•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El primer día que Emilio Corea Rojas llegó al barrio La Primavera para reunirse con otros hombres y hablar sobre la paternidad, el machismo y la violencia de género se sintió extraño. Corría el año 2012 y había sido acusado de violencia psicológica leve, así que decidió sentarse a escuchar. 

“No quería comentar nada, yo me sentía extraño. Estaban presentes hombres que habían maltratado a sus mujeres, las habían golpeado y estaban afectados, pero habían cambiado.  Estaban otros que habían sido malos padres y trataban mal a sus hijos y querían cambiar, ellos decían que así habían sido criados”, recuerda Corea Rojas, de 38 años.

Después de 13 años de matrimonio había decidido acabar la relación por la vía legal porque mucho discutían. Mientras realizaba las gestiones para tramitar el divorcio y determinar la pensión de alimentos fue acusado por violencia psicológica leve. Antes del proceso judicial medió con su expareja y fue remitido a charlas sobre masculinidad que eran dirigidas por un psicólogo. Una hora a la semana durante seis meses acudió a las charlas. 

“Cuando había conflicto eran gritos de ambas partes y dije que no íbamos a parar a ningún lado que no fuera el hospital o la cárcel. Cuando llegué a las charlas, fue hasta el tercer día que les compartí porqué estaba ahí. Yo no conocía estas charlas, si no ha sido porque la Fiscalía me envía para evitar el juicio”, relató.

El hombre está a prueba todo el tiempo

Mónica Zalaquett, especialistas en temas de violencia, considera que es posible que los hombres violentos cambien su actitud, pues ellos también sufren las consecuencias del machismo y sobre esto no se ha reflexionado lo suficiente. 

Zalaquett, también directora del Centro de Prevención de la Violencia (Ceprev),  dice que en Centroamérica 9 de cada 10 hombres mueren en hechos violentos y tanto las víctimas como los victimarios son hombres en su mayoría. 

“Toda la construcción patriarcal hace que se desarrollen relaciones de poder y jerarquía, esto conduce de forma natural al abuso de poder que se expresa generalmente a través de la violencia, porque sin la violencia  no puede haber un dominio de uno sobre otro. Para infundir miedo amenaza, castigo y otras cosas. Es una crianza basada en infundir miedo a las personas”, explica Zalaquett. 

Con más de 20 años trabajando con jóvenes en riesgo, esta experta dice que la cultura patriarcal no es algo nuevo, incluso que tiene categorías como la cultura patriarcal androcéntrica, que enfatiza mucho en el adultismo  anglosajón  como eje de la sociedad, no solo en la raza, sino en la edad. “La cultura patriarcal asigna arbitrariamente un valor distinto a los seres humanos que está relacionado con la visión androcéntrica y adultocéntrica, sobre todo con este tema racial”, subraya.

Toda esta crianza de miedo y sin afecto repercute en los niños, y nos convierte  -según Zalaquett- en una sociedad  con baja autoestima. 

“El modelo autoritario genera todo este proceso de crianza, que establece relaciones de mando, y muchas veces los padres utilizan las cosas materiales como instrumento de dominación. Hay falta de afecto y estímulos materiales, pero no reconocimiento del niño. Esas cosas por lo general son cuartadas en la familia tradicional patriarcal, que no precisamente tiene una figura masculina a la cabeza, sino una femenina que ejerce un rol patriarcal como en muchos casos”, indica.

El abandono paterno y la violencia

Para el psicólogo clínico y forense, Manuel Leiva, la construcción de masculinidad es otro factor importante respecto a la violencia, pues al hombre se le ha apartado de lo femenino, “entendiendo esto como toda expresión débil y es entonces cuando viene la violencia”. 

“El hombre no anda llorando, tiene que ser íntegro y fuerte, entonces nos vamos llenando de cargas emocionales, afectivas de socialización y viene un momento en que estallamos”, estima. Los traumas también tienen un papel importante en el desarrollo de la violencia, Zalaquett. Incluso el abandono paterno es un factor de riesgo en la violencia masculina. 

