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Cuatro de los 44 asesinos de mujeres en Nicaragua este año, se han quitado la vida luego de cometer el crimen, según el Observatorio de Violencia de la organización Católicas por el Derecho a Decidir (CDD). Este es un comportamiento que, según activistas, responde a un modelo de sentido de pertenencia sobre el cuerpo de las mujeres y una forma de evadir la responsabilidad penal que esto conlleva. 

El último caso sucedió la noche del miércoles en el barrio San Nicolás, de Boaco. La víctima era policía. 

Darling Méndez González, de 30 años, fue asesinada por Edwin Loáisiga, su pareja, luego de una discusión entre ambos. La víctima estaba vestida con el uniforme policial y fue asesinada con su propia arma de reglamento. Después de cometer el crimen frente a las dos hijas menores de la mujer, el hombre se quitó la vida.

Fátima Fernández, vecina de la pareja, comentó que escuchó los gritos de la hija de la víctima que decía: “No la mate”, “no la mate” y después escuchó los disparos. La mujer será enterrada esta mañana. 

Hay un sentido de pertenencia

Este femicidio seguido de suicidio es el cuarto que se da en el año. Los demás han ocurrido en Jinotega, Managua y uno en Bonanza, donde un hombre se suicidó después de herir a su pareja dejándola inconsciente. Él pensó que la había matado y luego acabó con su propia vida. 

 “El hombre la mata al no querer que ella tenga la posibilidad de rehacer su vida después de su propia existencia. Al fin y al cabo la decisión que ellos toman es drástica, desde que ya decidieron matarla y decidieron que este era el final de la relación, deciden por su propio final como hombre, pero antes deciden por el final de esa mujer que creen que les pertenece”, explica María Teresa Blandón, del programa feminista La Corriente.

“Hay un sentido de pertenencia absoluta y hay un sentido de negación de la humanidad de la mujer, es decir que ellos piensan que la vida de la mujer sin ellos no tiene sentido”, agrega.

Para Magaly Quintana, de Católicas por el Derecho a Decidir, suicidarse después de matar a una mujer “es un acto de total cobardía porque lo ven como una forma de escapar de una responsabilidad penal de 30 años de cárcel”.

Douglas Mendoza, del programa de Masculinidades de Puntos de Encuentro, explica este comportamiento machista como una respuesta errónea a la pérdida del sentido de propiedad de algunos hombres sobre las mujeres. 

“En algunos casos sienten que han perdido el poder de dominación porque las mujeres los han denunciado, los han abandonado y sienten que su ´honor de hombre´ está maltratado y usan la violencia quitándole la vida a la mujer y quitándose la propia por vergüenza, al estar conscientes del rechazo social que esto tiene”, agrega Mendoza.

Las matan frente a sus hijos

En este año, en la mayoría de casos, los hombres han acabado con la vida de la mujer frente a sus hijos, según Quintana. “Es un patrón recurrente”, dice. El caso de la mujer asesinada el pasado miércoles en Boaco no fue la excepción. 

A criterio de María Teresa Blandón, quien también es sicóloga, en el momento en que un hombre decide matar a la madre de sus hijos, “ya se despojó de los mínimos códigos de afectividad y compasión, ese hombre ya perdió cualquier vínculo empático no solo con la madre, sino con los hijos”. 

“Lo que sucede en estos casos es que cuando el hombre mata a la mujer ya pasó por un larguísimo camino de violencia donde ya se perdió el respeto. Ya no hay nada”, dice Blandón.

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