Raúl Obregón
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Hay quienes dicen que el principal caldo de cultivo de la violencia es la pobreza, y la falta de preparación académica. Expertos en psicología proponen que la violencia tiene componentes: cognoscitivos, afectivos y conductuales.
Cognoscitivos, porque la persona que practica violencia por lo general tiene creencias y actitudes negativas sobre y hacia otras personas; afectivos, porque en dicha práctica se expresan varios estados emocionales, como ira, rencor, o desprecio; desembocando en el componente conductual que es agresión, sea física, verbal, psicológica, o económica.
La violencia es inherente a la condición del ser humano, es multicausal, por lo tanto, no es privativa de quienes carecen de falta de recursos económicos y/o  falta de preparación académica.
Como cristiano, a la propuesta de los psicólogos agregaría el componente espiritual, para afirmar que la violencia en cualquiera de sus formas es una manifestación conductual producto de enfermedades del alma (cognoscitivas y afectivas) que tienen raíces espirituales.
La Biblia hace referencia a la existencia de dos reinos en este planeta, el reino del mundo, y el reino de Dios. La violencia es milenaria, en la carta a los Gálatas (Cap. 5 del 19 al 23) el apóstol Pablo expresa que los seres humanos que viven y pertenecen al reino del mundo, están expuestos a los frutos de la carne, entre los cuales se pueden mencionar la ira, la contienda y la violencia. Por el contrario, los ciudadanos del reino de Dios, están expuestos a los frutos del espíritu: amor, gozo, paz, gratitud, fe, esperanza, paciencia, “mansedumbre”, dominio propio.
Una persona cuyas conductas son guiadas por los frutos del espíritu, es una persona que tiene emociones, las administra, las controla y las canaliza hacia la dirección, el momento y el propósito correcto.
Emigrar del reino del mundo hacia el reino de Dios requiere nacer de nuevo, ello  tiene que ver con renovación de creencias aparejada de transformación de conductas. En Romanos 10:17 y en 2da. de Corintios 5:17 está la clave de ese nuevo nacimiento. En el primer pasaje la Biblia, constitución del Reino de Dios dice: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le resucitó de los muertos, serás salvo” y el segundo pasaje dice: “De modo que si estás en Cristo, nueva criatura eres, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
El nuevo nacimiento marca un antes y un después en la vida de quienes confiesan que Jesús es el Señor. A partir de ese momento el Señor a través de su Espíritu Santo vive en el corazón de quien se dispone a aceptarle, iniciándose ese proceso de transformación que lleva a la persona a superar conductas que eran guiadas por los frutos de la carne, como la ira, la contienda, el odio, la violencia.
Amiga, amigo, le invito a tomarse de la mano de Jesús, Él puede poner amor, paz y mansedumbre en nuestros corazones. Él le dará ciudadanía del reino de Dios, solo crea, ahí donde está dígale: Jesús mío yo le acepto como Señor y Salvador de mi vida, quiero recibir esa ciudadanía y ese nuevo nacimiento, ayúdeme a librarme de toda conducta de violencia.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com.

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