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A los 26 años, cuando Gonzalo Norori aún era un estudiante de la carrera de Periodismo en la Universidad Centroamericana (UCA), se dio cuenta que no podía enfocar bien la cámara fotográfica con la que estaba preparando una tarea. 

Al principio pensó que el aparato estaba defectuoso, pero cuando intentó enfocarlo con el ojo izquierdo pudo ver bien. En 1990, un año antes, los oftalmólogos le diagnosticaron queratoconos en ambos ojos, una condición poco común que deforma la córnea y provoca que la persona tenga baja visión. 

Después de tres años de consultar a distintos especialistas, viajó al extranjero para recibir tratamiento con lentes de contacto. En el ojo izquierdo, el procedimiento funcionó bien, pero en el derecho le provocó una úlcera. Los doctores le explicaron que la única solución para que pudiera recobrar la vista era realizando un trasplante de córnea.

Para ese entonces, en el país no se realizaban los trasplantes de córnea, por lo que Norori optó por someterse a una operación en Guatemala en 1993, con una córnea donada desde Estados Unidos. 

Veinte años después, la Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó la Ley de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células para seres humanos, Ley 847. Sin embargo, cuatro años después que la ley fue reglamentada, todavía no existe un sistema nacional donde se reciban tejidos de cadáveres, la única manera en la que se pueden obtener córneas para trasplante. 

A nivel de la región, en Nicaragua, Belice y Honduras no existen sistemas organizados de donación de órganos y tejidos.

La situación actual

Actualmente, los trasplantes de córnea se realizan en consultorios privados, cuando hay brigadas médicas del extranjero que hacen las operaciones en el Centro Nacional de Oftalmología o subsidiadas por el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). 

Además de los pacientes con defectos en los ojos que son hereditarios o propios del organismo, como el queratocono, hay otros pacientes que también precisan de un trasplante del tejido en el ojo para recobrar la visión.

“No es una cirugía frecuente, pero hay un montón de gente en la calle que necesita un trasplante de córnea y hay mucha gente que, haciéndole el trasplante, es posible que mejore su visión”, aseguró el oftalmólogo Ramiro Blanco, especialista en córnea. 

Blanco sostuvo que, cuando vienen brigadas médicas al Centro Nacional de Oftalmología con tejidos donados del extranjero, pueden traer consigo unas cinco u ocho córneas y no se puede dar abasto a las más de 700 personas que están en una lista de espera para un trasplante.

 “Los traumatismos corneales, úlceras corneales y queratoconos son muy comunes en nuestro país. De hecho, desde que vine de mi subespecialidad (hace seis años) he hecho más de 80 trasplantes de córnea”, precisó Blanco. 

Los trasplantes permitirían que un paciente que tiene un daño en la parte superficial del ojo, provocado por una herida, recobre la vista. Las heridas pueden ser ocasionadas por un golpe con un “cuerpo extraño cortante”, es decir, una piedra u otro objeto, señaló el especialista.

Blanco agregó que las personas que usan lentes de contacto, trabajadores del campo y trabajadores de la construcción están propensas a sufrir un accidente que dañe su córnea y limite su visión; este problema podría ser resuelto con un trasplante. 

Hasta el momento, en el país se realizan trasplantes de córneas traídas del extranjero o trasplantes de riñones que son donados de personas vivas, familiares del paciente generalmente. Los procedimientos se realizan en clínicas privadas o subsidiadas parcialmente por el INSS. 

¿Qué hace falta?

Con la ley ya reglamentada, hace falta considerar un programa nacional de trasplantes de órganos y tejidos con donantes cadavéricos en el que participe el sistema de salud pública, privada y el seguro social, aseguró el doctor Sergio López, cirujano y hepatólogo. 

 “Nosotros podríamos hacerlo acá en Nicaragua. El país tiene las condiciones, tanto porque tiene un auge económico y hay condiciones religiosas y culturales, y disponibilidad de sociedad civil para iniciar una política de trasplante de donantes cadavéricos”, aseveró López, quien además es miembro de la Sociedad de Trasplante de América Latina y el Caribe (Stalyc). 

 “Hace falta que haya una conversación de parte del Gobierno, que ha desarrollado mucho la educación y la salud; que el Gobierno nos llame a todos los que estamos involucrados, donde participen los tres sistemas de salud: privado, público y el seguro social, y lanzar un proyecto nacional de trasplante”, afirmó López.

Por su parte, el doctor Blanco señaló que la falta de conocimiento de la población representa una limitante para que esté dispuesta a donar sus órganos luego de fallecer. 

Gonzalo Norori, hoy de 52 años y docente de la carrera de Comunicación Social de la UCA, recuerda que “Al principio te da mucha ansiedad, porque claro (el trasplante) no es algo muy usual y uno se pone a pensar ‘me va a funcionar, no me va a funcionar’”. 

“Lograr ver nuevamente una figura o la cara de una persona, le cambia mucho la vida al paciente. Sobre todo en aquellas personas que en algún momento tuvieron visión y con un trasplante puedan recuperar algo de esa visión que antes tenían no tiene precio. Causa mucha alegría al paciente, a sus familiares y a nosotros los médicos”, expresó el doctor Blanco.  

Norori manifiesta sentirse agradecido con esa persona que decidió, en vida, donar parte de sus órganos y tejidos. 

Riñones e hígado, entre los órganos más “cotizados” en Nicaragua

La necesidad de trasplantes en un país se estima con base a la cantidad de pacientes con enfermedades crónicas que la requieren. En Nicaragua, los índices de insuficiencia renal crónica (IRC) y enfermedad alcohólica del hígado están dentro de las seis principales causas de muerte, revelan las estadísticas del Ministerio de Salud (Minsa). 

Al desarrollar un programa de trasplante de órganos cadavéricos para pacientes debidamente seleccionados en el que se involucre el sistema público, donde está la mayoría de posibles donantes, y el seguro social, por “la alta tasa de pacientes con hemodiálisis”, se podrá dar respuesta a estas dos enfermedades, aseguró el doctor Sergio López, cirujano y hepatólogo. 

“Consideramos que el hospital Lenín Fonseca, que es un centro neuroquirúrgico, es el que tiene la alta tasa de potenciales donantes, porque ahí hay entre dos a cuatro personas con muerte encefálica por semana. De esas cuatro personas se puede obtener la mitad. Estamos hablando de uno o dos por semana y alcanzar un promedio de cuatro donaciones por mes”, explicó López. 

Los trasplantes de hígado y riñón beneficiarían a los pacientes en etapas avanzadas o con complicaciones graves. Esta es una alternativa que mejora la calidad de vida de los pacientes y sus familiares de forma inmediata, agregó.

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