21 de enero de 2008 | 21:15:00


Posesivos, vengativos, crueles
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Eric y Megan con perfil de criminales

LÉSBER QUINTERO Y JOSÉ ADÁN SILVA | País



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Septiembre 2006, San Juan del Sur, Rivas. Una tarde lluviosa, madre e hija fueron al mercado como pocas veces solían hacerlo, ya que vivían separadas por la independencia de la joven. Doris Ivania iba a buscar unas telas para el diseño de vestidos de verano para la temporada de 2007, los cuales pondría a la venta en su tienda Sol Fashion, y ella, su madre, iba a comprar unas verduras para la cena.

En esas iban cuando la muchacha vio a alguien en la calle, se puso nerviosa, jaló a su madre del brazo y se metió rápido a una tienda de puertas abiertas que no tenía nada que ver con las telas ni con los alimentos.

¿Qué pasó?, le preguntó Mercedes Alvarado, su madre, y la muchacha, espiando por la puerta hacia una esquina, respondió ya más sosegada: “Ahí va Eric, si me ve, seguro me va a venir a reclamar”.

¿Y por qué te va a reclamar ese jodido?, preguntó la señora, y la joven, apenada, respondió: “Es que es muy celoso, va a creer que me ando viendo con alguien”.


Perseguida, celada y amenazada
Doris Ivania Jiménez Alvarado hablaba del norteamericano Eric Volz, su antiguo novio, con quien rompió después de una relación de más de un año.

La joven murió dos meses después de aquel incidente, el 21 de noviembre de 2006. Su muerte fue atroz: violada múltiples veces y luego asfixiada con trapos.

Volz fue detenido y acusado junto a Julio Martín Chamorro y condenado a 30 años de prisión, luego fue absuelto por una sentencia del Tribunal de Apelaciones de Granada, y salió libre del país gracias a una deportación oficiosa de Migración y Extranjería en diciembre pasado.

Antes y durante el juicio, dos amigas de Doris Ivania --Helen Ortiz López y Gabriela Vanesa Sobalvarro-- atestiguaron que Volz celaba, asediaba, perseguía y amenazaba a la muchacha si ella tomaba la decisión de dejarlo.

Gabriela, incluso, confesó que su amiga Doris le enseñó mensajes y correos donde Volz la amenazaba de muerte si comprobaba que ella le estaba siendo infiel.


Su belleza le fue fatal
Él creía que su novia andaba con otra persona, y por eso, al momento del asesinato de Doris, quien por su belleza era muy cortejada en el pueblo, fue acusado como sospechoso de un crimen “pasional”.

Doris y Eric Volz vivieron algunos meses en un apartamento alquilado en las cercanías al Instituto “Emmanuel Mongalo”.

Se conocieron cuando ella era mesera del restaurante Roca Mar, y él agente corredor de bienes raíces de la firma Century 21.

“Doris era una muchacha muy guapa, muy inteligente, y era perseguida por muchos hombres, y hay mucha gente que me envidiaba cuando yo andaba con ella”, dijo de ella Volz, ya sentenciado, cuando se defendía ante los medios de comunicación de Nicaragua.

“Mi hija me dijo días antes de su muerte que ya no quería a Volz porque él era muy posesivo, quería controlarla en todo momento, le reclamaba por todo y le decía muchas cosas obscenas, que tenía hombres por todos lados, como si mi hija fuera puta”, dice la señora, quien recuerda una vez que su hija le llamó para decirle que Volz le había llegado a tirar su ropa frente a un hotel donde ella estaba exhibiendo una ropa de verano.


Nadie teme por gusto
Cuenta la madre de Doris que su hija, incluso, una noche llegó llorando a la casa, a esconderse unas horas, porque según dijo, Eric la andaba siguiendo.

“Yo nunca vi que él le pegara, pero ella le tenía miedo y por algo debió haber sido. Ninguna mujer le teme a un hombre por gusto”, razona la señora, quien ahora, viendo la situación en perspectiva, no tiene ninguna duda de que la personalidad de Volz era extremamente dual.

“Al inicio mi hija estaba bien entusiasmada con él, pero luego, poco a poco, se fue desencantando, porque a Volz no le gustaba dar explicaciones, se iba, la dejaba sola, después llegaba reclamando, siempre la acusaba de estarlo traicionando, y después de ofenderla llegaba llorando a pedirle perdón. Ella misma me contó eso y también se lo contaba a sus amigas”, dice la señora, a propósito de la reciente publicación de un reportaje sobre la hermana menor de Volz, Megan Joy Volz.

El periódico Nashville Scene publicó el pasado 17 de enero un reportaje sobre la hermana menor de Volz, Megan, de 24 años, a quien describen como “abusiva, vengativa y colérica” contra su novio y su cuñado, dos inmigrantes uruguayos, a quienes agredió y luego denunció para deportarlos. Todo porque su ex novio ya no la quería por “posesiva” y “violenta”.


Llantos sobre el féretro
“Leyendo lo que le está pasando a esos muchachos (los uruguayos), no me extraña que el comportamiento de Eric Volz sea igual de violento. Ellos vienen de una sociedad violenta y al parecer de una familia inestable emocionalmente”, analiza Mercedes Alvarado, quien se sorprendió de saber que Volz tenía una hermana: “Aquí siempre dijo que era hijo único”.


Un hombre enfermo
Elena Alvarado Lanzas, tía de la joven asesinada, recuerda que Volz al inicio de la relación parecía un muchacho tranquilo y afable, pero que después, con lo que su sobrina le contaba, le fue pareciendo un hombre enfermo.

“Ella me contó que él la celaba demasiado, y que la acosaba tanto, que cuando se peleaban él llegaba a medianoche a sacarla de la casa, se la llevaba a la fuerza, y amenazaba con suicidarse o con matarla a ella”, dice doña Elena, quien asegura que nunca olvidará que el día del velorio de Doris, Eric Volz se presentó a ver los restos de su ex novia.

“Estuvo llorando sobre el ataúd, llevó flores, se lamentó, abrazó a la familia y al final, antes de irse a descansar, me pasó diciendo: Yo la quería mucho y usted sabe que nunca le haría daño, ¿quién cree usted que la mató? Para mí él ya sabía que todos sospechábamos que él la había matado, o al menos mandarla a matar y presenciar con sadismo las violaciones y asesinato”, recuerda Elena.


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