trata a un varón y a una mujer y desmitificar el hecho que los quehaceres domésticos son solo de las mujeres.

“Hay que hablar con ejemplos concretos. Los hombres se sorprenden cuando se les aconseja algo que va en contra de su machismo normalizado, pero después reflexionan porque si no cambiamos la forma en que estamos educando a los varones estamos creando al pegamujeres o al femicida del mañana. El catolicismo no puede ser cómplice de eso. Las iglesias sin las mujeres no existen, la mayoría de catequistas, ministros de la eucaristía y predicadores son mujeres y no podemos seguir callando”, dice el párroco Bans.

Se deben unir esfuerzos

Luz Marina Torres, feminista y coordinadora del Colectivo 8 de Marzo, es precisa en decir que la violencia contra las mujeres y la violencia en general es algo que no se puede erradicar, pero sí se puede controlar.

Sin embargo recomienda la unificación de esfuerzos de todos los sectores porque “hasta ahora cada quien ha trabajado por su lado y es poco lo que se ha conseguido”.

El Gobierno anunció recientemente que fortalecería una campaña de prevención de la violencia desde los hogares en alianza con las iglesias y repartiría casa a casa al menos un millón de cartillas con mensajes que promuevan el respeto.

Otras formas de violencia

No basta con solo proponer, se necesita actuar, coinciden los entrevistados. “Cuando una mujer se atreve a denunciar ante las autoridades o contarle a un líder religioso que su pareja le pegó, es porque ya atravesó todo el círculo de violencia psicológica, económica y sexual”, comenta la feminista Luz Marina Torres. 

Según el párroco Berman Bans, en la Costa Caribe ya se están dando los primeros pasos en cuanto a la prevención de la violencia económica desde las iglesias. 

En el Vicariato Apostólico de Bluefields, dice Bans, es requisito para contraer matrimonio eclesiástico que la pareja esté casada por lo civil “porque muchos hombres después dejan a las mujeres y sus hijos en el total desamparo”.

“Los del problema somos principalmente los hombres y tenemos que reconocer que no nos va a debilitar el hecho de que las mujeres sean líderes e independientes, sino que lo que nos debilita es haber creado y ser parte de un sistema de masculinidad donde las mujeres son las principales víctimas”, concluye el religioso.

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