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Con un peso de 160 libras y acercándose al medio siglo de vida, Rosa Larios comenzó a notar que algo estaba pasando con su salud. En un primer momento descubrió que se cansaba más rápidamente al hacer cualquier actividad física, aunque esta fuese parte de su rutina diaria en casa. También en ocasiones experimentaba dolores en la planta de los pies o en sus articulaciones.

Luego de acudir a una consulta médica y practicarse unos exámenes, Larios descubrió que la razón por la que estaba experimentando esos dolores era su sobrepeso, que había provocado que el nivel de colesterol en su sangre se elevara. La recomendación del médico fue iniciar a hacer más actividad física y cambiar sus hábitos alimenticios.

La primera opción que Larios decidió aplicar fue salir a caminar, pero los cambios en su condición física eran lentos. “Fue en una de esas caminatas que descubrí un lugar donde enseñan aeróbicos cerca de mi casa y es lo que empecé a practicar hace dos años”, cuenta Larios, quien señala que gracias a este tipo de rutina y recomendaciones alimenticias ha logrado perder 24 libras.

Neri Olivas, médico internista, explica que el sobrepeso y la obesidad provocan además de desorden alimenticio, problemas en el estómago como gastritis, así como problemas en el hígado. “La obesidad también va a incidir en el endurecimiento de las arterias, la hipertensión, el cáncer de colon, cáncer de próstata en el hombre y el cáncer de mama en las mujeres que está relacionado con la obesidad. Además hay desnutrición, la persona no rinde en el trabajo y tiene problemas de concentración y para dormir”, refirió Olivas.

Batallando contra las calorías sin arriesgarse

Para el entrenador personal Wilbert Zapata, lo platicado por Larios suele ocurrir en raras ocasiones, debido a que un error muy común que suele cometer una persona cuando desea perderpeso es inscribirse en un gimnasio donde suele realizar ejercicios que no necesariamente son los más adecuados para su condición física, y tampoco suelen tomar en cuenta que también deben modificar sus hábitos alimenticios, que es a fin de cuentas la clave del éxito.

El especialista explica que existen distintos tipos de afectaciones físicas, tales como sobrepeso, obesidad y obesidad mórbida, y es basado en estas que deben estructurarse rutinas de entrenamiento y de alimentación para que la persona pueda ver resultados a mediano y largo plazo en su acondicionamiento físico.

“La gente tiene un concepto errado. En cuanto vemos a una persona con sobrepeso, lo primero que la ponemos a hacer son ejercicios aislados, en máquinas del gimnasio, cuando lo correcto debería ser entrenar a esa persona con ejercicios funcionales multiarticulares que por su involucramiento en cuanto a musculaturas, huesos y articulaciones son más seguros y eficientes en cuanto a la ejecución”, explica Zapata.

Agrega que este tipo de ejercicios “tienen los patrones universales de activación motriz, como por ejemplo caminar, hacer una sentadilla, saltar, hacer unas pechadas”.

Por su parte Darling Tellería, instructora de ritmos latinos y aeróbicos, señala que en el caso de las personas obesas, siempre lo más recomendable es iniciar con ejercicios de baja intensidad y que puedan ser realizados fácilmente tales como sentadillas, caminar y conforme se vaya desarrollando resistencia, aventurarse a hacer otro tipo de ejercicios cardiovasculares, tales como correr, montar la bicicleta o aeróbicos.

“En un gimnasio lo que suele pasar es que los entrenadores te cargan de pesas y entonces en lugar de quemar grasa, lo que haces es aumentar de masa corporal”, señala Tellería.

Ambos especialistas coinciden en señalar que la persona no debe procurar apostar por un cambio radical en corto tiempo, ya que estos no son beneficiosos para la salud. Lo prudente es efectuar una rutina de ejercicios bajo asesoría y combinarlos con una dieta adaptada a sus requerimientos.

Ideando la ingesta correcta

Rosmy Asencio, máster en Nutrición, explica que otro aspecto que debe tomar en cuenta una persona que decide iniciar una rutina de ejercicios para perder peso es la modificación de sus hábitos alimenticios a través de un plan de alimentación.

Al respecto Asencio afirma que la estructuración de dicho plan debe tomar en cuenta elementos tales como la capacidad física del individuo, fisionomía, capacidad pulmonar y estado de salud.

“Después hay que evaluar la composición de su cuerpo ¿cuánta grasa tiene? ¿está bien hidratado? Porque si no toma agua y después se va a entrenar lo que puede ocasionarle es un desequilibrio de los electrolitos que tienen sodio y terminan con calambres musculares y problemas cardíacos porque el corazón también es un músculo, entonces en lugar de hacer algo beneficioso va a comprometer su salud”, señala Asencio.

La especialista explica que una dieta correctamente estructurada incluye frutas, vegetales, legumbres, frutos secos y granos integrales, sin dejar de consumir, aunque en menor cantidad, proteínas, carbohidratos y grasas.

“Lo que tiene que hacer el nutricionista es explicar que para todo alimento existe un sustituto que es mucho más sano, no hay que dejar de comer pan ni arroz, sino que consumirlo en las versiones más saludables que serían las partes integrales, y si por costumbre se les hace difícil, pues al menos cambiar el método de preparación de estos”, explica Asencio.

De acuerdo con la nutricionista, no se debe caer en el error de definir un número general de consumo calórico, sino que este debe ser definido con base a los parámetros individuales antes señalados.

49% de personas con sobrepeso

Según el informe “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe 2016”, publicado en enero de este año por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cerca del 58% de los habitantes de la región vive con sobrepeso (360 millones de personas). En el caso concreto de Nicaragua, el porcentaje de personas con sobrepeso alcanza 49.4%, cuya población según estimaciones del Instituto Nicaragüense de Desarrollo
(Inide) está calculada en 6.3 millones de habitantes.

En este sentido, Neri Olivas, médico internista manifestó que existe el fenómeno que en los países pobres hay más obesidad que en los países desarrollados, así como una mala información en cuanto a la alimentación. Olivas refiere que por la mala educación alimentaria se come lo que es más fácil de conseguir, “por lo general son los carbohidratos y estos
sacian el hambre, entonces no se busca la proteína. El problema es que los carbohidratos se transforman en grasa en el hígado”, dijo

La nutricionista Cecilia Castro menciona que el alto consumo de carbohidratos, frituras, gaseosas y productos procesados provocan el aumento acelerado del peso. Además señaló que algunas personas combinan a veces tres tipos de carbohidratos para sentir su estómago lleno, lo cual eleva los niveles de insulina.

“Cuando la insulina está elevada, tu hambre aumenta. Entonces se hace un círculo vicioso, a más carbohidrato, más se estimula el mecanismo del hambre y tu estómago se va agrandando; así como el querer comer ese tipo de alimentos. Por ejemplo, un guiso de pipián, decimos que no te satisface, no te llena y se va haciendo esa necesidad por los carbohidratos, por los dulces o harinas muy refinadas”, afirmó Castro

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