•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Son las 10 de la noche de un sábado. En las calles de la carretera a Masaya, en el sector de la rotonda Rubén Darío, hay varias patrullas. Al lado derecho, yendo de norte a sur, bajan cinco agentes de Tránsito.

Yáser, un policía bajo, moreno y de ojos claros, que prefiere omitir su apellido, llega en su moto y se detiene al lado derecho. Carga una mochila abultada. Se reúne rápidamente con su jefe y se coloca una chaqueta fluorescente. 

“Si es posible pasamos aquí hasta las 6 de la mañana”, dice mientras alista la tabla en la que anota. Al mismo tiempo un grupo de policías se preparan y cubren la calle. Otros tres se encargan de hacer las pruebas de alcohol y de aplicar las multas. 

A las 10:20 de la noche ya ha detenido a tres conductores, pero a ninguno les han hecho la prueba para corroborar si han consumido alcohol. Una camioneta negra doble cabina se acerca al retén. Los policías le hacen parada. Quien conduce es un señor de unos 50 años que va acompañado por una mujer. Es la primera persona que esta noche usará el alcoholímetro, un aparato negro con una pantalla digital. 

Cuando se realiza una prueba se coloca un tubo cilíndrico de plástico por donde las personas deben soplar. Para dar el resultado emite un sonido y presenta el grado de alcohol en la pantalla. 

La prueba resulta negativa. El señor no está ebrio, así que se va. A unos pocos metros del retén hay un camión en el que trasladan los vehículos al Depósito. A las 10:50 p.m. multan al primer conductor. Es un joven que maneja una moto mensajera color negro. Viste chaqueta roja y viene acompañado. 

Sus ojos están rojos y se le nota preocupado. El policía que lo detiene lo lleva a realizarse la prueba de alcohol. El resultado arroja 0.16 gramos de alcohol en la sangre. La multa que le aplican es de 1,000 córdobas, le quitan la licencia de conducir y le dan una boleta roja. Después de recibir su multa se va en su moto. 

Según la Policía Nacional, después de 0.8 gramos de alcohol en la sangre la motricidad es afectada y aparecen sensaciones de euforia y confianza. Manejar ebrio es una de las principales causas de accidentes en las que hay muertos o lesionados. 

En agosto de este año, Roberto José López, un comisionado en retiro sufrió un accidente en el que murió su pareja cuando viajaba como pasajera en su moto. Durante el juicio aceptó que fue su culpa porque había ingerido licor en un bar antes de que ocurriera el accidente. 

Después de las once se desatan

A las 11 de la noche Yáser, que se encuentra en el retén de la rotonda Rubén Darío, ha detenido a más de cinco conductores, pero no ha multado a ninguno. El jefe de él sostiene que “después de las 11 de la noche detenemos más conductores ebrios”. A los conductores con más de 1 gramo de alcohol les retinen los vehículos.

En la rotonda Cristo Rey, dos kilómetros al este de la rotonda Rubén Darío, hay otro retén, pero hay menos policías. Al menos tres detienen los vehículos y dos realizan pruebas de alcohol. El jefe a cargo del retén es un subcomisionado que no quiere dar su nombre. 

Unos 100 metros al oeste de ese retén está un pequeño camión y encima de este hay una moto. Es la primera que quitaron para enviarla al Depósito Vehicular a cargo de la Alcaldía de Managua.   

Uno de los dos policías que realizan las pruebas de alcohol, llamado Elyin, afirma que el joven al que le quitaron la moto tenía 1.18 gramos de alcohol en la sangre. Explica que después de 1 grado de alcohol a los conductores se les retiene su vehículo.

De acuerdo con la Ley de Tránsito, después de 0.5 gramos de alcohol la multa es de 1,000 córdobas. Si la concentración es mayor a 1 gramo la sanción es de 4,000 a 5,000 córdobas más la suspensión de la licencia por un año y la retención del vehículo.  

Datos de la Policía Nacional indican que, en promedio, a diario se anulan 12 licencias por un año o definitivamente a conductores ebrios. 

Elyin platica para no aburrirse y le gusta hacer comentarios sarcásticos. Tiene dificultad para mover su brazo derecho y presenta una cicatriz desde el antebrazo hasta el codo. Más tarde contará cómo se la hizo.

El jefe del retén en la rotonda Cristo Rey y otros dos policías continúan deteniendo conductores. 

A las 11:10 de la noche circulan pocos carros y motos. 

En ese momento detienen a una mujer de 50 años que maneja una camioneta negra. El oficial que le hace parada la lleva a realizarse una prueba de alcohol. Es una mujer alta de pelo corto color negro y que viste blusa a cuadros. 

Elyin intenta hacerle la prueba de alcohol, pero ella no quiere. Otro oficial se acerca y le pide que por favor realice bien la prueba, que sople el aparato. 

La mujer solo hace sopla fingiendo apagar una vela, pero tiene que hacerlo como que infla un globo. Comienza a discutir con Elyin y su compañero, y como nunca sopla deciden aplicarle una multa y retener la camioneta. 

“Eso no es nada, cuando la gente anda tomada se pone pleitista”, comenta Elyin. 

La señora de 50 años intenta desesperadamente hablar con el jefe del retén para que no le quiten su vehículo, pero no lo logra. Después de 15 minutos el camión se lo lleva. Ella se va caminando hacia una gasolinera cercana. 

