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Guasacate, uno de los principales destinos turísticos de surfistas que visitan las playas del municipio de  Tola, lucha por borrar las heridas y destrozos causados hace nueve días por el paso de la tormenta  tropical Nate.

Los más afectados por el desastre que dejó la tormenta fueron a pequeños y medianos empresarios turísticos que brindan servicios de restaurante y hospedaje, y que debido a los severos daños y la falta de energía aún no regresan a la normalidad que caracteriza a este destino turístico.

“La fuerza de la naturaleza arrasó con todo a su paso y algunos quedamos sin nada porque perdimos la infraestructura de nuestros negocios e inventarios de los productos que teníamos almacenados y refrigerados”, detalló Carla Guido, propietaria del restaurante Cáterin, cuyo edificio fue destrozado por la lluvia y el viento.

El restaurante quedó atrapado entre las crecidas del río de las Salinas de Nahualapa y las marejadas que se registraron la madrugada del 5 de octubre destrozaron las paredes y arrasaron con los equipos de trabajo que estaban en su interior.

Mariana Espinoza Sánchez, del restaurante La Perla, es una de las afectadas que aún no logra reactivar  el servicio habitual.

“Aquí se perdió refrigeradora, cocina industrial, paneles solares, la ropa, utensilios de cocina, muebles y abanicos porque tuvimos que abandonar los negocios para refugiarnos en un albergue localizado en una loma, y cuando regresamos solo encontramos desastres”, explicó Espinoza Sánchez, de 48 años.

El Restaurante y Hostal “Tica Número Dos” fue uno de los que sufrió pérdidas cuantiosas en su infraestructura luego que el agua inundara y socavara el inmueble.

Jessica Magaly Chávez, propietaria del establecimiento turístico, aseguró que dos de las 14 habitaciones del hostal colapsaron “producto de la fuerza de las corrientes y la crecida de estero que también arrastró  documentos personales, y reventó paredes  en la planta de abajo de la infraestructura”.

 Gloría María  Mendoza también perdió su negocio  ubicado frente al estero, en una zona  donde  el río se une  con el  mar  y estima que las pérdidas superan los US$30,000.

“El daño causado a los pequeños y medianos negocios es cuantioso  y como miembros de las Mypimes turísticas y de Cámara Nicaragüense de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa Turística (Cantur), los afectados de Guasacate  nos hemos reunido para proponer un plan de financiamiento que nos permita recuperarlos del desastre nunca antes visto en esta zona”, señaló Mendoza.  

Según los afectados, en Guasacate existen diez negocios de lugareños que fueron afectados total o parcialmente  tanto en infraestructuras como en material de trabajo y productos  perecederos.

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