21 de julio de 2010


Droga como opción de vida, y peligro les cambien palos por fusiles, dice Ieepp
| END

Caribe puede incendiarse


* Narcos tienen la capacidad de proveer en un día lo que el Estado les ha negado toda una vida
* Walpasiksa fue una campanada que no se escuchó en el gobierno
* “La pesca blanca”, y hasta disputa entre comunidades sobre cuál es mejor base social para narcotraficantes

JOSÉ ADÁN SILVA | Nacionales

Si una mujer toma un palo para ir a tratar de quitarle la droga capturada a un militar armado, ¿de qué sería capaz esa misma persona si en vez de un garrote los narcos le proveyeran una ametralladora? “De cualquier cosa”, reflexiona Roberto Orozco, el experto en temas de seguridad del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), en relación con los sucesos de Tasbapauni.

Esta semana la Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua capturó una lancha con 2.7 toneladas de cocaína en la costa de una comunidad indígena de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS).

En el operativo, los militares denunciaron que varias decenas de pobladores de las comunidades adyacentes se acercaron en actitud hostil, armados de palos, machetes y palas, a reclamar la droga y a exigir el retiro de las Fuerzas Armadas. El Ejército incrementó la seguridad, tomó posiciones y persuadió a la gente a no acercarse al área.

Para Orozco, esta situación incrementa el peligro de que ocurra en cualquier momento un incidente similar al de Walpasiksa (RAAN), en 2009. El ocho de diciembre del año pasado un grupo de unos 40 comunitarios de esa comunidad de la etnia miskita emboscaron a varias patrullas de la Fuerza Naval y de la Policía Nacional, que seguían la pista de una avioneta cargada de drogas y dólares que había aterrizado en la comunidad. Tres militares murieron y varios resultaron heridos.

Narco ha formado base social
“Lo que acaba de pasar en Tasbapauni es básicamente una prueba de que el narcotráfico tiene una base social fuerte, no es general, pero hay mucha evidencia de que han penetrado y contaminado la forma de pensar de los comunitarios, que en sus condiciones de pobres y alejados, son vulnerables ante la capacidad económica de los narcos de comprar lealtades”, dijo Orozco.

“Lo que llama la atención del caso es que tiene patrones de comportamiento similares a los de Walpasiksa, sólo que aquí no tenían armas de fuego, pese a que se les vio con palas, machetes y garrotes reclamando la droga capturada a los narcos”, dijo el especialista, para quien el accionar de los indígenas es un acto de defensa a una nueva forma de vida.

Su fuente de ingresos: Pesca Blanca
“Sobre esto yo quiero advertir que no veo a los comunitarios defendiendo a los narcos o a la droga desde el perfil de sicarios contratados para esos fines, sino que veo a gente necesitada defendiendo una fuente de ingresos”, observó.

“Porque ellos (los nativos) se encargan de regresar al circuito internacional de los cárteles la droga lo que los traficantes pierden en la ruta al norte. La cocaína que los narcos van dejando, ellos la van buscando en las costas, hacen labores de acopio, de custodia y de entrega, y según nosotros averiguamos en la zona, en investigaciones, los narcos pagan desde 25 dólares por cada kilo recuperado, es decir, si alguien recupera 100 kilos, son 2,500 dólares de ingresos. Es lo que se llama ‘Pesca Blanca’”, explicó.

“Esa cantidad de dinero, equivalente a 53,750 córdobas en un solo día, significan los ingresos de toda una vida para esas personas, que en esas comunidades subsisten de la pesca y la agricultura, y que no tiene respaldo ni apoyo del gobierno central”, expresó el experto, autor de una reciente investigación titulada “Criminalidad organizada en Panamá, Costa Rica y Nicaragua: una aproximación a la problemática en las comunidades de frontera y el Caribe”.

Comunidades compiten
“Eso crea una visión distinta del narcotráfico entre las comunidades costeras, que llegan al extremo de organizarse para competir con otras comunidades, para ver quién brinda mejores condiciones de apoyo logístico a los narcos”, denunció Orozco.

“Mientras la visión del Estado, en su combate contra el crimen organizado es que los narcos son una amenaza a la seguridad nacional, a la estabilidad social de una nación, para los indígenas de esas regiones los narcos no son los malos de la película, son los salvadores de sus pobrezas”, analizó el investigador, quien ve difícil que el Estado pueda proveer de recursos a los indígenas, del modo que lo hacen los miembros del crimen organizado.

“En ese sentido, los locales que brindan ese respaldo a los traficantes, legitiman con sus acciones las labores de los narcos, ya que se benefician del poder económico de los cárteles, que le dan en una sola operación lo que el Estado no les ha dado nunca en la historia”, apuntó.

Armas para sus negocios
Para él, la situación “es grave”. “Es una campanada de alerta de que Walpasiksa, en cualquier momento, se puede repetir, no es remoto que las armas vengan de Honduras y el dinero del Sur para organizar bases de apoyo armadas y dispuestas a defender sus negocios”, advirtió.

Y lo peor del caso, según Orozco, es que el Estado sigue estando ausente y alejado de las necesidades de las comunidades indígenas, y que mientras los narcos llegan repartiendo fajos de dólares, en los territorios costeros no hay opciones de vida que provengan del gobierno central.
imprimir comentar
Compartir:
  • Google Bookmarks
  • Menéame
  • Fresqui
  • Del.icio.us
  • Facebook
  • Twitter
  • MySpace

Otras noticias en Nacionales


Lo más popular

Su comentario ha sido recibido. Nuestro personal lo revisara y determinara si es adecuado publicar su contenido.

Kilómetro 4 Carretera Norte. Managua, Nicaragua   web@elnuevodiario.com.ni

Teléfono: (505) 2249-0499 | PBX/Fax: (505) 2249-0700

GüeGüe - Desarrollo y hospedaje web