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Devotos acuden a Lavada de la Plata

Foto por: Carol Munguía

Creyentes de la virgen del trono.

Desde temprano los promesantes comenzaron a desfilar por la nave principal de la iglesia para entrar de rodillas hasta donde la Virgen tiene su trono.

Devotos de la Virgen María que viven dentro y fuera del país se juntaron ayer en el municipio de El Viejo, Chinandega, para festejar el inicio de las festividades de la Purísima, con los actos de la Lavada de la Plata, en la Basílica Menor Nuestra Señora del Trono.

Desde temprano los promesantes comenzaron a desfilar por la nave principal de la iglesia para entrar de rodillas hasta donde la Virgen tiene su trono.

Todas las historias se reducen a los favores de la imagen centenaria. El atractivo de ayer fue la llegada de devotos hondureños, que ingresaron al templo con la bandera de su país y se mezclaron con peregrinos de Masaya, Managua, Matagalpa y Chinandega.

El cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, el obispo de León, Bosco Vivas, y una treintena de sacerdotes realizaron la eucaristía y posteriormente junto al pueblo mariano la tradicional bajada de la imagen.

“No permitas que hagamos el mal, aleja de nosotros la tentación de la violencia, que por amor a nuestra madre celestial construyamos un país de paz, justicia y amor”, exhortó monseñor Vivas en su homilía.

Exportaron devoción

La fiesta de la Purísima transciende las fronteras. Los hondureños cantaban las alabanzas marianas y vitoreaban con los nacionales el grito de ¿Quién causa tanta alegría?

“Estoy casada con un hondureño. Allá hago mi altar el 7 de diciembre. Venimos 30 en un microbús porque les cuento a mis hijos y vecinos de la fiesta de la Lavada de la plata y quisimos venir para festejar con todos, la bendición de tenerla entre nosotros”, dijo Katia Nicaragua, quien participó en la bendición del agua con la corona recién separada de la cabeza de la Virgen del Trono.

El grupo de vecinos del norte fueron a pulir objetos de plata. “Nunca había participado. Veo mucha devoción entre los que lo hacen.  Los incenciarios y ánforas están quedando limpios y siento gozo de estar aquí en El Viejo”, expresó María del Socorro Pérez, de nacionalidad hondureña.

La ciudadanía de El Viejo fue buena anfitriona. Grupos de familias se unieron para preparar bebidas nacionales, como el tiste con cosa de horno, para dar a los sedientos peregrinos. Otros fueron conducidos a los toldos para que reunidos en familia pudieran disfrutar de los alimentos preparados para la ocasión.