Entre las 10 de la noche y hasta las 4 de la madrugada los policías pueden hacer hasta 30 pruebas de alcohol. Elyin menciona que este plan de hacer retenes todos los sábados tiene 2 años de ejecutarse. “He estado en este retén por esos dos años y la gente sigue en el mismo plan de manejar bolos. Una vez un conductor pasó sobrio por aquí, el siguiente sábado lo detuvimos bolo”, cuenta.  

Mientras Elyin narra esa historia, a las 11:45 de la noche una camioneta pasa por el retén y el conductor no se detiene ante la señal de alto, todo lo contrario, acelera. Los policías se hacen a un lado para evitar que los atropelle. 

La Policía es inflexible

Ya es domingo y Elyin, quien sigue en el retén en la rotonda Cristo Rey, tiene a tres conductores esperando para hacerse la prueba de alcohol. Uno de ellos es un hombre que viste de camisola y short y que se tambalea al caminar. Conduce una camioneta de doble tracción color blanco y está acompañado de tres mujeres. 

La prueba que le aplican da el resultado de 1.94 gramos de alcohol en la sangre. Según la Dirección de Tránsito de la Policía Nacional, después de 1.5 los reflejos de las personas están alterados y las reacciones son lentas e imprecisas, de modo que no se puede conducir. 

Una de las mujeres que anda con él se baja y le pide a uno de los oficiales que no le quiten el auto. La mujer también está ebria. Insiste para que no le apliquen la ley. Acaricia al policía, lo trata de amor, pero no consigue nada. Otra de las mujeres se baja determinada y le dice al policía: “Damos lo que sea, pero no se lleven la camioneta”.  Ante el ofrecimiento el policía se queda serio y callado. Ella no logra su cometido.

Elyin realiza 5 pruebas de alcohol entre las últimas horas del sábado y las primeras del domingo. La última la realiza a las 00:15 a.m. a un señor de 65 años que resulta con 1.11 gramos de alcohol. Jura que no está ebrio y su esposa se ofrece a llevar el carro, pero el policía es inflexible. Su vehículo es el tercero que se llevan al Depósito en 1 hora. 

Elyin dice que tienen que ser inflexibles porque él mismo ha sufrido las consecuencias de manejar tomado. Muestra su brazo derecho y explica que quedó inmóvil después que tuvo un accidente en moto en 2013. “Pasé por un reductor de velocidad, perdí el control de la moto y me fui a estrellar en un contenedor de basura. Quedé arriba de un árbol”, asegura.

Edwin Moreno Ruiz, de 27 años, fue condenado a 7 años de prisión el pasado 12 de octubre por atropellar a un hombre en un accidente de tránsito. Conducía ebrio y aceptó ante el juez su culpa. 

Los jóvenes repuntan

En otro punto de Managua, en el retén de la iglesia Pío X, en Bello Horizonte, uno de los lugares donde se concentran varios bares en la capital, a las 00:40 de la madrugada fueron enviados 5 carros al Depósito y ninguna moto.  

En este lugar manda una oficial, quien también prefiere omitir su nombre y apellido. En ambas vías de esa calle hay tres policías, también hay reductores de velocidad de goma y los permanentes. Un grupo de policías a un lado de la calle hace las pruebas de alcohol.

El flujo de carros y motos es más que en la rotonda Cristo Rey, asimismo se ve peatones caminando a esa hora en dirección a Bello Horizonte. 

Alan Caballero conduce un auto compacto y es detenido en el retén. Le piden sus documentos y después lo llevan para hacerle la prueba de alcohol. El resultado: 0.45 gramos. 

Caballero afirma que solo se tomó dos copas de vino en la boda de una sobrina. “Vine de Miami, ya mañana me voy, yo entiendo esto porque en Estados Unidos esto es así o más grave”, asegura. Le aplican una multa de 1,000 córdobas. 

A la 1 de la madrugada los policías de este retén mandan la primera moto al Depósito. Quien la maneja es un joven de 20 años que tiene 1.51 gramos de alcohol en la sangre.

Intenta sobornar a uno de los policías, pero este le dice que va a meterlo preso. “Mejor ocupá esos reales en un taxi”, le responde. En 20 minutos cuatro conductores pierden sus motos. El pequeño camión que las traslada está lleno y el que se encarga de subirlas tiene mucho trabajo. 

Karen, de baja estatura y quien viste short y camisa maneja una moto. Es detenida y le aplican la prueba, su resultado es 0. Dice que no le molesta que le hayan hecho el examen de alcohol, “al contrario, quería hacerme uno”, menciona. 

Lleva a un muchacho de quien dice es su pareja y que va ebrio. Lo fue a traer a un bar cerca de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). 

Uno tras otro los policías detienen conductores y les hacen la prueba de alcohol, la mayoría jóvenes entre los 20 y 30 años. En total 19 motos y 32 carros fueron enviados al Depósito en el retén de la iglesia Pío X, según la jefa en ese lugar.

A las 2 de la mañana el retén en la rotonda Cristo Rey ya no está. Yáser, que estaba en la rotonda Rubén Darío, es el último. Alista su mochila en la que tiene ropa de cambio y se pone un suéter rojo. 

Asegura que en la calle que cubrió enviaron al Depósito 5 motos y 2 carros. Se pone el casco y arranca su moto hacia su casa en una comunidad por la laguna de Xiloá. El próximo sábado volverá para realizar lo mismo que desde hace dos años: multar a conductores ebrios.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus