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Sentarse frente a una mujer que espera el resultado de una biopsia es definitivamente el momento más difícil para Luz Indiana Talavera, ginecooncóloga del Hospital Bertha Calderón. En esos instantes procura establecer un lazo con la paciente, que siempre está acompañada de un familiar, para poder dar la noticia que nadie quiere escuchar: “tiene cáncer de mama”. 

Después de 17 años a cargo de la jefatura del departamento de Oncología, la doctora Talavera dice sentirse conmovida cada vez que tiene que dar un diagnóstico positivo. 

La misma situación enfrenta el doctor Alfredo Saavedra de la Clínica de la Fundación Ortiz Gurdián, quien tiene 15 años de estar tratando diferentes tipos de cáncer en varias unidades de salud del país. 

“Es muy difícil poder dar una noticia de esas a una mujer que desde que viene está angustiada o nerviosa. Nosotros los médicos también tenemos sentimientos. En la universidad nos enseñan que para ese momento hay pasos a seguir en la psicooncología: analizar la forma de vestir y peinar de la paciente, ver si está sola o acompañada, tratar de comprender el estado de ánimo que presenta y de una manera sutil hacerle ver qué es lo que está pasando. No se dice de golpe”, explica Saavedra. 

El ginecooncólogo Roberto Ortega Plath, director de la Clínica de la Fundación Ortiz Gurdián agrega que es importante la sinceridad con la paciente y la familia. “Antes se le ocultaba el diagnóstico a la mujer, ahora no. En mi caso siempre le doy una puerta de esperanza, se le explica el proceso y se le hace ver que si el cáncer fue detectado a tiempo se puede vencer”.

“En los casos en que la enfermedad es detectada en un nivel avanzado también la paciente tiene derecho a saberlo, para que pueda prepararse en el núcleo familiar legalmente y espiritualmente. Sin embargo, aunque en esos casos hagamos cálculos de vida, hay casos que salen adelante y nuestro deber es aplicar el tratamiento”, comenta Ortega Plath. 

“Es importante establecer una buena relación con la paciente y con su familia para poder curar cuando podemos y cuando no podemos ayudar al ‘bien morir’ de ella”, menciona la doctora Luz Indiana Talavera, del Hospital Bertha Calderón.

Saavedra, médico internista y especialista en oncología, no le gusta establecer expectativas de vida a las mujeres diagnosticadas con cáncer, “lo que yo respondo es que van a vivir lo que Dios decida”. 

Sin embargo, en su experiencia, lo más difícil no ha sido dar la noticia, sino, no contar con los tratamientos en algunas unidades. 

“No es el caso de la Fundación Ortiz Gurdián, pero en otras unidades de oncología donde también trabajo, es difícil solicitar un tratamiento. Cuando las pacientes no tienen dinero para comprar la medicina uno se siente impotente, con las manos atadas”.

Cuando la muerte llega

La muerte de una paciente es un proceso doloroso para un médico y más cuando se entabla una relación de amistad con la paciente, coinciden los tres especialistas. 

Saavedra recuerda a una paciente que llegó a la clínica de la FOG procedente del Hospital Berta Calderón con cáncer de mama avanzado. Era joven y siempre le decía que la ayudara porque tenía a sus hijos pequeños. Murió dos meses después.

“Verla morir fue muy doloroso. Si una paciente mía fracasa siento que yo también fracaso. La gente lo busca a uno y cree encontrar la ayuda necesaria para salir adelante y cuando sucede lo contrario es un golpe duro”, dice Saavedra.

La muerte por cáncer de mama de una joven y exitosa arquitecta marcó al doctor Ortega Plath. A la mujer se le detectó la enfermedad en su mejor etapa profesional y aunque se sometió al tratamiento murió dos años después.

“Realmente comprendí mejor cómo un diagnóstico de cáncer trunca el sueño de toda una vida y el sacrificio de los padres. Hay fallecimientos que a uno le marcan para siempre”, expresa el director de la clínica de la FOG.

Victorias y satisfacciones 

En la clínica de la FOG la gran mayoría de los casos suelen tener un final exitoso, asegura el doctor Ortega, en estos casos la satisfacción se comparte.

“Operamos a unas 80 mujeres al año y en estos casos algo que lo llena a uno es que hemos sabido indicar las cirugías y el porcentaje de complicaciones es muy bajo. Podemos hablar de dos o tres casos. Esto se debe a la captación y detección temprana de la enfermedad”.

El doctor Saavedra de esa misma unidad médica señala que cuando logra salvar a alguien “se tiene que usar el caso como una bandera de victoria para que otras mujeres vean que se puede vencer. Salvar a una paciente representa una gran satisfacción que borra el dolor que pudo haber causado una muerte”.

Talavera por su parte, dice seguir aprendiendo y haber visto milagros. “Todos los años han sido de aprendizaje. A veces decimos: ‘ya no va a aguantar más una paciente’, y cuando vemos regresa tal vez en mejores condiciones de las que se fue”.

El cáncer de mama en las Américas y el mundo

 A nivel mundial, el cáncer mamario es el quinto en mortalidad para este tipo de enfermedad, informa la Organización Mundial de la Salud (OMS).  

La OMS explica que “la detección precoz a fin de mejorar el pronóstico y la supervivencia de los casos de cáncer de mama sigue siendo la piedra angular de la lucha contra este cáncer”. 

De acuerdo con las estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en 2012 el cáncer de mama se posicionó como el cáncer más común en mujeres y la segunda causa principal de muerte por cáncer en mujeres de Latinoamérica. 

Reportes regionales de 2012 contabilizaron 408,000 mujeres diagnosticadas con la enfermedad y 92,000 muertes por esta causa en ese año. 

La OPS explica también que una gran parte de mujeres diagnosticadas en etapas tempranas y tratadas oportunamente, tienen tasas de supervivencia a un plazo de cinco años del 80 o 90%. 

Datos del Minsa

Aunque el Ministerio de Salud (Minsa) no precisa cuántos diagnósticos positivos de cáncer de mama se realizan cada año, medios oficiales informaron en marzo que cada año se practican más de 70,000 mamografías a mujeres nicaragüenses. 

En el Mapa de Padecimientos de Salud del Minsa indica que en 2016, 201 mujeres fallecieron por causa de esta enfermedad, y es el quinto tipo de tumor maligno que más causó defunciones en Nicaragua el año pasado. 

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