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A sus 89 años, el expresidente Enrique Bolaños Geyer camina todavía erguido, no usa bastón y asegura que es un hombre sin corazón, no por insensible, sino porque el que tenía se lo llevó al cielo su esposa, doña Lila T.

Después de cumplir su periodo presidencial y de entregar el poder hace una década, su vida ha transcurrido en una oficina sencilla, en cuyas paredes penden reconocimientos  na-

cionales e internacionales que le fueron entregados en varias facetas de su vida, sobresaliendo los que recibió como presidente del Cosep, primero, como  vicepresidente de la República, después,  luego como mandatario del país. 

En ese sitio, al que llega a las 7:30 de la mañana y del que sale a las 6 de la tarde, alberga el proyecto que le permite rescatar los diversos periodos históricos del país: la biblioteca virtual Enrique Bolaños Geyer, una plataforma digital a la que se refiere con orgullo.

En 1986 comenzó a formarse como programador de manera autodidacta. Durante los últimos cuatro años ha preparado lo que llama un  legado para el país, el libro “La lucha por el poder”, que presentará este jueves 16 de noviembre en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra. 

¿Qué lo motivó a escribir esta obra?

Trabajé en esa obra cuatro años, primero monté cantidad de datos.  Tengo en mi biblioteca virtual los libros viejos que he recuperado, es una gran cantidad de documentos.  Casi toda  la bibliografía mía la podés encontrar en la web. Cuando vos decís en un escrito en la página tal, del libro tal,  tenés que ir a buscar quién tiene ese libro. La montaña de datos es monumental porque son casi 200 años de historia y verdaderamente clasificar eso en cada tiempo histórico y luego dividirlo en capítulos no es fácil, aunque con la computadora eso se facilita.

Yo creía que Nicaragua necesitaba conocer su historia desde la A hasta la Z,  así que como tengo muchos documentos de todo lo que he hecho desde que fui presidente del Cosep en los 80, además de  todas mis declaraciones de probidad, mis discursos y muchos documentos de cuando fui presidente, creí que podía hacer una obra como esta.

Se me ocurrió hacerla desde la Independencia hasta nuestros días. Este mío no es el libro histórico tradicional, sino que te va llevando de la mano, tiene muchas fotografías que he recopilado.

Tiene algunos cuentecitos y anécdotas como a alguien que fusilaron por no saber leer, él llevó su propia orden de ejecución pensando que portaba una nota que le sería favorable.

¿Después de analizar 196 años de la historia nacional, cree que hemos madurado políticamente?

Hemos madurado en el sentido de que en los primeros 36 años de nuestra vida independiente en los años de anarquía, murieron cinco mandatarios y exmandatarios por nuestra propia violencia y desde entonces esa práctica no ha vuelto a existir. Sin embargo, en lo demás seguimos casi igual. 

Al final del libro incluyo gráficas de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), la mayoría de los gráficos que utilizo son de este organismo para asegurar que sean buenos datos. Estas gráficas nos muestran que seguimos siendo el segundo país más pobre de Latinoamérica, solo detrás de Haití.

¿A qué tipo de lectores está dirigido su libro?

Te voy a decir una cosa: vos te encontrás a una persona joven, de 50 años, digo joven porque tengo mis buenos años encima, y no conoce mucho de la historia. Muchos me escriben al correo de la Biblioteca Virtual pidiéndome datos para tarea, otros quieren que les haga la tarea, que les dé todo cocinado, solo de comer. Hay quienes me han sorprendido porque confunden la Revolución Sandinista contra Somoza con la Guerra Nacional, y cosas por el estilo.

Aunque tenemos buenos libros de Historia de Nicaragua, en general tratan tiempos históricos específicos, esa juventud no tiene un libro en el que puedan encontrar todo. Este libro es para tres tipos de personas. Primero es para los que no saben ni papa de historia y con este pueden aprender. También es para gente mayor o ilustrada, porque les puede servir para recordar, y por último es simplemente un libro de consulta. Este libro es un legado a Nicaragua.

¿Es Walker el estadounidense que más ha incidido en la política nicaragüense o tenemos que buscar a ese personaje en la época de Somoza?

En dos años Walker participó mucho. Hay que destacar que Walker no vino, sino que lo contratamos los mismos nicaragüenses. Le dijeron que querían unos mercenarios y respondió que él no era mercenario, que vendría como colono porque conocía la Constitución de Nicaragua.

Y es que era muy ilustrado. Se graduó de médico a los 19 años, se graduó de abogado, era político, escritor y periodista. 

Al ver la oportunidad de venir a Nicaragua aceptó venir como colono y no como mercenario. Le  ofrecieron 500 manzanas de tierra y dinero mensual a cada uno de sus reclutas. Él tuvo la suerte de que los grandes protagonistas Francisco Castellón, Fruto Chamorro y Trinidad Muñoz murieron poco antes de que él tomara la ciudad de Granada. Walker se encontró como el más alto militar del mando leonés en poder de la capital conservadora mandando a la redonda.

¿El documento que usted reproduce en la página 186 de su libro nos revela a un Augusto C. Sandino pidiendo un presidente estadounidense?  