“Los hombres sufren de muchas formas las consecuencias del machismo, sabemos cómo las mujeres la sufren, pero no hemos reflexionado profundamente sobre los hombres”, advierte. 

La reproducción de roles es otro factor porque “el padre no aprendió cariño de sus padres y por ende no demuestra afecto a su hijo; a la niña la protege y al varón se le enseña a ser hombre, entonces tiene que jugar deportes rudos, vestirse de tal manera y comportarse de tal manera que implique rudeza intrínseca, además de no mostrar emociones”, apunta el psicólogo Leiva, quien es especialista en temas de género y violencia desde el enfoque de las masculinidades. 

Cuando pasa todo lo contrario -dicen los expertos- vienen las burlas, no solo de la familia, sino de otros hombres y eso implica una sanción.

“¿No querés que te sancionen? Entonces debés mostrar todo el tiempo que sos hombre, conviertiéndose en una presión traumática porque todas esas necesidades que vos tenés no las podés resolver, y las aprendés a resolver de una manera no sana y ahí es donde caen en los grupos de pares, pandillas, en el consumo de droga como una válvula de escape. También le pasa a las mujeres, pero estadísticamente más a los hombres”, apunta Leiva. 

“También el hombre vive violencia en otras categorías. Que un hombre me rete a pelear y que yo no lo acepte es visto como una debilidad. Tengo esa presión de estar demostrando que soy hombre todo el tiempo, que no me digan mujercita, gay, niños, y esas categorías como están abajo están clasificadas como inferiores”, añade Leiva. 

¿Qué no está funcionando?

Mónica Zalaquett considera que el machismo es una receta de destrucción para los hombres y que se necesita voluntad para conseguir cambios.

“¿Qué pasaría si en todos los colegios hubiese una política educativa que le enseñara a los niños desde preescolar a jugar a ser papá, que ayuden en los quehaceres del hogar, donde a los niños no se les va a enseñar nunca más una sexualidad promiscua como condición de masculinidad? Hace falta voluntad.  Si los medios de comunicación se suman a este esfuerzo y se hacen campañas educativas, estamos  todos sintonizados con este esfuerzo, ¿no crees que sería posible?”, cuestiona.  

Basada en su experiencia brindando talleres en otros países, Zalaquett dice que los hombres reciben bien el mensaje que los llama a reflexionar. 

“De nada sirve estar diciendo súmense a la equidad entre hombres y mujeres, no lo van hacer. Pero si les decís que el machismo está destruyendo tu felicidad, seguridad y que de ellos depende cambiar esa fórmula machista que le inculcaron de niño, que lo único que tienen que hacer es atreverse a poner un alto a la burla y el rechazo de otros hombres”, pueden cambiar, insiste. 

La especialista recalcó que se ha estado promoviendo un enfoque de género equivocadamente “porque los empujamos para el cambio de las mujeres y no para el cambio de los hombres”. 

“Al sistema le interesa que la mujer se transforme y se vuelva en hombres. No nos interesa acercar al hombre al mundo de la familia, de los sentimientos y afectos. Tenemos un mundo hipermachista donde el machismo ahora no solo lo representa los hombres, sino las mujeres”, dijo. 

El proceso de cambio

Manuel Leiva fue el psicólogo que dio seguimiento al caso de Emilio Corea Rojas, como a muchos otros hombres. 

La metodología que ha utilizado es de humanizar y ayudarlo a hablar sobre sus necesidades, que cuesta al inicio –como el caso de Rojas- pero que en muchos casos ha funcionado. 

“Son trabajos largos y tratamos de construir paradigmas usando metodologías. También se debe trabajar de hombre a hombre, de uno que esté sensibilizado, comprometido y comprobado, esto se mide a través de la reducción de la violencia, que abrazara, compartiera, entre otros factores”, menciona el psicólogo. 

En Nicaragua estos espacios donde se brindan charla, se han reducido, y los hombres agresores están acudiendo a los centros de salud, pero no siempre tienen el plan de trabajo adecuado. 

Los colegios y universidades son otros sitios que necesitan trabajar este tema. Los colegios lo podrían trabajar y se erradicaría mucho el bullying y la violencia de género.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus