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Isaí Augusto Salinas Gutiérrez, de 14 años, estudiante del tercer año de secundaria en el Instituto de la Fresca, ubicado en la comarca El Copián del municipio de Las Sabanas, departamAento de Madriz, expone con un lenguaje de experto las técnicas de producción de lombrihumus frente un cajón de madera con sustrato orgánico, donde las lombrices se reproducen.

“Este abono lo produce una lombriz que es californiana, una de las mejores para producir abono”, comenta todavía agachado sobre el cajón para revolver con la mano el material, donde pueden verse las lombrices en movimiento.

Añade que el sustrato debe contener un 70% de agua para que los gusanos puedan trasladarse en sus túneles.

“También se utiliza el ‘purín’, que es el orín de las lombrices, y que sirve para abono foliar. Una bombada de 20 litros (de mochila) se compone de 70% orín y 30% de agua, y es efectivo para toda clase de cultivos”, pormenoriza.

A la par del cajón están dos barriles de plástico entrelazados con una manguera. Intuido por la curiosidad del visitante, el joven explica que allí actúan unos hongos o microorganismos que recolectan en árboles podridos de la montaña.

Para fertilizar huertos escolares

Los estudiantes producen un biofertilizante de uso foliar. Estos son utilizados en los huertos escolares de la comunidad, donde los estudiantes cultivan hortalizas para enriquecer sanamente la merienda diaria.

Desde los ocho años Isaí Augusto Salinas Gutiérrez ha venido participando en actividades ecológicas y le gustaría estudiar agronomía una vez cumpla su bachillerato. 

A sus 13 años, Diana Erenia  López Vázquez expone con mucha elocuencia las formas de cosechar agua. 

Derechos ecológicos 

Isaí Augusto y Dania Erenia forman parte de un contingente de cien niños y niñas que en Las Sabanas son conocidos como multiplicadores y que comparten el conocimiento con más de 1,200 menores de edad que residen en 12 comunidades. Cada multiplicador tutorea a tres o cuatro compañeritos para capacitarlos en derechos ecológicos de la niñez y adolescencia.

Daisy Carolina Pérez Betanco, madre de una niña que participa en obras de teatro ecológico de Las Sabanas, dice que la niñez ha desarrollado nuevas habilidades y sensibilizado a los adultos sobre la necesidad de cambiar de actitud para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas.

Los derechos ecológicos ya está en boca de los niños y los resuenan con su voz en las aulas, en las reuniones comunitarias y en sus familias, tal como los enumeró Magdalena Betanco Hernández, 11 años, estudiante del sexto grado en la escuela de la comarca El Pegador.

“Tenemos ocho derechos ecológicos como son respirar aire puro, tener agua en calidad y cantidad; vivir en un ambiente sin ruidos nocivos para la salud; derecho a saber los problemas que tiene la comunidad; y así participar en su solución. Hay muchos más derechos, pero sentimos que se nos están cumpliendo”, expuso.

Comunidades limpias

Las comunidades rurales de Las Sabanas y su propia cabecera municipal lucen siempre limpias y sus frescos ambientes armonizan con sus espesas y verdes montañas por lo general copadas de neblina. Es un paisaje que también los sabaneños quieren conservar para promocionarse turísticamente.

“Cuando estamos en clases, hacemos limpieza. Recogemos toda clase de basura inorgánica, pero cada vez hay menos. También en la casa, la basura orgánica se pone aparte para el abono de los huertos y la inorgánica se la lleva el camión de la alcaldía”,  relató Magdalena. 

Los estudiantes se distribuyen las plantas frutales para que sean sembrados en sus respectivas casas.

Influir en los adultos

Gladys Antonia Acevedo, también madre de una adolescente que integra el contingente de pequeños ecologistas, afirma que la actual niñez de la pintoresca comunidad de El Copián, ha logrado cambiar mentalidad de la población.

“Me siento orgullosa porque mi niña de 14 años de edad ha aprendido a elaborar mermeladas, trabajos manuales y preparar abono de lombrihumus. También participa en intercambios de experiencia y está metida en la obra de teatro (como actriz)”, expresó.

Dijo que los niños han influido en la conservación del ambiente. “Ahora casi no se ve gente tirando basura en las calles, tampoco cuando se viaja en los buses, donde uno antes tiraba basura por las ventanas”, indicó.

Los niños producen obras de teatro, que también planean dramatizarlas en radio, todas en temas sobre el medioambiente y los derechos de la niñez y adolescencia.

Se esfuerzan por destacarse en las actividades, para llegar a ser los ganadores del concurso “comunidades verdes”.

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