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A simple vista es un pedazo de hierro de 213 gramos con forma de pez. En realidad es un pez de hierro fundido que libera hasta un 90% de la dosis diaria de hierro recomendada, lo que promete ser una forma segura, simple y económica para prevenir la anemia por deficiencia de hierro en niños nicaragüenses.  

Lo anterior lo asegura un grupo de organizaciones que actualmente prueba el efecto del pescadito de hierro para prevenir la anemia ferropénica en 570 niños de 5 a 12 años de 10 comunidades rurales del norte de Masaya.  

“El pez simplemente se hierve por 10 minutos en un litro de agua con una pizca de limón, en cualquier líquido o comida en salsa. Este proceso libera 70 microgramos de sulfato de hierro” que no presenta ningún color o sabor particular, dice el protocolo de la investigación, desarrollado en conjunto por Dave Bergeron de la Universidad de Quebec de Canadá, la Fundación Terre des hommes de Italia, la Universidad Cristiana Autónoma de Nicaragua (UCAN) y el Ministerio de Salud (Minsa) de Nicaragua. Los investigadores esperan que el pescadito de hierro pueda romper el ciclo de la anemia después de 12 meses de uso.

De acuerdo con los investigadores, este es uno de los primeros estudios que evalúa la eficacia del pescadito de hierro en América Latina, pues ya se probó en Camboya, África y los resultados fueron positivos. 

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“En un ensayo controlado aleatorio realizado en Camboya, hubo aumentos muy significativos en la concentración de hemoglobina y ferritina después de 12 meses de uso del pescadito de hierro en el grupo experimental, con un cumplimiento terapéutico encima de 94%”, se explica en el protocolo investigativo. 

Afirman que consecuentemente hubo una reducción significativa de la anemia y de la deficiencia de hierro en el grupo experimental.   

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Los Planes del Arenal

En la escuela primaria Sagrado Corazón de Jesús de la comarca Planes de Arenal, al norte del departamento de Masaya, unos 70 niños de 5 a 12 años hacen fila para ser pesados, medidos y pinchados para una prueba de hemoglobina. 

Es una de las primeras etapas de la investigación: determinar la situación de los menores antes de ser intervenidos, mediante la medición de la hemoglobina en la sangre (cuya concentración se utiliza para medir la presencia y la gravedad de la anemia) y la localización de parásitos intestinales a través de muestras de heces. Las pruebas son realizadas por estudiantes de tecnología médica de la UCAN. 

Tras pasar por el control, Elizabeth Barahona, de 35 años y madre de un niño de 6, afirma que su hijo “salió un poco bajo” en los niveles de hemoglobina, pero se lo atribuye a que al niño no le gusta comer frijoles. “Si le doy frijoles cocidos con arroz y queso, prefiere comer solo el arroz y el queso, no sé porqué, pero no le gustan los frijoles, desde que estaba pequeño es así”, asegura. 

Otra de las madres que llegó con sus hijos al control es Wendy López, de 31 años. “El niño en la mañana no desayuna comida, solo pan y café y se viene a la escuela. En mi caso, no lo acostumbramos diario (a desayunar), pero siempre le aliño una galleta. A mediodía, les doy frijoles cocidos, arroz, un pedazo de queso y guineo. Ya en la cena les hago gallopinto con pan y les echo crema o queso y el café”, comenta sobre los hábitos alimentarios del menor. 

Erick Putoy, promotor social de Solides Mundial, quien ha estado llenando expedientes de los 520 niños que hasta el momento han analizado, asegura que el ingreso económico que la mayoría de las familias reciben es muy bajo. 

“La mayoría de las personas trabajan en las zonas francas, son ayudantes de albañilería, cultivan. No se pueden dar el lujo de comer pollo, vegetales. Parece irónico, pero comer sano lo relacionan con comer caro y no siempre es así”, dice Putoy, pues refiere que en esa comunidad también se producen frutas, hortalizas y vegetales, pero tienen como fin la comercialización y no el consumo local.

Ante las carencias de alimentación que existen en estas comunidades rurales, la dosis diaria de hierro que proporciona el pescadito de hierro podría funcionar de forma ideal para prevenir que los niños presenten anemia, afirma Mike Amador, coordinador del proyecto SAD, de Solides Mundial en Masaya.  

También funcionaría como complemento al programa de merienda escolar que beneficia a los estudiantes de esta escuela, refuerza Amador, quien asegura que hasta el momento hay un avance del 90% en la recolección de pruebas y el llenado de expedientes. 

Siguientes pasos

La siguiente etapa es la entrega de los pescaditos de hierro a las familias. 

“Un grupo va a consumir el pescadito de hierro a través del agua que le agreguen al arroz, y los otros no, solo van a recibir charlas y capacitación en nutrición e higiene. Entonces vamos a tener dos parámetros: los que sí consumieron durante un año para ver cómo incrementó el nivel de hierro en la sangre, y los otros niños si se mantienen, o si mejoraron”, explica José Manuel López, asistente de proyectos Terre des Hommes.

Durante el año de estudio, los promotores tienen previsto realizar monitoreos frecuentes del uso del pescadito de hierro. Además, las pruebas de hemo-

globina y heces se realizarán otras dos veces tras seis meses de haber iniciado la investigación y al finalizar la misma, en octubre próximo. 

“Los resultados que nos arrojen nos va a dar luz verde para aplicarlo en todos los proyectos que tenemos”, comenta López. 

En el protocolo de investigación se explica que los resultados también podrían ser transferibles a otros contextos de práctica para poblaciones desfavorecidas o que viven en zonas rurales. Si los resultados son positivos, los investigadores esperan que el pescadito de hierro pueda romper el ciclo de la anemia después de 12 meses de uso.

Los pescaditos de hierro son vendidos por la compañía Lucky Iron Fish y tienen un precio de US$25 en Estados Unidos. Para fines humanitarios, el costo es de US$5  y tienen una vida útil de 5 años. 

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