No, en realidad lo que él pedía era un jefe de Estado en Nicaragua mientras se solucionaban los problemas internos. En diferentes ocasiones se había dicho que la solución era realizar elecciones, que se eligiera en paz y se reconociera pacíficamente al que ganó. En ese momento viene Stimson, que era embajador de Estados Unidos en Panamá, lo enviaron para que lograra alcanzar la paz y que terminara el pleito por el poder entre liberales y conservadores.

Nadie quiso ir a elecciones, Stimson habló con todos los líderes y ninguno quiso, solo Adolfo Díaz que era el presidente, estaba dispuesto a someterse a elecciones.

Los leoneses estaban seguros de que iban a derrotar a los granadinos, entonces Sandino  dijo que el que estaba en el poder siempre se las robaban y que la única condición era que Estados Unidos las manejara. Algunos dicen que no es legítima la carta, otros aseguran que sí.

En su obra se lee que Juan Bautista Sacasa puso su empeño en la paz con Sandino, entonces, ¿él no estuvo involucrado en el ardid para matarlo?

Estoy seguro de que quería la paz con Sandino. Él no lo traicionó, se cree que lo invitó a cenar para emboscarlo pero en realidad no era así, lo invitó para que llegara con sus allegados, hasta le ofreció ciertas concesiones. Sandino le pidió que dejara 100 hombres armados a su disposición, para que él pudiera asegurar su vida y pudiera gobernar en la parte norte del país y él se lo estaba concediendo.

Mucha gente le preguntaba cómo iba a partir el país en dos, como si iba a ver una  Sandinoland, además de que iba a tener su propio ejército. No podemos olvidar que ya se había formado un ejército con la Guardia y la idea era que se iba a elegir el jefe del ejército nombrado por el que ganara esas elecciones.

A Emiliano Chamorro le preguntaron a quién elegiría si ganaba las elecciones y dijo que a Gabriel Urtecho, que había estudiado en West Point, donde se graduó, pero no de militar porque los extranjeros, aunque estudian lo mismo, no reciben el grado militar sino el título de ingeniero.

Juan Bautista Sacasa dijo que nombraría a Anastasio Somoza, que en realidad no era nadie, apenas tenía el cargo de viceministro de relaciones exteriores y se había casado con una de plata. Somoza ambicionaba ser presidente.

El jefe de la Guardia sería del partido liberal, el segundo conservador, el tercero liberal, alternándose así en los demás cargos. Cuando le dijeron a Sandino que iba a tener mando militar en el norte eso no le gustó a la Guardia, porque buscaba ser la única fuerza militar por eso lo mataron, para que no existiera esa fuerza militar.

Juan Bautista Sacasa en lo absoluto fue traidor, solo quería que abandonara las armas.

Me acordaba de un filósofo hindú que decía que cuando se cierra la puerta a los errores se deja afuera la verdad, así que cuando se da puerta a rumores la verdad queda excluida.

Si en las escuelas no le enseñamos a la gente la verdad y no la educamos desde niños no hay manera de superar los errores.

¿Qué tan difícil fue trabajar la historia contemporánea de la cual usted formó parte como vicepresidente primero, y luego como presidente?

En primer lugar todo lo documento. Cuando estoy narrando mi periodo, yo soy el que está dando la fuente, por eso la narro en primera persona. Es importante decir que estoy narrando mi periodo 10 años después, ya estoy con mi mente serena, sin tensiones relacionadas a ese periodo. Además, he llegado a la ancianidad, escribo con la serenidad del anciano y con respeto a todo el mundo, sin embargo, narro la verdad.

También documento lo de las huacas. Yo no comencé ningún ataque ni persecución a Arnoldo Alemán. Recuerdo que llegó su secretario de comunicación a cobrar 200 mil dólares, yo ni sabía nada. Al día siguiente estaba en un foro de inversiones. Me dijeron que el país estaba quebrado y saqueado, me fui a Washington y a Europa y conseguí 216 millones de euros que ya se le habían dado a Arnoldo pero los congelaron por la metida de mano, con eso logré pasar ese problema.

Finalmente se cobró el dinero y como en marzo o abril explotó en los medios y se dio la gran bulla. El presidente del PLC escribió que el dinero de la corrupción había sido usado en la campaña electoral y eso trajo investigación, porque me podían a destituir.

En esas investigaciones se encontraron los millones que estaban saliendo hacia Panamá, todo esto está narrado y documentado.

¿Qué ha sido de su  vida después de salir de la Presidencia?

Aquí vengo a las  siete y media de la mañana a la biblioteca y me voy a las seis de la tarde. Paso casi todo el día en mi computadora. Tengo poco personal pero hacemos bastante.

Hemos rescatado más de medio millón de páginas de gacetas en la web, convertimos archivos de microfilm a digital, tengo un programador que escribe en jerigonza todo lo que hacemos y vamos a lanzar al aire en la web él lo convierte en lenguaje que entienden las computadoras.

En el Facebook tiramos anzuelos, tenemos  más de 50 mil seguidores a los que les contamos cuentecitos históricos, les sugerimos libros y si quieren conocer más entran a los enlaces que les remitimos.

Así que la mayor parte de mi vida la paso aquí, en esta oficina, además de compartirla con mis hijos, nuera, nietos y bisnietos.

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