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En la sala de la familia Sequeira hay tres velas que no se apagan desde las 7:00 p.m. del pasado miércoles. Están frente a un altar improvisado, adornado con flores blancas en el que junto a tres imágenes de La Purísima fue colocado un retrato de Adamaris del Socorro. Es un velorio simbólico. 

La mujer de la fotografía viajaba en la camioneta del centro de salud de Santo Tomás, Chontales, que cayó a un cauce del barrio Héctor Ugarte, de Juigalpa, a las 5:45 p.m. del 4 de octubre.

Adamaris trabajaba como responsable del área administrativa del centro de salud de Santo Tomás y fue arrastrada por las fuertes corrientes provocadas por las lluvias de los últimos días. Fue declarada muerta por el Gobierno y su cuerpo no ha sido recuperado. 

Al cauce cayeron dos personas más: Paul Rosales, el conductor de la camioneta, y Rosa Matamoros Bravo, directora del centro de salud, cuyo cuerpo fue recuperado ayer por familiares que buscaban al chofer del vehículo en las aguas del río Mayales, a cuatro kilómetros del centro de Juigalpa donde ocurrió la tragedia.

Matilde Sequeira, de 70 años, quien instaló el altar en memoria de su hija y no ha parado de rezar para que el cuerpo aparezca.

Antes del accidente el equipo médico regresaba del hospital de Juigalpa adonde habían trasladado a una persona enferma desde Santo Tomás. Luego empezó el recorrido para llevar a cada uno hasta sus casas. Adamaris era la primera. Para llegar hasta su casa hay varias calles que se pueden tomar, pero el chofer se aventuró a pasar por la del cauce, pese a que este estaba arriba de su nivel. 

Las velas se encienden en la sala de la casa de Adamaris, su mamá coloca más flores a la Virgen y su único hijo, de 17 años, la sigue buscando.

Un refugio al lado de la carretera

Al menos 15 familias de la comunidad La Cruz, en Teustepe, Boaco, se encuentran a orillas de la carretera luego que sus casas fueran completamente inundadas durante las intensas lluvias que azotaron la zona. 

Martha Valeria Díaz, habitante de la comunidad, al amanecer de ayer estaba junto a su hija y esposo instalando en un pequeño refugio de plástico para proteger sus enseres. 

La noche del jueves, “el agua tapó las casas al punto de casi llegar al techo. No tuvimos tiempo de sacar todas las cosas, solo lo más importante. Las camas se quedaron adentro. Nosotros no habíamos vivido una inundación de este tipo desde el huracán Mitch”, relata. Eran las 10:00 p.m. cuando salieron. No habían dormido desde entonces.

Las fuertes lluvias han sido constantes en la zona desde el pasado miércoles, según pobladores, aunque el nivel del agua ha disminuido temen volver a sus casas porque la lluvia puede regresar en cualquier momento e inundar todo de nuevo.

Freddy Picado, otro habitante de la comunidad explica que están necesitando alimentos “porque la mayor parte de las familias cocinan con leña y eso es lo que menos hay”. 

Picado asegura que las autoridades hasta ahora solo les han proporcionado una parte del plástico con el que se protegen de la lluvia y cubren sus pertenencias. 

Por otra parte, en el tramo de la carretera Teustepe-Boaco hay algunos deslizamientos de tierra y árboles caídos, por lo que agentes de la Policía Nacional resguardan el tráfico en algunas zonas.

Una estrecha y lodosa calle para refugiarse

Una estrecha y lodosa calle del barrio Héctor Ugarte, en Juigalpa, se ha convertido en el domicilio de la familia Hurtado. Sin embargo, ellos se sienten afortunados porque están vivos.

A las 3:00 p.m. del miércoles, los ríos se desabordaran y el sistema de drenaje pluvial colapsó, Los Hurtado, una familia de ocho personas, entre ellos dos menores de edad, se trasladaron a la zona que se ubica en la desembocadura de un cauce en el año 2015. 

José Alejandro Hurtado pagó C$25,000 por la propiedad. Construyó dos viviendas: una para él, su hijo y esposa, y otra para su hija y tres nietas.  Estaban confiados. Pensaron que el nivel del agua jamás llegaría hasta su vivienda construida a base de plástico negro, zinc y pilares de madera. 

Todo cambió en cuestión de minutos. 

“Cuando empezó a llover notamos que el agua venía subiendo hasta donde jamás había llegado y la lluvia no paraba. En ese momento empezamos a sacar lo que pudimos. En cuestión de 10 minutos nuestra casita estaba siendo arrastrada por la corriente”, recuerda José Alejandro, un vendedor de raspado de la ciudad de Juigalpa de 58 años.

Él, uno de sus hijos mayores y su esposa se llevaron primero a los niños, después la ropa, luego los utensilios de cocina, dos camas y tres sillas. El carretón de raspados fue lo último que pudo sacar de su casa. La comida se la llevó la corriente, pero la solidaridad de los vecinos les ha permitido comer.

Las lluvias siguen y por las noches intentan dormir en un pequeño toldo improvisado que está al lado de la casa de una vecina. Sus enseres siguen en la calle. 

En la Región Central del país hay familias en la calle, decenas en refugios a la espera de alimentos y viviendo en medio de la incertidumbre de saber qué va pasar con ellos en los próximos días.

En Juigalpa, el barrio Héctor Ugarte las lluvias del miércoles y el jueves provocaron inundaciones que llegaban a la altura de las ventanas de las casas ubicadas en las zonas más bajas. Hermana y madre de la administrativa del Minsa desaparecida en la corriente de un cauce en Juigalpa.

En este barrio hay 105 familias afectadas con unos 70 niños, según el secretario político local, Leonel Antonio Pérez. Hay tres casas completamente destruidas y un albergue habilitado, pero varias familias, como la de José Alejandro Hurtado, se resisten a trasladarse por miedo a perder más pertenencias. 

En el refugio ubicado en el salón de una iglesia evangélica del barrio hay 12 familias y las autoridades sanitarias temen un brote de leptospirosis y trabajan para prevenirlo, declaró Karla María Rothschuh, del centro de salud de Juigalpa. 

Perdió su casa mientras trabajaba 

 Unas ocho familias de la comunidad Las Pilas en San Marcos, Carazo, habían autoevacuado sus viviendas y buscaron refugio con familiares, que viven en zonas más altas de este municipio, por temor a derrumbes en el peñón que colinda con un caserío.

En una de esas casas vivía Heysel García, de 24 años, quien aún se encontraba laborando en la zona franca de San Marcos cuando sus vecinos le notificaron que su pequeña casa, construida de madera y en donde vive con su única hija, quedó completamente destruida cuando un árbol cayó sobre ella producto del deslizamiento del peñón.

Al momento del desastre, a las 2:30 p.m. de este jueves, ni García ni su hija estaban dentro del inmueble y junto a otros vecinos abandonaron el lugar por temor a que el cerro siguiera desmoronándose. En el mismo lugar, las lluvias dañaron parcialmente dos casas más, sin dejar víctimas mortales, explicaron los lugareños. 

Más daños

En el tramo de carretera que abarca desde Ticuantepe hasta San Marcos, pasando por la concepción, las lluvias y vientos ocasionaron daños en algunas viviendas y deslizamientos de tierra en la carretera. Otros pobladores podaron los árboles que quedaron endebles, luego de la tormenta más fuerte, ocurrida el jueves entre las 6:00 y 7:00 p.m.

En una de las casas de la comunidad La Francia, ubicada en el kilómetro 23, jurisdicción de Ticuantepe, un árbol de laurel destruyó parte del frente de la casa y provocó daños calculados en C$10,000, señaló Jefferson Sandino, dueño de la vivienda, quien habita junto a otras siete personas. 

Hasta ayer, una gran parte de las comunidades de Ticuantepe, La Concepción y San Marcos estaban sin luz eléctrica en los hogares, puesto que los postes y el tendido eléctrico cayeron producto del temporal que afectó a estos departamentos. 

