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El cementerio San Pedro, declarado patrimonio histórico de la nación en 2003 y donde descansan los restos del expresidente José Santos Zelaya y de personajes históricos como el maestro Gabriel Morales y los combatientes de la Batalla de San Jacinto, se encuentra en el olvido. Delincuentes que habitan en los barrios cercanos lo usan como guarida, mientras que jóvenes adictos lo ensucian.

“Aquí nadie viene. Ni el día de los muertos”, dice Reynaldo Baltodano, quien tiene trece meses de trabajar como vigilante en el cementerio.

Ubicado al suroeste de Managua y rodeado por el barrio Bóer, este camposanto mide aproximadamente500 metros, 300 de largo y 200 de ancho. Durante la gestión del exalcalde HertyLewites se remozó el cementerio, se compusieron las tumbas e instalaron rótulos explicativos. 

Dejó de ser usado en 1922 y su estructura no solo ha sido dañada por las personas sino también por fenómenos de la naturaleza, como el terremoto ocurrido en marzo de 1931, que derribó la ermita de San Pedro y los monumentos más sobresalientes del lugar.

Las bóvedas, cruces, ángeles, bustos, monumentos y lápidas están resquebrajadas. El sol, el agua y el viento han dañado lo que en sus mejores tiempos fue muestra de  la influencia del arte neoclásico europeo en el país.

Algunas de las personalidades enterradas allí son el expresidente de Nicaragua, José Santos Zelaya  (1853-1919), quien llegó al poder en 1893. Pese a haber fallecido en Nueva York, Estados Unidos, su cuerpo fue trasladado y enterrado en el mausoleo que más sobresale en el cementerio. Comparte la bóveda con su padre, Francisco Zelaya. 

Una estatua de tres metros figura en la entrada principal del cementerio San Pedro. Es la del maestro Gabriel Morales (1819-1888), precursor de la educación popular y gratuita en Managua y quien impulsó la educación mixta. En sus funerales se concentró tanta multitud que sus restos llegaron al cementerio San Pedro al anochecer.

También se encuentra la tumba de Salomón Ibarra Mayorga(1890-1985), autor del Himno Nacional de Nicaragua y de su esposa Angelina Mejía de Ibarra (1899-1987). En frente de esta cripta se encuentra la del compositor Tino López Guerra(1906-1967).

Tumba olvidadaEsta es la tumba de Enrique E. Gottel. Alejandro Sánchez / END

El año pasado, cuando se cumplió el primer centenario de la muerte de Zacarías Guerra, entre tanto monte pudieron identificar su tumba. 

José Zacarías Guerra (1859-1914) fue un ciudadano acaudalado. Al fallecer dejó todos sus bienes para que se construyera un hospicio para niños huérfanos. En la actualidad el Hogar Zacarías Guerra alberga a niños con problemas sociales. 

“Después del terremoto de 1972 su tumba se perdió y permaneció en el olvido, pues no había sido identificaba”, recuerda el escritor Juan Bautista Lara, quien escribió “Manantial”, novela que recrea lo que pudo haber sido la vida de Zacarías Guerra.

Ocurrió un hecho sorprendente —cuenta Bautista Lara—“en ocasión del centenario de su muerte, en la visita que niños, educadores y el director del centro realizaron, este último, el padre Eliécer Valladares, repentinamente identificó una lápida con las iniciales J.Z.G., confirmándose después que esa era la tumba”.

En el cementerio San Pedro también están enterrados los precursores del periodismo en Nicaragua, Enrique E. Gottel(1831-1875), inmigrante alemán y director de El Porvenir, y Fabio Carnevalini Cagliero(1829-1896), periodista, orador, político y uno de los personajes con mayor protagonismo a fines del siglo XIX.

Los combatientes y héroes de la Batalla de San Jacinto, generales Miguel Vélez Morazán, Vicente Vigil Bermúdez, Andrés Zamora y Francisco de Dios Avilés, descansan en el San Pedro. Sus restos se encuentran en tumbas separadas, tienen lápidas de cemento en las que se hace referencia a su coraje y valentía “en la defensa de su pueblo”. En estas sobresale el monte y la basura. 

Allí mismo reposa Irineo Estrada Morales, quien fue el primer alcalde de Managua que estuvo en ese cargo teniendo 20 años.

Inicios del San Pedro

En 1862, siendo presidente el general Tomás Martínez, se llevó a efecto un acuerdo con la Iglesia católica para construir un cementerio en Managua, ya que existía la necesidad de muchas personas por preservar los restos de los difuntos en una determinada área de la ciudad. 

Antes de esto los cadáveres de las personas más cercanas a la Iglesia, entre ellas políticos, religiosos y adinerados, se inhumaban en los templos y el resto de ciudadanos se enterraban en los patios de sus casas.

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