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En la Managua preterremoto existía una entidad financiera que utilizaba el eslogan “con calor humano” para atraer clientes a su negocio.  Este lema, según me comentó un amigo publicista de la época que ya no está entre nosotros, pretendía transmitir el mensaje que en dicha institución los clientes, activos y potenciales, obtendrían una atención de calidad, serían atendidos con respeto, afectividad y especialmente serían escuchados sus problemas y necesidades, y probablemente saldrían de allí con una solución, es decir, que proponían una atención basada en valores que son de alta importancia para las relaciones interpersonales positivas.

Pareciera que en estos tiempos modernos,  en todos los ámbitos, el calor humano va en franco retroceso ante el avance arrollador de la tecnología.

En días recientes tuve la oportunidad de visitar un restaurante en donde se encontraba una cantidad considerable de comensales, y me llamó poderosamente la atención que en la mayoría de las mesas había al menos una persona abstraída(s) en su equipo móvil,  completamente ajena(s) y alejada(s) de la(s) otra(s) persona(s) que le acompañaban en la mesa.  Incluso, algunas mesas eran ocupadas por dos personas, sin embargo, cada una de ellas estaba concentrada en su móvil ignorando al o la acompañante, es decir, ausencia de calor humano.

Tengo un nieto adolescente que solamente cuando está en el aula de clases, o jugando con sus amigos, o dormido, no utiliza el equipo móvil, el resto del tiempo  pasa “conectado”. Un día de estos le pregunté por qué desperdiciar el tiempo de esa manera, su respuesta fue aleccionadora. Él me dijo que de esa manera mantenía cercanía permanente con sus pares, quienes le ponían atención, lo trataban con afecto, con respeto y sobre todo le escuchaban. Por el contrario, me decía, con Uds., refiriéndose a padres, hermano mayor y abuelos, no me dejan ser lo que quiero ser, me quieren manejar en todo; son prejuiciosos, mira lo que me acabas de decir, que estoy desperdiciando mi tiempo y, sobre todo, no saben escuchar. Me estaba enrostrando que no encuentra calor humano en nosotros.

Leí en El Nuevo Diario un artículo que se refiere a una “amiga virtual” de millones de jóvenes chinos, llamada Xiaoice, quien les atrae “por su agudo sentido del humor y su habilidad para escuchar”. Todo indica que independiente de razas o continentes, adolescentes y jóvenes demandan  calor humano y, particularmente, ser escuchados.

Dios nos manda a escuchar, Él es un oidor por excelencia y da el ejemplo. La Biblia se refiere 174 veces a este aspecto. Por ejemplo, en el Salmo 17:6 dice: “Yo te he invocado por cuanto Tú me oirás”; Salmo 34:4: “Busqué al Señor y él me oyó”; Salmo 34:17: “Claman los justos y el Señor oye”; Proverbios: 18:13 “Al que responde palabras antes de oír, le es fatuidad y oprobio”; etc…

Amigas y amigos, rechacemos toda tendencia a menospreciar la inteligencia de los demás;  a juzgar; a dejarnos llevar por prejuicios; a pretender adivinar lo que nos quieren decir e impedir que la otra persona se exprese. Practiquemos actitudes que propicien y fomenten atención de calidad, respeto, escucha activa y calor humano en nuestras relaciones interpersonales, más aún cuando de miembros de nuestro círculo familiar y amistades se trata.

  • Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com .
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