Por su parte, el ingeniero Carlos Álvarez, inspector del Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI), explicó que las lluvias no habían dañado la carretera y que los funcionarios de las alcaldías se encargaron de limpiar el sedimento y cortar los árboles caídos para descongestionar el tráfico. 

Miles quedaron sin agua y luz

 Las fuertes lluvias han dejado a miles de  rivenses  sin servicio de agua y energía eléctrica por la caída de árboles en las líneas del tendido eléctrico, informó este viernes el Comité Departamental de Atención y Prevención de Desastres.

Desde el jueves la ciudad de Rivas permanece también sin el servicio de agua potable como todos los municipios del departamento. La falta de servicio eléctrico no permite el bombeo en los pozos que abastecen la red  de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados.  Muchos árboles caídos en la Carretera Panamericana sur dejaron sin luz al departamento de Rivas.

“En San Jorge estamos  sin agua  desde las 8:00 a.m. del jueves y varios sectores llevamos más de treinta horas sin luz”, explicó el concejal sanjorgino Douglas Ulloa.

San Juan del Sur también está afectado por la falta de suministro de agua. No hay  energía eléctrica, en la planta potabilizadora ubicada en la comunidad de La Virgen.

Turismo sufre

La tormenta acompañada de poderosas ráfagas de viento, también causaron cuantiosos daños económicos al sector turístico y a la pesca artesanal de San Juan del Sur, donde más de treinta embarcaciones fueron afectadas.

Las embarcaciones fueron expulsadas del mar hacia las costas, las ráfagas de viento expulsaron del mar a 22 pangas, usadas por la pesca artesanal y hundieron a otras diez.

Seis lanchas fueron lanzadas  a  las costas al igual que  un velero y otros dos yates quedaron bajo agua  y 72 embarcaciones lograron ser resguardadas a tiempo en la terminal  pesquera.

Oleaje y ventarrones azotan occidente

Las viviendas de la zona costera del puerto de Corinto están llenas de agua. En Barrio Nuevo colapsaron dos casas y otras dos recibían el auxilio de las fuerzas de socorro. Ana Obando es una de las damnificadas dijo: “El agua de la lluvia que baja de la carretera inundó desde hace dos noches nuestras viviendas sin que pudiéramos hacer algo”. La afectada tiene dos hijos de cuatro y un año de edad. 

Por su parte, la Cruz Roja de Corinto hizo un recorrido por el sector de Paso Caballos donde los vientos y la lluvia hicieron estragos en la infraestructura, como también golpeó a la cadena de restaurantes ubicados a lo largo de la bahía.  

“El fenómeno es fuerte. El oleaje aumento tres veces y baña todos los negocios por los vientos mayores a 50 kilómetros por hora”, dijo Rita Acuña, propietaria del restaurante El Espigón.  

A lo largo de la playa se ven tres embarcaciones mayores fondeadas, porque no hay permiso de la administración Portuaria para entrar o salir del muelle, ninguna de las 200 embarcaciones pesqueras puede faenar mar adentro. 

Alerta por derrumbes

 Se reporta un deslizamiento de tierra en el barrio Tierra Blanca, contiguo a Talabartería Treminio, en Boaco, por lo que habitantes y propietarios del terreno están tomando las medidas de seguridad necesarias, en coordinación con Alcaldía, Marena, Policía Nacional y lugareños, para evitar tragedias que lamentar, ya que amenaza caer frente a casas que están en las faldas del cerro. 

Cruz Roja  y bomberos hacen presencia para colaborar en la implementación de medidas preventivas, como el corte de árboles.

De igual manera, miembros de Cruz Roja de Boaco realizan inspección de rutina, sobre el río Fonseca y el puente que conecta a Boaco con el municipio de Santa Lucía, donde se le brinda recomendaciones a los habitantes en caso de peligro por el desborde y por el aumento del nivel de las aguas, aunque en este momento no representa un peligro para  los pobladores que viven a la orilla.

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